Mostrando entradas con la etiqueta ACORRALADA ENTRE LABERINTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ACORRALADA ENTRE LABERINTOS. Mostrar todas las entradas

sábado, septiembre 25, 2021

Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta por Isabel Monzón (CAP 2)

Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta por Isabel Monzón (CAP 2)

Báthory.
Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta
Isabel Monzón

En este punto, cabría preguntarse si ella no tendría el signo del espejo característico de laesquizofrenia: frente a la vivencia de despersonalización, que provoca una angustia indecible, el psicótico recurre, una y otra vez, a buscarse en el espejo. Cuando Valentine Penrose dice que la Condesa no podía integrar las múltiples facetas de su ser, está refiriéndose‚ tal vez, a ese mosaico desgarrado y roto de su personalidad. También Pizarnik trata de explicar el mal padecido por Erzsébet cuando dice que el alma melancólica es una "silenciosa galería de ecos y de espejos". Al mismo tiempo, esta imagen podría simbolizar ese espejo empañado en el que nuestra Dama de Csejthe se contemplaba: todo aquello que se le había mandado ser y que le impedía descubrir su propia verdad. Dice Diana Bellessi, refiriéndose al drama de la mujer, que "lo que el espejo le devuelve es el discurso de una madre que, cuando niña, le decía: Que seas linda, suave, coqueta, femenina, para gustar, para seducir. ¿A quién? A él" y, de esta forma, "el filo de una hoja invisible le rebana la cabeza". Con la cabeza rebanada, uno de los caminos posibles desemboca en la melancolía y otro en la esquizofrenia. Las palabras de Bellessi nos traen a la memoria esas otras de Penrose referidas a los talismanes que, como deseos - mandatos, se cosieron en el vestido de novia de Erzsébet: para ser amada, para gustar siempre, para que tu belleza perdure y sea la misma que este día.
 
Por otra parte, es evidente que el espejo ejercía sobre la Condesa Báthory una fuerte atracción. Tal vez más allá de esa curiosa y casi universal fascinación que siempre ejerce sobre la mujer. Como en el caso de Alicia, ¿no creería Erzsébet que a través de él podía pasar a otro mundo, dejando, así, éste? Intentaba romper los muchos límites que la encerraban, sobre todo la cárcel del tiempo, ya que, a medida que los años pasaban, el espejo le iba devolviendo una imagen que no era aquella misma del día de su casamiento. El divino tesoro de su juventud paulatinamente se perdía. Pero como había recibido el mandato de paralizar ese tiempo que al pasar deja rastros, para mantener eterna su belleza hizo pactos, descubriendo, además, las estrategias que le permitirían ahuyentar la depresión.
 
VENDIÉNDOLE EL ALMA A LAS HECHICERAS
 
Mientras la salud de Ferencz Nádasdy empezaba a declinar, Erzsébet se iba haciendo cada vez más ermitaña. Había tenido amantes pero sin apasionarse por ninguno, y aunque al cumplir los cuarenta seguía siendo muy bella, se agravó esa permanente y gran obsesión de alejar la vejez. Con tal fin, sus sirvientas la proveían de brebajes y filtros mágicos. En 1604, teniendo 44 años, murió su marido. Y fue a partir de ese momento que Darvulia, una mujer viejísima a la que llamaban "la bruja del bosque", mudándose de residencia, pasó a vivir en el castillo de Csejthe. Erzsébet, fascinada con la hechicera, se entregó a sus poderes. Una vez más colonizaban su mente y en esta ocasión, aparentemente, con su consentimiento.
 
Darvulia no apareció en cualquier momento. La Dama de Csejthe acababa de quedar viuda y su tiempo era doblemente el de la edad media, por sus años y por la época histórica que transitaba. En su saturnina pasividad, se abandonó a estos poderes: su megalomanía y su gusto por el anonadamiento la dejaban siempre disponible para recibir y aceptar. Y fue Darvulia quien le presentó los frutos maduros de la locura. Con habilidad, la hechicera del bosque suprimió ante su ama todo obstáculo exterior que ésta temiera no poder superar. Había descubierto en los ojos de ella la desierta insensibilidad de la luna, vislumbrando una esclavitud psíquica dispuesta para la siembra como un campo negro. (¿Este campo negro sería el de la crónica soledad que la acompañaba?) Alejar para siempre la vejez, conservar el divino tesoro, eran las promesas. Y Erzsébet Báthory, como Dorian Gray al diablo, le vendió su alma a la hechicera.
 
