jueves, mayo 07, 2026

Reino escondido por Carlos Barral

 Reino escondido por Carlos Barral 


Reino escondido por Carlos Barral


"No puedo recordar
por qué escogí aquel reino de ladrillo.
¿Por qué el rincón tan húmedo, la esquina
verde del corredor?
Sólo el terror pasaba, a veces
la insolente figura devorada
casi enseguida por la luz.
Estuve solo siempre, al menos
que yo recuerde. Cuando entró
me pareció descalza,
alta la piel desnuda en la agitada penumbra.

Los aires hasta arriba
se tiñeron de ella, y todo olía
a nocturno animal;
yo mismo era su olor, yo mismo
casi como su espuma.

Ya no volvió a pasar.
Quedó su cuerpo en mí, la certidumbre
por debajo de todos los vestidos.

Quebró las horas del no hacer,
sembró de miedo el mundo
instrumental y blanco, entre temores".


viernes, enero 02, 2026

Preámbulo a La casa de cartón de Martín Adán por Marco Martos


Preámbulo a La casa de cartón de Martín Adán por Marco Martos


Preámbulo a La casa de cartón de Martín Adán por Marco Martos

En 1921, Rafael de la Fuente Benavides tenía trece años y era un adolescente que iba y venía en tranvía entre el balneario de Barranco y el centro de Lima, para asistir a sus clases del colegio Alemán, institución en la que era condiscípulo de Estuardo Núñez y de Emilio Adolfo Westphalen. Era tiempo de celebraciones, el presidente de la República Augusto B. Leguía quería que la conmemoración del centenario de la independencia fuese de mucho relieve y con fastos correspondientes y la Plaza dedicada al libertador José de San Martín, necesitaba algo que honrase también a Simón Bolívar, el otro prócer, pero ambos militares y políticos no podían aparecer exactamente en el mismo espacio y se decidió entonces construir el Hotel Bolívar. Pero el tiempo resultó escaso y no hubo forma de terminar la magnífica construcción que se planeaba. Fue entonces que surgió la idea de hacer de inmediato un edificio de solo dos pisos de cartón. “La casa de cartón” le llamaban los viandantes. Para comprobar la veracidad de lo que se cuenta, basta leer las crónicas de la época y recordar que José Carlos Mariátegui conoció la mentada casa que sirvió como lugar de exposiciones y que se lo refería a su hijo mayor Sandro Mariátegui, quien nació en Roma en 1922 y que solamente alcanzó a imaginarla.
Preámbulo a La casa de cartón de Martín Adán por Marco Martos

 
Ocho años más tarde, en el colofón al libro de Martín Adán La casa de cartón, José Carlos Mariátegui escribiría:
 
De la publicación de este libro soy un poco responsable, pero como todas mis responsabilidades acepto y asumo éste sin reservas. Amanecida en una carpeta escolar, esta novela se asomó por primera vez al público desde las ventanas de Amauta. […] Martín Adán no es propiamente vanguardista, no es revolucionario, no es indigenista.
 
Es un personaje inventado por él mismo, de cuyo nacimiento he dado fe, pero de cuya existencia n tenemos todavía más pruebas que sus escritos. El autor de Ramón es posterior a su criatura, contra toda ley biológica y contra toda ley lógica de causa y efecto. Las cuartillas de la novela estaban escritas desde mucho tiempo antes de que la necesidad de darles un autor produjese esa conciliación entre el Génesis y Darwin que su nombre intenta. Constituían una literatura adolescente y clandestina, paradójicamente en el regazo idílico de la Acción Social de la juventud. Más aún, por humorismo, Martín Adán se dice reaccionario, clerical y civilista. Pero su herejía evidente, su escepticismo contumaz, lo contradicen. El reaccionario es siempre apasionado. El escepticismo es ahora demo-burgués, como fue aristocrático, cuando la burguesía era creyente y la aristocracia enciclopedista y volteriana. […]
 
Y en el prólogo al libro, Luis Alberto Sánchez estamparía, entre otras, estas palabras:
 
