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La poesía esencial de César Vallejo Marco Martos
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| La poesía esencial de César Vallejo Marco Martos |
La poesía esencial de César Vallejo
Marco Martos
I
Las tradiciones literarias en distintos idiomas se consolidan con el paso del tiempo. Cuando César Vallejo (1892-1938) empezó a escribir, el español tenía ya nueve siglos de existencia y podía exhibir figuras individuales de relieve mundial como Cervantes, Góngora, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Quevedo. En tierras peruanas había nacido el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), dueño de una magnífica prosa de raigambre renacentista, pero no habíamos tenido otro escritor de envergadura que estuviese a la altura de los clásicos peninsulares. Vallejo llegó a llenar esa carencia y lo hizo con un brillo y una potencia inusitados, tanto que su poesía está considerada como la más original de la lengua desde los siglos de oro y su nombre es pronunciado con respeto al lado de los poetas más reputados de la tradición occidental, desde Homero y Virgilio, hasta Dante, Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé.En sus años de formación, en Trujillo, Vallejo tuvo la fortuna de encontrarse con amigos excepcionales, que a su vez recibieron su influencia benéfica, entre ellos Antenor Orrego, el primer crítico que vislumbró la gran calidad de la poesía del vate, Víctor Raúl Haya de la Torre, de importante presencia en la política peruana del siglo XX, José Eulogio Garrido, fino prosista de vena lírica y destacado periodista, Alcides Spelucín, valioso poeta de acentos personales, cantor del mar y de los paisajes de la costa, Juan Espejo Asturrizaga, más tarde biógrafo del propio César Vallejo, Óscar Imaña, jurista y poeta. En cierto sentido esa etapa culminó con la publicación de Los heraldos negros en 1919.
II
La poesía de Los heraldos negros fue bien acogida en su momento principalmente porque la música de sus versos les parecía a los lectores conocida, aquella del modernismo de Rubén Darío. Vallejo se mostraba como un hábil versificador y no cabe ninguna duda de que las versiones iniciales de varios de los poemas estaban muy cercanas a la estética en boga en esos años, sílabas bien contadas, en algunos casos versos alejandrinos o endecasílabos o heptasílabos, la elección de algunas frases o de palabras corrobora esa presunción: “bárbaros Atilas”, “Bizancio”, son vocablos del santoral modernista, aquella necesidad de lejanía del primer Darío y de sus congéneres. Pero la originalidad del libro no está ni en su versificación, ni en su a ratos exquisito vocabulario, radica en la actitud.
III
La aparición de Trilce en 1922, convierte, según ahora mismo se puede advertir, a Vallejo en el poeta más importante de la lengua. Su propia vida había marchado muy rápida y estaba llena de contradicciones. Acusado sin pruebas de incendiario en su pueblo natal, Santiago de Chuco, es probablemente en la cárcel de Trujillo donde empieza a pergeñar esos versos insólitos. Si en la época de Los heraldos negros, el poeta parece insular, a pesar de las obvias relaciones con el modernismo, tanto que la semejanza con los poetas expresionistas como Georg Trakl, descubierta recién, no pasa de ser una asombrosa coincidencia, puesto que no hay forma de precisar cómo Vallejo, sin conocer el alemán, ni las traducciones respectivas, pudo acercarse a esos poetas; nuestro vate muestra en este nuevo libro una originalidad radical. Han tenido que pasar muchos años para que esta opinión se abra paso y se convierta en consenso. En esa época en Europa y en toda América se sucedían los movimientos de vanguardia.
IV
A su muerte, el 15 de abril de 1938, Vallejo, que había desarrollado una fecunda tarea literaria escribiendo cuentos, novelas, obras de teatro, reportajes, dejó un conjunto de poemas sin título general, excepto un manojo de textos sobre la guerra civil española. Raúl Porras y Georgette Vallejo publicaron dichos textos bajo el título de Poemas humanos en 1939. Es cierto que Vallejo, en una lista de títulos posibles había colocado entre una docena más el de Libro de poemas humanos que contrastaba con el título Versos divinos del poeta español Gerardo Diego, pero no queda ninguna señal clara y rotunda de su voluntad. Por eso, en esto también difieren los críticos. Algunos como Américo Ferrari llaman a estos poemas Poemas de París, otros, los más numerosos, siguiendo las opiniones de Georgette Vallejo, hacen una división de Poemas en prosa, Poemas humanos, España aparta de ml este cáliz. Esta última porción sí la dejo ordenada César Vallejo y fue publicada también en 1939 en España. Hay otros críticos, por último, que prefieren llamar a todas estas páginas Poemas póstumos.