Cuando Freud analiza la neurosis demoníaca del pintor Christoph Haizmann, citando a Goethe dice que el Doctor Fausto, despreciativamente, pregunta: "¿Qué puedes darme, pobre Diablo?". El diablo, afirma Freud, tiene muchas cosas para dar a cambio del alma inmortal: riqueza, poder, decisión. Mas, en el caso del pintor bávaro, ¿qué era lo que éste le requería? Luego de la muerte de su padre había caído en tal estado de tristeza que no podía trabajar ni, por lo tanto, mantenerse. "Sufría una melancolía que lo hacía incapaz de goce y le ordenaba renunciar a las demandas  más tentadoras", dice Freud. El mismo pintor confesaba que "deba ahuyentar a la melancolía". Para liberarse, en una de sus crisis vende su alma al Diablo. A diferencia del pintor bávaro, Erzsébet no parecía conducirse como una melancólica. Más bien evidenciaba haber encontrado las estrategias para evitar caer en el peligroso pantano de la tristeza. También ella había vendido su alma. Para evitar todo aquello que pudiera apenarla, ya que no era capaz de soportar ninguna tristeza. 
 
EL ESPEJO Y LA MELANCOLÍA
 
Alejandra Pizarnik sabe dibujar muy bien tanto aquella melancolía de la que Erzsébet huyó como las estrategias de su fuga. Describe con poética realidad el sufrimiento melancólico y el agitar maníaco. No menciona manifiestamente el vender el alma al diablo pero sí el recurrir a las drogas, que es lo mismo. "...Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre esa inercia. Este quisiera librar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si, además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro: matarlo, entonces, habría exigido matarse". Un Teseo sin Ariadna no tiene la garantía de salir de esa singular prisión del laberinto cretense. Éste, a su vez, nos recuerda otros laberintos que se caracterizan por poseer múltiples espejos. Doble encierro ese de encontrarse con falsas salidas y de contemplarse, solitario, una y otra vez en los espejos. Así es la melancolía. Y así sucede también con otros padeceres del alma. "Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente", dice Pizarnik. El frenesí maníaco es una pausa en el dolor, un recurso pasajero que sirve de anestesia. "Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. Pero por un instante - sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia -, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes". A estas energías las llamamos defensas maníacas. Eran el recurso utilizado para evitar la tristeza. En la sangre de las mujeres -esa era su droga - la Condesa buscaba aliviar el terror a la vejez. De sus placeres sexuales - otros recursos para huir- hablaremos más adelante.
 
RETRATOS, REFLEJOS, SOMBRAS
 
Observando la imagen de Erzsébet, coincidimos con Penrose: No se entrega. En un retrato normal, la mujer sale al encuentro de quien la mira y habla de sí misma. La Condesa, cientos de leguas detrás de su falsa presencia, cerrada en sí misma, es una planta enraizada aún en la misteriosa región de la que procede.... No se deja asir. Se retrae, como defendiéndose de un peligro. Sabe que será mirada, para eso el retrato. Teme que los ojos del espectador la capturen al mirarla, como si a través del lienzo que la refleja alguien pudiera apoderarse de ella. Aborrece cualquier forma de captura, por eso se defiende poniendo una abismal distancia. El retrato también dice que ella era hermosa, con una belleza sacada de los inagotables manantiales de las sombras. 
 
Erzsébet debía tener con el espejo y el retrato relaciones inversas a las mantenidas por Dorian Gray. Mientras que a éste, el retrato le mostraba su inevitable envejecimiento, el espejo le devolvía una imagen siempre joven. La Condesa, en cambio, veía en el espejo el paso de los años y en el retrato su perenne juventud.
 
Por otro lado, un siniestro claroscuro rodeaba permanentemente la figura de Erzsébet. Se contemplaba en un espejo sombrío Ella misma era una "sombría dama" mientras que su belleza parecía sacada de las sombras. 
 
Las simbologías del espejo y de la sombra suelen aparecer interrelacionadas. La sombra y el reflejo en el agua fueron las más antiguas imágenes que el hombre contempló de sí mismo: "En el alba de la conciencia, sombra y reflejo, inasibles y fieles, semejantes y distintos a su dueño, debieron producir en el hombre emociones que se han grabado en lo más hondo de su inconsciente", dice Parreño. Estas palabras parecen estar hablándonos de ese pequeño y pobre mundo en el que Erzsébet estaba aprisionada. Un espejo empañado que no la dejaba mirar más allá de sí misma. Por otro lado, según la simbología oriental, el espejo representa la sabiduría y el conocimiento y uno cubierto de polvo habla del espíritu oscurecido por la ignorancia. En este sentido, el espejo simboliza la posibilidad del hombre de trascenderse a sí mismo o, por el contrario, de quedar encerrado en su pequeño mundo. Como Alicia cuando busca otros horizontes o como Erzsébet cuando permanece encerrada en sí misma.
 