Martín Adán, con ser distinto a Rafael de la Fuente Benavides, tiene de semejante con él, el recato y su gesto modoso. De Proust aprendió quizá cierta delectación parsimoniosa en el describir, y de Joyce, un acento delator de sacristía. De la Fuente debió ser fraile. Me parece que alguna vez oí decir, cuando él era niño, que sentía la vocación eclesiástica. Felizmente la ironía, la lectura, y el cigarrillo, le abroncaron un tanto la voz aflautada y la vocación pastoral. […] Pero ni el cigarrillo ha podido borrar enteramente la actitud católica y modosa de Martín Adán. Sigue siendo un aristócrata, un clerical a medias, un tipo de Joyce, medio “Stephen Dédalus” aunque haga arte de vanguardia. […]
 
De la Fuente es la vanguardia, por su frescura de imágenes, por su dislocamiento, por su humorismo, por su deportismo en el estilo; pero este afán de hacer literatura y frases, acusa cierto decadentismo distante del ritmo ruberiano, pero, no por eso, menos decadente. Lo decadente es aristocrático siempre, pero hay un vanguardismo de lo decadente, y este es el que practica Martín Adán. […]
 
Hemos llegado a los noventa años de la publicación de ese libro magnífico y la percepción de su materia verbal ha ido cambiando con el tiempo. Lo que dijeron Mariátegui y Sánchez, de acuerdo a los cánones de la época, no hace sino relacionar el individuo creador con la obra escrita. Las afirmaciones del primero se centran en el seudónimo del autor, escogido para siempre, según ahora sabemos, y en los aspectos ideológicos que le interesaban al creador de la revista Amauta. Sánchez, por su lado, alcanza a advertir el carácter novedoso de la publicación, al mencionar el carácter vanguardista del texto: frescura de imágenes, dislocamiento, humorismo, pero, de acuerdo a la percepción que podemos tener hoy día, yerra al tratar al libro de decadente. La casa de cartón es un libro tan insólito en el panorama literario peruano, que se ha desprendido de esas primeras opiniones y se ofrece, como ocurre con todas las obras maestras, al mismo tiempo, cargado de las lecturas de miles de aficionados a la literatura, críticos silenciosos la mayoría o estudiosos que han ido dejando su punto de vista sobre el texto. Pero al mismo tiempo, el lector contemporáneo puede abrevar en estas páginas magníficas virginalmente, sin ninguna lectura previa, y llegar a la conclusión de que se trata de un libro inusitado, que no tiene antecedente en la literatura peruana y que al mismo tiempo no ha dejado un camino que otros escritores puedan o deseen continuar. 
 
Ya Luis Fernando Vidal, en 1971 (*) señaló que el único libro que puede compararse a La casa de cartón es Trilce de César Vallejo, aparecido en 1922. Naturalmente los textos se diferencian, mientras el de Vallejo es unánimemente considero un volumen de poesía, las ubicaciones de La casa de cartón dentro de la categoría de género son tantas que resulta interesante enumerarlas y luego comentarlas. Llamado “poema en prosa” por Sebastián Salazar Bondy y por Hubert Weller, Javier Sologuren dice que “no es unitariamente novela ni poema”; Mario Vargas Llosa sostiene que es “obra en prosa descriptiva” y Antonio Melis escribe que “escapa a los encasillamientos dentro de los géneros literarios codificados” y que “despedaza la barrera entre la prosa y el verso.” (**) Naturalmente cada uno de los críticos mencionados no explicita el soporte teórico que sostiene las afirmaciones que hace. Tradicionalmente la poesía tiene como vehículo exclusivo el verso, y el verso, a pesar de hacer variado tanto desde los griegos hasta nosotros, tiene en su esencia un ritmo regular, una intensidad de los acentos en cada línea que es previsible o imprevisible, y en este segundo caso, sin embargo, lo es, de acuerdo a la variación sobre un modelo conocido. De un modo primero, distinguimos a la poesía de la prosa por la utilización del verso. La ausencia del verso, convierte al texto en obra en prosa. Sin embargo, con el correr del tiempo, ha surgido la idea de que existen poemas en prosa, es decir poemas cuyo vehículo verbal no está escrito en verso. Un ejemplo que se suele citar son los Poemas en prosa de César Vallejo. Para llamar “poema” a una prosa, se apela a otra característica importante de la poesía: la concentración de significados, el decir más, con menos palabras ,y así ocurre efectivamente en ese libro de Vallejo, cada uno de los textos narra algo de manera muy intensa, es como un fogonazo que se enciende en la noche y luego desaparece en la oscuridad. Pero nada de esto ocurre en La casa de cartón. El libro, efectivamente está escrito en una prosa descriptiva, como sostiene Vargas Llosa, cuenta cosas, sucesos, como en las novelas cortas, pero los individuos que aparecen no tienen la consistencia de los personajes de las novelas que conocemos y apreciamos. Ramón, el más recordable, muere en medio del texto y su ausencia no modifica en nada las cuartillas que se escriben, que parecen ser más bien un trabajo fino del lenguaje en sí mismo, independientemente de la materia narrativa que es solo un pretexto para un despliegue magnífico de habilidades verbales. Martín Adán consigue desprender a sus propias palabras de aquello que narra y en el fondo es el único escritor en lengua española que ha hecho, como quería Flaubert, al lenguaje como único personaje protagonista. Y este libro profundiza en ese camino, más todavía que las ficciones francesas de la nueva novela: las de Alain Robbe-Grillet, Claude Simon, Michel Butor, Nathalie Sarraute, cuyos escritos aparecieron recién en los sesenta del siglo XX y que el tiempo ha desleído. Y ese es precisamente el cambio profundo que entraña La casa de cartón, y por eso es inimitable. En La náusea de Jean Paul Sartre, de 1938, aparece un narrador que está muy alejado de la materia que narra, por la que siente rechazo, y que efectivamente transforma esa basca que siente en un devolver los alimentos. Muy por el contrario en La casa de cartón hay en el centro de la materia narrativa, en ese autor implícito del que tanto se ha hablado, una indiferencia absoluta respecto de lo que se narra. El libro de Martín Adán cumple aquella propuesta que había hecho en 1916 Vicente Huidobro, quien pedía a los poetas que no cantasen a la rosa sino que la hicieron florecer en el poema.
 