En esta fase final de su escritura, Vallejo tiene logros notables, es sin duda, la porción más madura de su producción. En su corto libro España aparta de mi este cáliz que alcanzó a redondear Vallejo logra acentos épicos que ya no se presentaban en la poesía contemporánea. Sin duda, los poemas tienen una fuerza política: la identificación con el bando republicano en la guerra civil española, pero eso no explica su encanto y su poder. Esos catorce poemas resultan imperecederos por la potencia afectiva, la identificación con los que sufren combatiendo, la idea de que cada ser humano, siendo diferente, tiene los afectos, la inteligencia, la posibilidad de tener alegría y sufrir dolor, semejantes en todos sus congéneres. Vallejo convirtió a España en un símbolo. Lo más interesante del texto es que a más de siete décadas de su escritura sigue pareciendo hermoso a quien lo lea, lo que quiere decir que Vallejo logró la síntesis perfecta. En el tiempo de su escritura los poemas sirvieron, sin duda, a la causa republicana, leídos ahora por personas que ignoran los detalles de esa cruenta guerra civil, queda límpida la idea de la solidaridad en medio de los sufrimientos, la posibilidad simbólica de vencer a la propia muerte. En literatura, probablemente son las páginas más intensas escritas sobre un conflicto armado en el siglo XX.
En toda su etapa parisina Vallejo conoció el dolor de un modo inédito, hasta el punto de considerarlo lo más característico del ser humano:
Yo no sufro de ese dolor como César Vallejo. Yo me duelo ahora como artista, ni como hombre, ni como ser vivo siquiera. Yo no sufro de este dolor como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro de este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista también lo sufriría. Si no fuese hombre, ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ni ateo. Ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. […] escribió en el texto Voy a hablar de la esperanza que figura en Poemas en prosa.
En Poemas humanos el vate deja atrás la etapa experimental de Trilce. En cierto sentido Vallejo retorna al cauce general de la poesía que, viniendo del romanticismo, simbolismo, parnasianismo, pone entre paréntesis a la misma vanguardia o, mejor, la tiene asimilada. Todo lo hace con una profunda originalidad. Tanto que su escritura puede distinguirse entre muchas. En 1925, un escritor peruano poco conocido, Clodoaldo Espinoza Soto había dicho: “Vallejo hará escuela y será el vallejismo” y si bien eso no es una verdad literal, sí lo es en su sentido más hondo y legítimo. Poetas de gran calidad como Thomas Merton en Estados Unidos, o como Gonzalo Rojas en Chile, o como Alejandro Romualdo y Wáshington Delgado en el Perú, o Félix Grande en España, han reconocido su calidad y le rinden pleitesía como maestro. En estos versos, con una rara intensidad, Vallejo expresa su amor por el Perú.
[…]
Un pedazo de pan ¿tampoco habrá ahora para mí?
Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
pero dadme
una piedra en qué sentarme,
pero dadme,
por favor, un pedazo de pan en qué sentarme,
pero dadme
en español
algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse,
y después me iré…
Hallo una extraña forma, esta muy rota
y sucia mi camisa
y ya no tengo nada, esto es horrendo.