Espejo y sombra son temas recurrentes en los textos de escritores y poetas. Pizarnik no ha conseguido escapar de estas obsesiones, que tratan de la relación del yo con el yo, de la búsqueda y pérdida del sí mismo, del paso de los años, de la muerte, de la relación con la madre...
Espejo, retrato, sombra, nos han anticipado el tema del doble.
 
Bibliografía Capítulo II
Winnicott, Donald: Realidad y juego. Granica Editor. Buenos Aires. 1972.

Isabel Bathory, la condesa sangrienta

miércoles, octubre 25, 2017

Báthory. Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta Isabel Monzón

Báthory. Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta  Isabel Monzón
 

Báthory.
Acercamiento al mito de la Condesa Sangrienta
Isabel Monzón
Feminaria Editora. Buenos Aires. 1994.
ISBN 987-99025-7-2
Una niña cautiva


Dos creaciones literarias, cuyas autoras son Valentine Penrose y Alejandra Pizarnik, acompañan nuestras reflexiones sobre las vicisitudes de la formación del psiquismo de una mujer y los avatares de sus padecimientos. En 1962 la escritora francesa Valentine Penrose publicó La Condesa Sangrienta, una especie de biografía novelada. Algunos años después, basándose en el libro de Penrose, Alejandra Pizarnik escribiría, con el mismo título, un texto al que no sabemos si considerar ensayo, novela o biografía.
 
Belleza, juventud: estos ideales, asociados a la condición femenina fueron baluarte en la vida de Erzsébet Báthory, la así llamada Condesa Sangrienta. Había nacido en Hungría en el año 1560, transformándose más tarde en figura mítica. Dice Penrose en los primeros párrafos de su Introducción: He aquí la historia de la condesa que se bañaba en la sangre de las muchachas. Una historia auténtica e inédita.. Seiscientas cincuenta fueron las jóvenes que Erzsébet asesinó para utilizar su sangre.
 
La Condesa Báthory era hija del tercer matrimonio de su madre, Anna. Ella y Gyorgy, el padre, eran primos hermanos. La vida de Erzsébet transcurrió, a partir de sus 10 años, en el Castillo de Csejthe, en Transilvania. Esa singular región rodeada por los Cárpatos que, por su fértil riqueza, fue siempre zona de conflicto entre Hungría y Rumania. En aquellos años, era húngara.
 
Transilvania nos trae a la memoria otra figura mítica, Drácula, aquel siniestro personaje que creara Bram Stocker basándose en un caso real de vampirismo. Transilvania es, entonces, desde hace siglos, una zona colonizada por vampiros. Parece haber una razón muy clara, y es la ya mencionada fertilidad de su suelo. Asimismo, dice Stocker en su libro: "He leído que en la herradura de los Cárpatos se reúnen todas las supersticiones del mundo, como si fuese el centro de un remolino de la imaginación", mientras Valentine Penrose nos cuenta que el castillo de Csejthe lleva 200 años en ruinas, allá, en su espolón de los pequeños Cárpatos, en las lindes de Eslovaquia. Allí siguen los vampiros y los fantasmas y, también, en un rincón de los sótanos, el puchero de barro que contenía la sangre lista para verterla por los hombros de la Condesa"Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver".... Los versos de Darío expresan precisamente aquello que Erzsébet no toleraba: el paso de los años y su ineludible acompañante, la vejez. Ella era hermosa y no renunciaba a serlo. La sangre de las muchachas sacrificadas le serviría para mantener eterna su belleza. Drácula, paradigma de varón, repudiaba la vejez en tanto se asocia a la muerte y a la pérdida de una posición omnipotente: el poder sobre la riqueza. Erzsébet, paradigma de mujer, se negaba a envejecer ya que eso significaba, según los ideales que ella había internalizado, dejar de ser hermosa perdiendo, así, la única forma de poder a la que tuvo acceso. Al igual que la reina madrastra de Blancanieves, necesitaba una permanente confirmación de su belleza como forma de mantener la autoestima. 
 