La casa de cartón está concebida como una continuidad de 38 escenas, de lenguaje deslavazado y estructura aparentemente desordenada, de manera que el lector de novelas, o de cuentos, o de poemas, siente, desde el principio, que está ante un texto diferente a todos los que ha leído y al cerrar las tapas del libro, bien puede preguntarse sobre la materia tratada, porque el texto lo que hace es primer lugar es dinamitar nuestros hábitos de lectura y colocarnos frente a párrafos únicos y sorprendentes. Sin embargo, en las escenas mismas, como a veces lo ha hecho Mallarmé o nuestro Vallejo, hay algunas pistas sobre el procedimiento narrativo del libro. Así, en momento dice: “Una chicuela andrajosa ensarta en una piola carretes desnudos de hilo. Yo ensarto adjetivos de palo en la áspera y gruesa cuerda de una idea” y en otro pasaje dice:” En el agua, dentro del agua, las líneas se quiebran, y la superficie tiene a su merced las imágenes”. Los pasajes elegidos entre otros tantos de naturaleza similar tocan el fondo de la creación literaria de Martín Adán en La casa de cartón. En primer lugar, la comparación del autor con la chiquilla andrajosa que juega con las piola y los carretes. Así como ella, el narrador no tiene su habilidad para jugar con las palabras, y llama a sus adjetivos “de palo”, les adjudica una consistencia real, vinculada a la naturaleza, esa peculiaridad de ser así, de madera, les da una dureza, una escasez de flexibilidad que se ve reforzada por la otra mitad de la frase “en la áspera y gruesa cuerda de una idea”. Naturalmente estamos ante un gran autor que recurre al antiguo método de la modestia literaria para ir al fondo del asunto, una cierta arbitrariedad en el escogimiento de los vocablos, y esta veleidad, por lo menos en poesía, se ha llamado “enumeración caótica” y ha sido trabajada por distintos autores, desde Leo Spitzer, hasta Estuardo Núñez. Y es así como Martín Adán alcanza lo que podríamos llamar su primera originalidad, en un texto que parece novela, pero donde los personajes se diluyen y desaparecen o no son importantes, el lenguaje mismo, duro en apariencia, logra efectos sorprendentes y únicos, pues está alejado de los mismos hechos que parece aludir, es una fiesta de palabras. Por esos mismos años en que Martín Adán publicaba La casa de cartón, el escritor español Ramón Gómez de la Serna publicaba sus Greguerías que en primera instancia podría tener algo que ver como antecedente de La casa de cartón. Pero basta leer alguna página del célebre autor peninsular para descubrir que jamás se separa de la realidad que describe de un modo tan ingenioso. Pero la otra cita de Martín Adán que hemos hecho supra es más interesante todavía para nuestro propósito. Aquella que dice que dentro del agua las líneas se quiebran y la superficie tiene a su merced las imágenes. En un símil que utilizamos, podemos que ese magma de agua es la materia del lenguaje con que trabaja el escritor, dentro de esa masa informe, no hay líneas que se continúen, lo que aflora a la superficie del mar, o del lago, o del río, o del papel, tratándose de palabras, es independiente de lo que ocurre en los fondos, la superficie tiene las imágenes visuales, o de palabras. Pocas veces un escritor, en tan pocas líneas, ha dado una concentrada presentación de su trabajo literario. Martín Adán con La casa de cartón separa la literatura de la imitatio de la naturaleza, de la realidad, de naturaleza aristotélica y también, lo que es más interesante, se separa de cualquier modelo que pueda ser invocado y es en eso que de manera radical La casa de cartón y Trilce son textos hermanos en prosa y poesía. Martín Adán, en poesía, todavía tendría otro momento de experimentación, aquel de Travesía de extramares” publicado en 1950, que antecedería a una poesía de apariencia más llana como la de 1961 de Escrito a ciegas, pero igual de profunda y conmovedora. La escritura de Martín Adán en La casa de cartón es de naturaleza no aristotélica, como diría de su propio teatro Bertolt Brecht décadas más tarde.
 