Los medievales sostenían que era necesario vivir primero antes de filosofar. Una de las razones de la permanencia de la poesía de Vallejo en el gusto popular tiene que ver con la identificación emocional del lector con los textos que lee. Vallejo no habla del dolor y del sufrimiento desde es un escritorio. Es obvio para quien lo conoce que este ser humano conoce los entresijos de lo horrendo, la interminable sucesión de días teniendo apenas qué comer. La correspondencia con sus amigos da abundante testimonio de esta situación. Pero Vallejo si permanece como un paradigma no es por el sufrimiento, sino por la cristalización de estos padecimientos y de estas angustias en hondos versos que nos parecen verdaderos. Desde el punto de vista de la concepción literaria Vallejo se distanció y mucho, de la estela del surrealismo que preconizaba André Breton. En aquellos años, la teoría psicoanalítica de Freud tenía un auge. El psiquiatra vienés insistía en la importancia del inconsciente en la vida diaria de todos los seres humanos y esto en el terreno literario venía a reforzar las teorías de origen romántico sobre la porosidad del creador a la espera de la inspiración, que a su vez tienen un origen platónico. Un poeta como Rilke, por ejemplo, apela en sus escritos teóricos a la necesidad de que el poeta tenga una vasta experiencia de la vida y que sea capaz de aguardar la chispa creadora que germinará en su corazón. Los surrealistas, por lo menos de modo teórico, propiciaron la escritura automática, ese escribir por escribir que va acumulando palabras. Vallejo salió al frente de esta concepción, él, que tenía tantas emociones, que era un poeta de una intuición poderosa, como lo había probado en Trilce, conforme adquiere más experiencia, la definitiva, se aparta no solo del surrealismo, sino de algo que el mismo traía desde su juventud: una raíz romántica. Y esto es tal vez lo más importante que puede decirse hoy de la poesía de Vallejo en su fase final. En ese volumen que llamamos Poemas humanos, el poeta hace una síntesis de sus modos de poetizar: hay textos de una intensidad afectiva inmensa, verdaderas confesiones en verso, pero hay otros, que son los menos, que anuncian la poesía del porvenir, la llamada poesía objetiva que soñó Rimbaud cuando escribió: “yo es otro”, la voluntad de expresar lo que realmente es. En los mismos años que escribía Vallejo, un discípulo disidente de Freud, Carl Jung, elaboró su teoría en la que insiste en la posibilidad de que exista una conciencia multiplicada, la verdadera conciencia, a la que se puede llegar después de conocer mucho el mundo. Ese “sí mismo” como la llama, tiene la virtud de concentrar la vida inconsciente en la vida consciente, salta la historia o la entrevera en un presente eterno. Aquel que llega a ese “sí mismo” es el sabio de la tribu. Vallejo, que no conocía a Jung, puesto que no aparece estudiado ni citado en sus artículos periodísticos, llega por los misteriosos caminos de la creación literaria a las mismas conclusiones:
¡Cuatro conciencias!
¡Cuatro conciencias
Simultáneas enrédanse en la mía!
¡Si vieráis cómo ese movimiento
apenas cabe ahora en mi conciencia!
¡Es aplastante! Dentro de una bóveda
pueden muy bien
adosarse, ya internas, o ya externas,
segundas bóvedas, mas nunca cuartas;
mejor dicho, sí,
más siempre y, a lo sumo, cual segundas.
No puedo concebirlo; es aplastante.
Vosotros mismos a quienes inicio en la noción
de estas cuatro conciencias simultáneas,
enredadas en una sola, apenas os tenéis
de pie ante mi cuadrúpedo intensivo.
Y yo, que le entrevisto (Estoy seguro)!
¿Por qué permanece Vallejo en el gusto de las personas en el Perú y el mundo? En primer lugar por el efecto poderoso de su poesía en distintas personas situadas en cualquier parte del globo terráqueo, pero además, también, por la importancia que tiene la educación en distintas partes del mundo. El hecho de que aparezca en los programas escolares es fundamental. Felizmente el Perú por fin le está haciendo justicia, tenemos universidades, avenidas, monumentos, institutos, clubes deportivos que perennizan su nombre y lo vuelven un clásico, uno de aquellos escritores cuya fama nos alcanza antes de leerlo. Han pasado ya las polémicas sobre sus vínculos con el marxismo y con el cristianismo. Existen poderosas razones para decir que este comunista tuvo, como el propio Marx, un aliento cristiano toda su vida. Metafísico hasta lo más hondo, Vallejo quiso, en sus sueños, construir el paraíso en la tierra. Vallejo es el poeta del dolor como se viene diciendo, pero es también el poeta de la esperanza en el hombre y en sus capacidades científicas y afectivas casi infinitas. Y es también el poeta de la solidaridad:
Amado sea el que tiene chinches,
el que lleva el zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!
Decimos que la poesía de Vallejo es imantada porque atrapa a toda persona que se allegue a sus páginas.