Hasta la muerte de Ferencz Nádasdy, su marido, las únicas crueldades que se le conocían a la Condesa eran pinchar con alfileres a las mujeres que la servían o hacerse traer robustas campesinas muy jóvenes para morderles los hombros y masticar las carnes arrancadas. Por otra parte, parece que Erzsébet sabía ser insinuante y cariñosa con su marido, aunque también tuviera algunos circunstanciales amantes. "Lo cierto es - dice Pizarnik -que en vida de su esposo no llegó al crimen".
 
Para justificar sus actos de crueldad, la Condesa tenía como excusa el castigo de alguna falta cometida, por más pequeña que ésta fuese. Pero junto a Darvulia, una de las mujeres que la secundó desde la muerte de Ferencz, la sangre vertida lo era sólo en virtud de la sangre, y la muerte dada sólo era en virtud de la muerte.
 
Las jóvenes que iban a ser sacrificadas debían ser muy bellas y tener menos de 18 años. Darvulia decía que la condición de juventud era imprescindible porque si habían conocido el amor el buen espíritu de su sangre estaba perdido. Ante tanta desaparición de costureras, sirvientas y campesinas, empezó a correrse el rumor de que Erzsébet, para conservar su hermosura, tomaba baños de sangre. Pero el poder de su nobleza ponía freno a las averiguaciones y denuncias. Hacia 1610, como el rey tenía ya demasiados informes y pruebas de lo que sucedía en Csejthe, no podía seguir fingiendo que ignoraba los hechos. En consecuencia, encargó al poderoso palatino Thurzó - al que, en alguna ocasión, la Condesa había seducido y en otra había intentado envenenar - que se encargara de la situación. Sin anunciarse y con hombres armados, Thurzó llegó al castillo, penetró en el subsuelo y se encontró con un siniestro espectáculo: un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. La Condesa no negó las acusaciones pero sí declaró que todo ello era su derecho de mujer noble y de alto rango.
 
El rumor que más indignación suscitó fue que la Alimaña de Csejthe, como la llamaban, no conforme con bañarse en sangre plebeya, también había usado la de las hijas de los gentiles hombres húngaros. Pero como esto no tuvo confirmación, no pudieron ejecutarla. En 1611 el palatino condenó entonces a Erzsébet Báthory a quedar emparedada a perpetuidad, en su propio castillo de Csejthe. Tapiaron las ventanas de su cuarto, dejando una ranura por la que entraba el aire y por la que se veía un retazo de cielo. También levantaron un grueso muro delante de la ventana de su habitación. En él quedó una pequeña ventanilla por donde le pasaban un poco de comida y agua. Sin más
que un destello de luz, sola, sin arrepentirse y aullando a veces por las noches, como loba que era, murió el 21 de agosto de 1614.

Rara, intrépida, taciturna
 
Cuando era niña vivía libremente en el castillo de sus padres y los días transcurrían entre fiestas y banquetes. Pero a los 10 años, al morir el padre, fue destinada a ser la esposa de Ferencz Nádasdy ya que a su madre le quedaban otras dos hijas por casar. Esto ocasionó que, muy poco tiempo después, Erzsébet fuera obligada a vivir al lado de su suegra, quien preparó con mucha antelación la boda del hijo. Rara, intrépida y taciturna, así fue criada por su suegra. Separada de su familia, fue llevada a Csejthe, el castillo de los Nádasdy. En prematuro y abrupto final, la Condesa fue expulsada de la niñez. No olvidemos que en el siglo XVI Hungría estaba en pleno feudalismo y que existía una particular concepción de la infancia. 
 