Hay otro aspecto, visto por Luis Alberto Sánchez que sin duda está en La casa de cartón. El lenguaje tiene algo de deportivo, de juvenil. Es cierto que el narrador es alguien cargado de erudición y eso se advierte en cada línea, la mención a autores en boga en esos años y ahora mismo como Proust, no es algo habitual en un joven, pero el desparpajo, la falta de continuidad en lo que narra, el interés por los detalles nimios, las imágenes inhabituales, la trasmutación de frases y objetos, en algo muy diferente, es algo más propio de los jóvenes que los autores adultos o provectos. El libro tiene candor, cierto, pero también una frescura que coincide con las modas intelectuales de hogaño. Puesto que no tiene centro, ni personaje principal, puede considerársele como un autor posmoderno, lejos, muy lejos, de los civilistas de principios del siglo XX, lejos también de las beatas de iglesia que Rafael de la Fuente Benavides conoció tan bien y, por último, lejos de la imagen de su propio autor como un bohemio poco fecundo que desperdiciaba su talento escribiendo en las servilletas de los bares.
 
Abrimos el libro en cualquiera de sus páginas y parece una maravilla:
 
Ella tenía una blusita parroquial y un dedito índice muy cortés. Maestra fiscal. Veintiocho años. Salud cabal. Resignación cristiana a la soltería. La carita muy blanca. La naricita muy frágil. Y unos lentecitos que ataba a la oreja derecha una levísima cadenita de oro. Y sobre todo, jabón de Reuter – olor blanco y pedagógico--. La piel de ella en la nariz era más fina y sensible que en cualquier otra parte de su cuerpo, aunque esto nunca nadie pudo llegar a comprobarlo. […]
 
La existencia de una literatura nacional, con rasgos únicos, entre todas las literaturas que usamos la lengua española, se comprueba por la vigencia de grandes autores que van conformando con el uso de palabras, algo colectivo de lo que participamos el conjunto de ciudadanos. En estas breves líneas de Martín Adán, el uso superlativo de los diminutivos al describir a esa pudibunda maestra de escondida sensualidad, identifica a nuestro autor con un uso nacional del lenguaje. Martín Adán, Rafael de la Fuente Benavides ( 1908-1985) es sin duda uno de nuestros autores más valiosos en prosa y poesía ahora, y en los siglos venideros, dígase esto último como un vaticinio a la manera de Catulo, poeta romano del siglo I.
 
Marco Martos
 

Notas

(*) En el prólogo a la edición de La casa de cartón. Lima. Peisa. 1971.
 