V
Los escritores tienen fortuna literaria por su calidad, algunos se abren paso entre sus contemporáneos y otros duran en el aprecio de los lectores años, décadas, siglos. Hay ciertas circunstancias que contribuyen a la nombradía de los poetas, una de ellas es, aunque apenas se dice, figurar en los planes escolares. Y Vallejo lo ha logrado en el Perú, hasta convertirse en el poeta más conocido en todo el mundo educativo. Y como es sabido, y no necesita mayor probanza, el poema más conocido, salido de su pluma es el texto liminar de ese libro, el que da título a todo el libro. En ese poema, de una manera insólita, como no lo había hecho ningún poeta del orbe hispano, Vallejo mezcla, en un admirable fresco, palabras del santoral modernista, como “potros de los bárbaros Atilas”, con otros de una experiencia propia, características, de la vida urbana de esos años diez del pasado siglo, que tienen una profunda vinculación con la vida de campo, como esa idea de “un pan que en la puerta del horno se nos quema.” Al rigor formal del poema, se suma el tema, el más trascendente de todos, en la percepción de Vallejo cuando escribe el poema, es la afirmación honda de que es el dolor lo más trascendente de la vida del ser humano. Tarde o temprano el dolor nos alcanza sin un motivo aparente y estamos siempre desamparados ante su llegada. Este poema inicial, pórtico de todo el libro, difumina se presencia en todo el libro y concreta su influencia en el último poema del libro, el titulado “Espergesia”, palabra ligada en su significado a esperanza y génesis, como se ha dicho varias veces, y también, retóricamente, puede aludir a decir una misma cosa de diferentes maneras. Es un neologismo, más que un arcaísmo, que tiene en lo más hondo, una asociación que viene del griego, con “semilla” y, por lo tanto, con “nacimiento”. Se trata, obviamente de un poema sobre el nacimiento, como se ve claramente por el conjunto de versos. Vallejo, en primera persona, va diciendo de distintas maneras, que el ser humano, él mismo es producto de una creación hecha por Dios enfermo, y la afirmación final, cae como un mazazo que cierra todo el libro: “Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo, / grave”. Estos dos poemas, actúan como dos murallas que cierran el campo de todo el libro. Lo que se construye en sus páginas, es un edificio de palabras que aluden de manera insistente al dolor como lo más característico del ser humano. En el siglo anterior ya lo había dicho Edgard Allan Poe: el sufrimiento es el sentimiento humano más profundo y verdadero.
VI
En la época de la escritura de su primer libro, César Vallejo era ya un adulto joven y es natural que la atracción por la mujer apareciese en el texto con mucha rotundidad. Vallejo venía de un hogar de profundas convicciones religiosas católicas, y por lo tanto había sido educado dentro de ciertos parámetros que consideraban, de un lado, a la mujer, como una intermediaria con el mismo Dios, y de otro, un objeto susceptible de despertar pasiones prohibidas. Subyacente está otra idea: la sexualidad solo puede realizarse dentro del matrimonio. Las relaciones personales entre hombres y mujeres tienen marcas a lo largo del tiempo que señalan el tipo de relación que prevalece dentro de cada sociedad. Así, en el mundo griego antiguo la Oriestada de Esquilo muestra con toda claridad la decadencia del matriarcado y el surgimiento del patriarcado, vigente hasta nuestros días. El medievo idealizó a la mujer, el sentimiento amoroso impulsaba al caballero a realizar actos que no podía llevar a cabo en otra disposición de ánimo. Tal vez el ejemplo más nítido de esta idealización es la poesía de Dante, que expresa, como lo quería el poeta latino Propercio, y como más tarde lo escribió Quevedo, un “amor constante más allá de la muerte”. Conteniendo, sin duda, elementos eróticos, la poesía idealiza a la mujer, la convierte en representante del mismo Dios y la coloca en un altar. La poesía reproduce en el amor una situación social: la relación entre el señor y el siervo, solo que el señor ahora es la señora, y el poeta o trovador está de hinojos frente a la mujer amada, que aparece con frecuencia como inalcanzable. En la sociedad provenzal cultivada existía la práctica conocida como “asaj” y que era la posibilidad del caballero y de la dama, de reposar desnudos, sin tocarse, en un mismo lecho. Y lo que parece un premio, se convierte en castigo, o así lo parece. No tenemos constancia, pero podemos imaginar que el “asaj” con frecuencia quedaba en añicos, merced a la pasión capaz de romper las reglas más rigurosas. En el siglo XVI, en la época renacentista, la idealización de la mujer cobra nueva fuerza en la poesía de Garcilaso y de Fernando de Herrera. Sin embargo, a partir del siglo XIV, el paulatino ascenso de la burguesía fue determinando la aparición de un amor más natural, más directo, como en El libro del buen amor de Juan Ruiz, arcipreste de Hita. La ideología burguesa más reciente, por razones económicas, impone límites al amor que ella misma exalta. En Los heraldos negros se evidencian varias actitudes frente al hecho amoroso, de un lado, la idealización de la amada como aparece en los poemas “Retablo” e “Idilio muerto”, la mujer vista como objeto, como ocurre en el poema “Capitulación”, el sexo vinculado a la noción de pecado como puede verse en los poemas “El poeta a su amada”, “Amor prohibido” y “Comunión”. Por último, la renuncia al amor tiene en “Yeso” una primera instancia y su culminación en “Amor” y “Tálamo eterno”.
