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| Poemas de Pedro Salinas |
Poemas de Pedro Salinas
1¡Si me llamaras, si,
Si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría,
los precios, los catálogos,
el azul del océano,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puedes venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-si me llamaras, sí si me llamaras-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
2
¿Por qué tienes nombre tú,
día miércoles?
¿Por qué tienes nombre tú,
tiempo, otoño?
Alegría, pena siempre
¿por qué tenéis nombre, amor?
Si tú no tuvieras nombre,
yo no sabría que era,
ni cómo, ni cuándo. Nada.
¿Sabe el mar cómo se llama,
que es el mar? ¿Saben los vientos
sus apellidos, del Sur
y del Norte, por encima
del puro viento que son?
Si tú no tuvieras nombre,
todo sería primero,
inicial, todo inventado
por mí,
intacto hasta el beso mío.
Gozo, amor, delicia lenta
de gozar, de amar, sin nombre.
Nombre, qué puñal clavado
en medio de un pecho cándido
que sería nuestro para siempre
si no fuese por su nombre!
3.
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos,
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
Irreductible, tú.
Se que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
solo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
“Yo te quiero, soy yo”.
4
La luz lo malo que tiene
es que no viene de ti.
Es que viene de los soles,
de los ríos, de la oliva.
Quiero más tu oscuridad.
La alegría
no es nunca la misma mano
la que me la da. Hoy es una,
otra mañana, otro ayer.
Pero jamás es la tuya.
Por eso siempre te tomo
la pena, lo que me das.
Los besos los traen los hilos
del telégrafo, los roces
con noches densas,
los labios del porvenir.
Y vienen, de dónde vienen.
Yo no me siento besar.
Y por eso no lo quiero,
ni se lo quiero deber
no sé a quién.
A ti debértelo todo
querría yo.
¡Qué hermoso el mundo, qué entero
su todo, besos y luces,
y gozo,
viniese solo de ti!
5
Lo que eres
me distrae de lo que dices.
Lanzas palabras veloces,
empavesadas de risas,
invitándome
a ir adonde ellas me lleven.
No te atiendo, no las sigo:
estoy mirando los labios donde nacieron.
Miras de pronto a lo lejos.
Clavas la mirada allí,
no sé en qué, y se te dispara
a buscarlo ya tu alma
afilada de saeta.
Yo no miro adonde miras:
yo te estoy viendo mirar.
Y cuando deseas algo
no pienso en lo que tú quieres,
ni lo envidio: es lo de menos.
Lo quieres hoy, lo deseas,
mañana lo olvidarás
por una querencia nueva.
No. Te espero más allá
de los fines y los términos.
En lo que no ha de pasar
me quedo, en el puro acto
de tu deseo, queriéndote.
Y no quiero ya otra cosa
más que verte a ti querer.