(**) La nota de Sebastián Salazar se llama “Martín Adán y una obra maestra”, apareció en “La Prensa” de Lima el 1 de noviembre de 1959. p.8. Huber Weller escribió en la revista “Letras” de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos N 66-67- p. 143 “La casa de cartón de Martín Adán y el mar como elemento metafórico”. Mario Vargas Llosa escribió “La casa de cartón. La poesía y el realismo “ en “Cultura peruana” Lima, setiembre de 1959. P. 9. Antonio Melis es autor de “Un ángel al final de las vacaciones” publicado en “La casa de cartón de OXY”. II época N 2. Lima 1993. p.36.

sábado, noviembre 08, 2025

"Kokoro" (こころ) de Natsume Sōseki (夏目漱石) Traducción | Carlos Rubio

 
"Kokoro" (こころ) de Natsume Sōseki (夏目漱石) Traducción | Carlos Rubio

"Kokoro" (こころ) de Natsume Sōseki (夏目漱石) Traducción | Carlos Rubio

“Yo siempre dormía orientando mi almohada al este, pero aquella noche cuando fui a acostarme coloqué por pura casualidad la almohada en dirección al oeste. Es posible que esto traiga mala suerte. Lo cierto es que algo como una ráfaga de aire frío que soplaba alrededor de la almohada, me despertó. Al abrir los ojos, vi que la puerta que daba al cuarto de K estaba entreabierta […] Me incorporé sobre los codos mirando hacia su cuarto, como obedeciendo un presentimiento. La lámpara iluminaba débilmente. Distinguí su lecho y me fijé en que el edredón estaba doblado en la parte de los pies. K yacía con el cuerpo boca abajo mirando al otro lado […] Su cuerpo permanecía inmóvil […] Mi primera impresión fue igual que cuando escuché de sus labios aquella súbita confesión de amor. De un solo vistazo al cuarto, mis ojos, como dos bolas de cristal, perdieron su capacidad de moverse. Me quedé de pie, inmóvil […] Me puse a temblar […] Pero no me podía olvidar de mí mismo. Reparé enseguida en una carta puesta encima de la mesa. Tal como había supuesto, iba dirigida a mí. Abrí el sobre con impaciencia… Su contenido, sin embargo, no era el que yo había imaginado […] 
 
Decía: «He decidido quitarme la vida a causa de la debilidad de mi voluntad y por haber perdido la esperanza de llegar a ser lo que deseo. Te agradezco que te hayas ocupado de mí y te ruego que dispongas de mi cuerpo sin vida encargándote de todo, que me disculpes ante la señora por todas las molestias causadas y que informes de esta muerte a mi familia» […] La frase que más me afectó de toda la carta fue la última, escrita a modo de apostilla final, con la última gota de tinta que le quedaba, y que decía: «¿Por qué he vivido hasta ahora? Hace tiempo que tenía que haber muerto» […] Doblé la carta y con manos temblorosas la metí en el sobre. La puse sobre la mesa, tal como estaba, a la vista de todos. Luego me volví y por primera vez me fijé en la superficie del fusuma salpicada de sangre.”

📔 #Texto | "Kokoro" (こころ)
🎎 #Autor | Natsume Sōseki (夏目漱石)
👤 # 
 

domingo, junio 29, 2025

POESÍA CHINA : NOCHE PROFUNDA (Yuan Chi, 210-263)

POESÍA CHINA : NOCHE PROFUNDA (Yuan Chi, 210-263)

 

POESÍA CHINA : NOCHE PROFUNDA (Yuan Chi, 210-263)

Noche profunda. No puedo dormir.
Me levanto y canto suavemente con mi laúd.
La luz lunar brilla en las cortinas de gasa.
Abro mi bata de dormir, y dejo
Que el fresco aire de la noche bañe mi cuerpo.
Un solitario ganso salvaje grita
En la llanura lejana.
Un pájaro nocturno vuela llamando entre los árboles.
Voy y vengo sin descanso.
¿Qué gano con ello?
Mi mente está distraída con preocupaciones
Que nunca cesarán.
Mi corazón está todo lastimado
Por los afligidos fantasmas que lo rondan.
 

lunes, mayo 05, 2025

El Gallo Rojo de Julia Wong Kcomt


El Gallo Rojo de Julia Wong Kcomt


El Gallo Rojo de Julia Wong Kcomt
a Wata, In Memoriam



Se muere el Perú.
Como los ajos
este albur de camisas
con maestría cortadas.
Las ventanas de fierro.
Barrocas.
Incesantes.
La pintura manchando mis ovarios.