Obviamente el sentimiento amoroso ha ido cambiando desde la sociedad primitiva, la sociedad esclavista, la época medieval, la sociedad renacentista y la época contemporánea. Un análisis obvio nos dice que cada poeta ve el amor de acuerdo al contexto histórico que vive, y si ese contexto social, esa conciencia colectiva es considerado como medieval, la concepción que aparece evidenciada en los textos del poeta, será también medieval. Felizmente las cosas no son tan fáciles, ni tan directas. En el campo de la sociología porque hay modos de producción que superviven a las épocas que les dieron origen, y en el campo ideológico es sobradamente sabido que las concepciones del mundo superviven todavía más que los modos de producción, En literatura también se produce un desarrollo desigual y combinado. A estas alturas un paragón, a manera de metáfora, con la psicología genética, puede servirnos como apoyo a lo que estamos diciendo. Uno de los postulados fundamentales de la psicología genética es que la herencia no solo conserva las huellas y trasmite las influencias de lo que fueron los seres que nos precedieron en la vida, sino que el niño repite muchas de las etapas de la evaluación de la especie y hasta cierto punto todo ser vivo desde el momento que empieza a formarse hasta su maduración pasa por las diversas formas de las diversas variedades de vida que han ido poblando la tierra. Las líneas siguientes, las debo a conversaciones con Max Silva, a cuya intuición debo mucho de mi conocimiento de la poesía de César Vallejo y constituyen un homenaje a su memoria, algunas son de sentido común y otras son calas profundas en la escritura de Vallejo: el autor de obras poéticas proyecta en estas sus fantasías inconscientes. El amor en la poesía de Vallejo, en su etapa de Los heraldos negros, se encuentra intensamente impregnado de matices psicosexuales infantiles. Dichos contenidos están presentes en la experiencia amorosa de cualquier persona adulta, en tanto remanente normal de los primeros años de vida, pero en Vallejo constituyen mucho más que un residuo común y corriente. Son rasgos preponderantes y característicos de su psiquismo inconsciente. Aquellos contenidos psicosexuales están entroncados mayormente con las etapas oral y fálica y de todos los objetos (en el lenguaje psicoanalítico objeto es cualquier elemento, incluido algún humano, que satisface alguna necesidad) de los que el hombre dispone en la infancia para la satisfacción de sus necesidades. Entre ellos es la madre, o sus sustitutos, o sus representantes, el objeto amoroso abrumadoramente presente en la poesía inicial de Vallejo. En el lenguaje psicoanalítico son oriundos de la etapa oral los siguientes contenidos inconscientes: la estrecha y simbólica vinculación que Vallejo establece entre amor y alimentación, o lo que es lo mismo, entre objetos ingeribles y objetos amorosos. La dependencia marcada frente a la mujer amada, llamada anaclítica como la del niño de pecho en relación a su madre, la idealización de la mujer hasta el punto de considerarla una especie de auxiliar mágico, la que salvaguarda o debería salvaguardar como la madre al hijo, de todos los peligros, por más extraños y graves que estos sean. Los oriundos de la etapa fálica son los siguientes contenidos inconscientes: la disociación del amor en sus contenidos instintivos, por una parte, y de sus componentes espirituales por otra, es decir la disociación de la ternura y de la sensualidad. Consecuencia de esta disociación es la imagen diversificada de la mujer, una buena para “amar” y otra para hacerla presa de los instintos exclusivamente. La identificación de la amada con la madre da como resultado una especie de amor maternizado. Por lo dicho hasta aquí, el amor en la poesía primigenia de Vallejo no es sino una forma pasivo receptiva de complejo de Edipo no resuelto. Nada de esto quita la insólita belleza que tienen estos poemas. Más adelante, a lo largo de toda su producción, la poesía amorosa de Vallejo llegará a su madurez y los complejos infantiles serán resueltos para siempre.