En la nobleza era costumbre que, una vez acordado el matrimonio, la novia - frecuentemente una niña - abandonara su hogar para vivir en la casa de su futura familia política. La joven prometida debía acostumbrarse a su nuevo entorno, encargándose la suegra de educarla. En el caso de Erzsébet, no sabemos si el proceso de colonización de su mente empezó antes o después de la migración al castillo de los Nádasdy. Sí tenemos la certeza de que ella odiaba a su futura suegra porque la hacía trabajar, decidía acerca de sus vestidos y la vigilaba en todos sus actos, incluso en los pensamientos más secretos. No le estaba permitida ninguna fantasía: se aburrió, enfatiza Penrose. Por otra parte, la señora Nádasdy pertenecía a esa clase de personas que se caracterizan por su puritanismo y austeridad. Cómo no aburrirse con una crianza rigurosa y austera. Cómo fantasear cuando se sienten controladas y prohibidas las fantasías. Intentando reconquistar la libertad, Erzsébet le escribió a su madre quien, colaborando con aquel proceso de colonización, le aconsejó tolerar el aburrimiento asegurándole que, luego del casamiento, todo cambiaría. Orsolya Nádasdy continuó intentando educar a Erzsébet según sus deseos y le enseñó también a leer y a escribir. A los 11 años de la niña y a los 17 de Ferencz, los novios fueron comprometidos oficialmente. Valentine Penrose nos asegura que cuando Erzsébet Báthory vino a este mundo no era un ser humano acabado. La habían arrancado del tiempo. Estaba aún emparentada con el tronco de un árbol, la piedra o el lobo (...) Entre Erzsébet y los objetos había algo así como un espacio vacío, como el almohadillado de la celda de un manicomio. Sus ojos lo proclaman en el retrato: intentaba asir y no podía lograr contacto. ¿Por qué ese carácter taciturno, esas rarezas, ese mirar sin ver? Con su aburrimiento ¿no estaría acaso dando alguna señal de alarma que fue desestimada? Asimismo, nos cuestionamos acerca de su herencia, aunque esta reflexión parezca propia de la psiquiatría clásica. Penrose nos cuenta que los Báthory eran todos crueles, todos locos. 
 
La Condesa fue víctima de un sistema feudal que miraba a las niñas de la nobleza como se mira a un potrillo. Fue tratada como un objeto de transacción entre sus padres y los de su futuro novio. Profanando su libertad, nadie le preguntó acerca de sus deseos. En consecuencia, la crueldad de Erzsébet fue no solo su rebelión y su venganza sino también un particular modo de adaptarse a las circunstancias.
 
Ella parecía no sufrir. Había logrado defenderse del sufrimiento propio y ajeno. Esto le permitió, ya adulta, no sólo contemplar como, obedeciendo a sus órdenes, las jóvenes víctimas eran asesinadas, sino también cómo eran objeto de las torturas más crueles. Y de niña, al mismo tiempo que desaprendía sus deberes de ama de casa, iba perfeccionando las virtudes de una amazona. Pero no todas las enseñanzas de su suegra caían en saco roto. Erzsébet aprendió de ella a apoderarse del otro, a tratar a las personas como si fueran objetos insensibles. Erzsébet no era ella misma. Era un mosaico, un Frankestein armado con trozos de diferentes personas. De allí, esa mezcla de belleza y monstruosidad. Mientras Drácula y Frankestein no querían dormir sus muertes, la Condesa quería despertarse de ese no estar viva. En la sangre de las demás reencontraría precisamente aquello que le había sido arrebatado, la vida. 
 
Bibliografía Introducción 

  • Opitz, Claudia: Historia de las mujeres. Vida cotidiana de las mujeres en la Baja Edad Media. Editorial. Taurus. Madrid. 1992.
  • Penrose, Valentine: La Condesa sangrienta. Ediciones Ciruela. Madrid. 1987.
  • Pizarnik, Alejandra: La Condesa sangrienta. Editorial Aquarius. Buenos Aires. 1971.

Featured Post

Matsuo Bashō (1644 - 1694) Japón

Matsuo Bashō (1644 - 1694) Japón- HAIKU       Ramas de lirio aferradas a mis pies. ¡Cordones para sandalias!     Matsuo Bashō  (1644 - ...

FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG

FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG
"La realidad vive ajena / no hay espacio , ni tiempo. / El tiempo, el espacio / los instantes / pequeños universos. / Por las noches son aires, son negras velas / que aquí se alimentan "

CONFUCIO

Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
mariposa gris / anclada en la tierra / mueres de amor

VISITA MI CANAL

VISITA MI CANAL
FANNY JEM WONG MIÑÁN

"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG

"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG
"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro... Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro." Octavio Paz.

XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG

XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA  POR FANNY JEM WONG
XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG
EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG

Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️

Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.

MUCHACHA DE COLOR AZUL

MUCHACHA DE COLOR AZUL
MUCHACHA DE COLOR AZUL

REVISTA ORIENTAL

REVISTA ORIENTAL
IMPARABLES ACTIVIDADES DEL CCPCH

WONG WU YONG MI GUERRERO VALIENTE

WONG WU YONG MI GUERRERO VALIENTE

INQUEBRANTABLES

INQUEBRANTABLES
"Uno pertenece a dónde se le quiere, se le ama, se le desea, se le siente.... y en repetidas ocasiones se le extraña, pero sobretodo dónde se le demuestra"