Ahora el sushi se ha vuelto idioma
del pueblo
y mis tallarines poderosos
esperan en una olla olvidada.


Papá dijo que odiara a los japoneses
como dicen que odie a los chilenos.
Mas, de tanto amor,
no encuentro diferencias
entre el cerezo, la sakura, la flor de loto y el olivo:
Jesucristo tamiza en el Atacama
semillas de uva colorida.


Se muere el Perú, Wata,
y sólo recuerdo 

lo que dijiste de mi tía:
“Estaba buena tu tía Carmen,
no parecía china”.
Sonreí sin ofenderme, porque en el Perú nadie
parece nada.

Había una chifa.
Tomabas sopa wantan
con tus amigos chinos,
y mientras se buscaba un emblema
que superara el centímetro y medio
de diferencia en los párpados,
un gallo rojo
emitía un sonido más fuerte que la nada.

Se nos muere el Perú.
El canto del gallo volverá cuando vuele la piedra.


(de Bi-rey-nato) 

miércoles, abril 30, 2025

El aroma de las casas por Marco Martos

 

El aroma de las casas por Marco Martos

El aroma de las casas por Marco Martos

Huelo mis casas.
Me dicen que fui feliz
en la primera y ése es mi recuerdo:
el de los otros.
Había un corredor
repleto de macetas, jazmines de la noche,
fantasmas del olor y del silencio
y un ejército de tías armadas
con sonrisas, flores secas
y cartas de amor desvaídas
en sus libros de oraciones.
La segunda casa es la que amo.
Me cuentan que derribaron un árbol
en el patio y ese dolor me acompaña
cada día.
Por ahí deambula todavía
en las noches mi hermano muerto
tan, tan niño.
Permanece ahí en los altos
mi abuelo materno, aventurero,
y mi abuela paterna, en los bajos, con sus ojos
negrísimos dando luz en lo más oscuro.
Pero ambos también murieron.
Me acuerdo del dolor y de la pompa
de sus entierros.
Conozco sus manos
y sus palabras de memoria.
Tengo
una reserva de afecto secreta
en lo ignoto y desaparecido
ahora que son sólo un nombre
que repito.
Mi padre iba y venía sin cansarse.
Mi madre hacía lo mismo
y más todavía, como se sabe.
Es horrible que muera tu madre,
es horrible que muera tu padre,
nadie puede contártelo.
Podría escribir la historia
de otras casas, pero la pena
sería muy grande.
Prefiero
callarme, ahora que no tengo casa
ni lenguaje inteligible
y atravieso Babel
para lamer tu mano
como un perro fiel
que te bendice.
Hueles a jazmín,
como el que había
en mi primera casa.

 

ENTÉRESE DEL CONTENIDO DE NUESTRA EDICIÓN DEL 94 ANIVERSARIO ABRIL 2025

 

ENTÉRESE DEL CONTENIDO DE NUESTRA EDICIÓN DEL 94  ANIVERSARIO ABRIL 2025

ENTÉRESE DEL CONTENIDO DE NUESTRA EDICIÓN DEL 94 ANIVERSARIO
(ABRIL 2025)


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ENTÉRESE DEL CONTENIDO DE NUESTRA EDICIÓN DEL 94  ANIVERSARIO ABRIL 2025

CONTENIDO:

Editorial 3
Ejercicio periodístico de 94 años 6
Celebración china en Panamá 15
Visión de Taiwán: Importancia
de la educación 16
Evocando a los ancestros
en ritual tradicional 18
La festividad de Hari Raya
Aidilfitri en Malasia 21
Apuntes del CEP Juan XXIII 22
Notas de Asociación
Peruano China 23
Marinera norteña en Plaza Norte 43
Presencia tusan 24
Sociales 26
Informativo Nikkei 38
Hechos & Gente 44
Noticias de Corea del Sur 47
Noticias de China 48
Taiwán Informa 49
Apuntes de Asia 50 

"94 años de publicaciones ininterrumpidas"

Raúl Chang Ruiz
Director
Revista Oriental
Web: www.revistaoriental.com


 

ENTÉRESE DEL CONTENIDO DE NUESTRA EDICIÓN DEL 94  ANIVERSARIO ABRIL 2025

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Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.

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REVISTA ORIENTAL

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