VII
Es difícil sacudirse del asombro que causa, como ya hemos dicho, la lectura del primer poema de Los heraldos negros, y dentro de él la frase, “golpes como del odio de Dios!" ¿De qué está hablando Vallejo? ¿Cómo es posible que asocie Dios con la palabra odio? Dios en la concepción cristiana es la personificación de la bondad y del amor, pero también es el representante de la ley. Y toda ley supone normas de estricto cumplimiento. Faltar a la ley supone hacerse acreedor a un castigo. En la frase, Dios, parece sin embargo algo humano, odia. Y ese es el motor de varios de los poemas de Los heraldos negros. En el poema “ Los dados eternos” escribe:
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marías que se van!
Dios mío, si tu hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios:
pero tú que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre, el Dios es él.
Sin embargo en el poema “Dios” escribe:
yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.
El tema de Dios nos catapulta al asunto de la familia, que tanta importancia tiene para César Vallejo. Vallejo en Los heraldos negros escribe sus textos desde la categoría de hijo. Es un adulto joven, que ha tenido, sin duda conflictos con sus mayores, que no aparecen casi en el texto, pero sí en su poesía posterior, como en el célebre poema “Piedra negra sobre piedra blanca” donde “le pegaban todos, sin que él les haga nada”. En sus poemas iniciales hay profundo afecto por los padres físicos y por los hermanos, como puede advertirse en el poema “Enereida”, uno de los pocos textos llenos d optimismo del libro, alegría que proyecta al futuro donde “habrá empanadas”. Los padres, en otros poemas, son evocados con mucha ternura. La relación con la compañera, enamorada, novia, ya la hemos detallado, pero tenemos que añadir que se trata de una relación a veces con rasgos infantiles, y que no se proyecta a un futuro familiar. Vallejo en ningún momento se ve como fundador de una familia. En el proceso de maduración de un individuo, hombre o mujer, hay un momento en el que adquiere una adultez física, que es capaz de procrear, pero esa es una primera escala que no tiene todavía una maduración emocional. Pasa un tiempo y esa capacidad, esa plenitud empieza a ser adquirida, con la posibilidad de tener pareja y convivir, primero de modo ocasional, y después de manera duradera, lo que en cierta manera, está ligado a la llegada de los hijos. En el plano amoroso, como bien se sabe, Vallejo no fue muy afortunado en sus relaciones amorosas, en especial con Otilia Vallejo Gamboa, su sobrina, Gavina Salamanca López, María Rosa Sandoval, quien murió pronto, y Zoila Aurora Cuadra. No es azar por eso que escribiera en su poema “Amor” estas palabras:
Amor no te quiero cuando estás distante
rifado en afeites de alegre bacante,
o en frágil y chata facción de mujer.
Amor, ven sin carne, de un icor que asombre;
y que yo, a manera de Dios, sea el hombre
que ama y engendra sin sensual placer!
César Vallejo, en todo el tiempo que le tocó vivir después de la publicación de Los heraldos negros, superó muchos de los conflictos de su personalidad de aquellos años. Liquidó esa agonía cristiana, esa ambivalencia frente a la deidad, muy parecida a la de Unamuno; siendo marxista, no se ocupó más del tema de Dios, de manera directa por lo menos, y mantuvo los valores éticos del cristianismo que hizo coincidir con los postulados humanistas del marxismo, la que aunado a su gran pericia poética, dio vuelo inusitado a una poesía que no tiene parangón en todo el orbe hispano. Y fue capaz de tener relaciones amorosas sostenidas, estables y memorables, como la que tuvo con su esposa Georgette, que dieron poemas notables, como aquel “Palmas y guitarra” en el que escribe:
Ahora, entre nosotros, aquí,
ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven contigo, hazme el favor
de quejarte en mi nombre y a la luz de una noche teneblosa
en que traes a tu alma de la mano
y huimos en puntillas de nosotros.
