
Oh Luna, ¡cuánto abril! Todo lo que perdí volverá con las aves. Jorge Guillén.
Oh Luna,
¡cuánto abril!
Todo lo que perdí
volverá con las aves.
Jorge Guillén.
Anoche cubrí
mis hijos dormidos
y el ruido del mar.
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| PROVERBIOS Y PENSAMIENTOS JAPONESES |
El clavo que sobresale recibe el martillazo.
Ver, oír y no hablar es la base de la virtud.
Incluso el viaje de mil millas comienza con un paso (inspiración china, pero profundamente arraigada).
El agua del estanque refleja la luna, pero no la posee.
El bambú se dobla, pero no se rompe.
El monje que mendiga con celo, nunca pasa hambre.
El que bebe no conoce el dolor del que carga el barril.
Caerse siete veces y levantarse ocho.
La rana en el pozo no conoce el gran océano.
El sapo no sabe lo grande que es el mar.
El rostro es el espejo del corazón.
La batalla no siempre la gana el fuerte, sino el que sabe cuándo retirarse.
El que persigue dos liebres, no atrapa ninguna.
La perfección no está en no caer, sino en levantarse cada vez.
El buen samurái no usa la espada con ira.
El crisantemo no florece para el jardín, florece para sí mismo.
No hay que esperar al enemigo, hay que ir a buscarlo.
La humildad es la base de todo mérito.
Si no hay tigre en la montaña, el mono es el rey.
El vacío es lo que da utilidad al recipiente.
El que se sienta en un cojín de agujas, no encuentra descanso en ninguna parte.
La enseñanza que no sale del corazón, no llega al corazón.
El honor es como la flor del cerezo: hermosa pero efímera.
La paciencia es el arte de esperar sin desesperar.
El que no sabe obedecer, no sabe mandar.
Incluso el demonio se convierte en santo si es venerado.
El loto florece en el barro.
La espada que corta todo, no corta al que la maneja con sabiduría.
El dinero es como el sake: un poco ayuda, mucho emborracha.
Más vale ser enemigo de un hombre sabio que amigo de un necio.
El camino del guerrero es la muerte voluntaria.
La hormiga también tiene su destino.
El que espera con paciencia, recibe lo que merece.
Cuando el gato duerme, los ratones bailan.
El perro que anda, encuentra un hueso.
El eco no dice más que lo que se le grita.
Un maestro es como una espada: se templa con el tiempo.
El corazón de un padre es más profundo que el océano.
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| Reino escondido por Carlos Barral |
El hombre que mueve montañas comienza acarreando pequeñas piedras.
No temo al que ha practicado 10,000 patadas una vez, sino al que ha practicado una patada 10,000 veces.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo.
Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.
El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora.
Si te caes siete veces, levántate ocho.
La gota de agua horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia.
No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va.
El ruido del trueno no es más que eso: ruido. La lluvia es lo que hace crecer las flores.
Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad.
El que pregunta es un necio por cinco minutos; el que no pregunta, sigue siendo necio toda la vida.
La calma es la que gobierna el barco, no la tormenta.
El oro y el jade no valen tanto como un buen vecino.
Si tienes un problema y puedes hacer algo, no te preocupes. Si no puedes hacer nada, tampoco te preocupes.
La lengua no tiene hueso pero rompe la columna.
El que sonríe siempre no es rico, pero sí poderoso.
El carácter es como un árbol, la reputación como su sombra. La sombra es lo que otros ven, el árbol es lo que eres.
Si te das prisa, llegarás tarde.
Una buena palabra calienta el invierno.
El agua que no fluye se pudre.
No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti.
El éxito tiene muchos padres, el fracaso es huérfano.
La enseñanza solo se completa cuando el alumno está listo.
El que bebe el agua, que recuerde la fuente.
Un caballo de mil millas no es conocido sin un jinete de mil millas.
No hay que temer a la lentitud, sino a la quietud.
La intención es la que cuenta, no la apariencia del regalo.
El león no se da la vuelta cuando un perro ladra.
Si quieres saber el valor de una moneda, trata de ganarla.
El sabio se adapta al camino, no el camino al sabio.
Una onza de acción vale más que una tonelada de teoría.
La montaña es alta, pero el camino es largo.
Quien confía en la suerte, pierde la prudencia.
El valor de la seda es su color, el valor de la persona es su corazón.
Un vaso medio lleno es mejor que uno vacío, pero ambos son mejores que uno roto.
El silencio es un amigo que nunca traiciona.
El arroz cocido no vuelve a ser arroz crudo.
La paciencia es amarga pero su fruto es dulce.
El que sabe que no sabe, es más sabio que el que sabe que sabe.
HAIKU : Nisiguchi Sachiko Silencio en la montaña
solo el ruido que hago yo
recogiendo helechos.
Silencio en la montaña
solo el ruido que hago yo
recogiendo helechos.
HAIKU : Chiyo-Ni Permanezco adherida
a mi sombrero de bambú
hasta que se vuelva mariposa.
Permanezco adherida
a mi sombrero de bambú
hasta que se vuelva mariposa.
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HAIKU : Matsuo BashoBajo la lluvia crepuscular,
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Bajo la lluvia crepuscular,
Estos hibiscos de colores brillantes:
Una hermosa puesta de sol.
Matsuo Bashō (1644 - 1694) Japón- HAIKU Ramas de lirio aferradas a mis pies. ¡Cordones para sandalias! Matsuo Bashō (1644 - ...