Hoy recordamos y celebramos al César Vallejo universal. Nada de lo que fue después hubiera sido posible si no hubiese escrito Los heraldos negros, un certero anuncio de lo que sería una gran poesía.
Bibliografía básica
César Vallejo. Obra poética. Prólogo y notas de Marco Martos. Glosario de Elsa Villanueva, Martha Muñiz, Marco Martos y Agustín Panizo. Lima. Peisa. 2014.Stephen Hart. César Vallejo. Una biografía literaria. Lima. Editorial Cátedra Vallejo. 2014
Xavier Abril. Vallejo. Buenos Aires. Ediciones Front. 1968.
César Vallejo o la Teoría Poética. Madrid. Taurus. 1963.
Enrique Azálgara Ballón. Temática de Vallejo. Tesis presentada en la Universidad Nacional de San Agustín. Arequipa 1945.
André Coyné. César Vallejo y su obra poética. Lima. Letras peruanas. 1957.
César Vallejo. Buenos Aires. Nueva Visión. 1968.
Alberto Escobar. ¿Cómo leer a Vallejo? Lima. P.L. Villanueva. 1973.
Luis Monguió. César Vallejo, vida y obra. Lima. Editora Perú Nuevo. 1960.
Antenor Samaniego. César Vallejo. Lima. Juan Mejía Baca. 1954.
Saúl Yurkievich. Fundadores de la poesía hispanoamericana. Barcelona Barral. 1961.
Elsa Villanueva. La poesía de César Vallejo. Lima. Compañía de Impresiones y publicidad Azángaro. 1951.
Aula Vallejo. Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. N 1. 1961. N 2.3 y 4. 1962. 5,6 y 7, 1967. 8,9 y 10, 1971.
Visión del Perú. Revista de Cultura. N 4. Homenaje Internacional a César Vallejo. Lima, 1969.
sábado, noviembre 01, 2025
Amapola por Marco Martos
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miércoles, octubre 15, 2025
HAIKUS CLÁSICOS 8 : Yosa Buson Bajo la lluvia de verano El sendero Desapareció

HAIKUS CLÁSICOS 8 : Yosa Buson Bajo la lluvia de verano El sendero Desapareció

HAIKUS CLÁSICOS 8 : Yosa Buson
Bajo la lluvia de verano
El sendero
Desapareció
jueves, agosto 21, 2025
HAIKU 1 : Tagami Kikusha-Ni (1753-1826) Religiosa budista.
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HAIKU 1 : Tagami Kikusha-Ni (1753-1826) Religiosa budista.
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HAIKU 1 : Tagami Kikusha-Ni (1753-1826) Religiosa budista.
Deseo partir
Peinada de luna
Bajo el cielo errante
miércoles, agosto 20, 2025
HAIKU : Ogawa Shushiki (1669-1725) Oaki y Ume Shuhuki
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HAIKU : Ogawa Shushiki (1669-1725) Oaki y Ume Shuhuki
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Ogawa Shushiki (1669-1725)
También conocida como Oaki y Ume Shuhuki
Cuidado.
La contemplación del cerezo
embriaga.
Despierta
de este sueño
veré el violeta de los iris*
miércoles, julio 23, 2025
Poemas de Jorge Guillén Advenimiento
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| Poemas de Jorge Guillén Advenimiento |
Poema de Jorge Guillén.
Advenimiento
¡Oh luna, cuánto abril,
qué vasto y dulce el aire!
Todo lo que perdí
volverá con las aves.
Sí, con las avecillas
que en coro de alborada
pían y pían, pían
sin designio de gracia.
La luna está muy cerca,
quieta en el aire nuestro.
El que yo fui me espera
bajo mis pensamientos.
Cantará el mi señor.
En la cima del ansia.
Arrebol, arrebol.
Entre el cielo y las auras.
¿Y se perdió aquel tiempo
que yo perdí?. La mano
dispone, dios ligero,
de esta luna sin año.
Amor dormido
Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la noche desvelada, bajo la luna presa?
tu soñar me envolvía, soñado me sentí.
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FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG
CONFUCIO
"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG
"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro... Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro." Octavio Paz.
XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.
WONG WU YONG MI GUERRERO VALIENTE
INQUEBRANTABLES
"Uno pertenece a dónde se le quiere, se le ama, se le desea, se le siente.... y en repetidas ocasiones se le extraña, pero sobretodo dónde se le demuestra"




