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viernes, marzo 01, 2024

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.


 

jueves, marzo 31, 2022

El Aleph Jorge Luis Borges

 

Jorge Luis Borges


El Aleph de Jorge Luis Borges


O God, I could be bounded in a nutshell
and count myself a King of infinite space.

Hamlet, II, 2


But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nunc-stans (ast the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hic-stans for an Infinite greatnesse of Place.

Leviathan, IV, 46

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón... No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.

Beatriz Viterbo murió en 1929; desde entonces, no dejé pasar un treinta de abril sin volver a su casa. Yo solía llegar a las siete y cuarto y quedarme unos veinticinco minutos; cada año aparecía un poco más tarde y me quedaba un rato más; en 1933, una lluvia torrencial me favoreció: tuvieron que invitarme a comer. No desperdicié, como es natural, ese buen precedente; en 1934, aparecí, ya dadas las ocho, con un alfajor santafecino; con toda naturalidad me quedé a comer. Así, en aniversarios melancólicos y vanamente eróticos, recibí las graduales confidencias de Carlos Argentino Daneri.

Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oxímoron* es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no sé qué cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur; es autoritario, pero también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en él. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos. Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padeció la obsesión de Paul Fort, menos por sus baladas que por la idea de una gloria intachable. "Es el Príncipe de los poetas de Francia", repetía con fatuidad. "En vano te revolverás contra él; no lo alcanzará, no, la más inficionada de tus saetas."

El treinta de abril de 1941 me permití agregar al alfajor una botella de coñac del país. Carlos Argentino lo probó, lo juzgó interesante y emprendió, al cabo de unas copas, una vindicación del hombre moderno.

-Lo evoco -dijo con una animación algo inexplicable- en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines...

Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora, convergían sobre el moderno Mahoma.

Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura; le dije que por qué no las escribía. Previsiblemente respondió que ya lo había hecho: esos conceptos, y otros no menos novedosos, figuraban en el Canto Augural, Canto Prologal o simplemente Canto-Prólogo de un poema en el que trabajaba hacía muchos años, sin réclame, sin bullanga ensordecedora, siempre apoyado en esos dos báculos que se llaman el trabajo y la soledad. Primero, abría las compuertas a la imaginación; luego, hacía uso de la lima. El poema se titulaba La Tierra; tratábase de una descripción del planeta, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresión y el gallardo apóstrofe**.

Le rogué que me leyera un pasaje, aunque fuera breve. Abrió un cajón del escritorio, sacó un alto legajo de hojas de block estampadas con el membrete de la Biblioteca Juan Crisóstomo Lafinur y leyó con sonora satisfacción:

He visto, como el griego, las urbes de los hombres,
los trabajos, los días de varia luz, el hambre;
no corrijo los hechos, no falseo los nombres,
pero el voyage que narro, es... autour de ma chambre.

-Estrofa a todas luces interesante -dictaminó-. El primer verso granjea el aplauso del catedrático, del académico, del helenista, cuando no de los eruditos a la violeta, sector considerable de la opinión; el segundo pasa de Homero a Hesíodo (todo un implícito homenaje, en el frontis del flamante edificio, al padre de la poesía didáctica), no sin remozar un procedimiento cuyo abolengo está en la Escritura, la enumeración, congerie o conglobación; el tercero -¿barroquismo, decadentismo; culto depurado y fanático de la forma?- consta de dos hemistiquios gemelos; el cuarto, francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfadados envites de la facecia. Nada diré de la rima rara ni de la ilustración que me permite, ¡sin pedantismo!, acumular en cuatro versos tres alusiones eruditas que abarcan treinta siglos de apretada literatura: la primera a la Odisea, la segunda a los Trabajos y días, la tercera a la bagatela inmortal que nos depararan los ocios de la pluma del saboyano... Comprendo una vez más que el arte moderno exige el bálsamo de la risa, el scherzo. ¡Decididamente, tiene la palabra Goldoni!

Otras muchas estrofas me leyó que también obtuvieron su aprobación y su comentario profuso. Nada memorable había en ellas; ni siquiera las juzgué mucho peores que la anterior. En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores. Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros. La dicción oral de Daneri era extravagante; su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces, trasmitir esa extravagancia al poema1.

Una sola vez en mi vida he tenido ocasión de examinar los quince mil dodecasílabos del Polyolbion, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton registró la fauna, la flora, la hidrografía, la orografía, la historia militar y monástica de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso que la vasta empresa congénere de Carlos Argentino. Éste se proponía versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Septiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carecían de la relativa agitación del prefacio. Copio una estrofa:

Sepan. A manderecha del poste rutinario
(viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)
se aburre una osamenta -¿Color? Blanquiceleste-
que da al corral de ovejas catadura de osario.

-Dos audacias -gritó con exultación-, rescatadas, te oigo mascullar, por el éxito. Lo admito, lo admito. Una, el epíteto rutinario, que certeramente denuncia, en passant, el inevitable tedio inherente a las faenas pastoriles y agrícolas, tedio que ni las geórgicas ni nuestro ya laureado Don Segundo se atrevieron jamás a denunciar así, al rojo vivo. Otra, el enérgico prosaísmo se aburre una osamenta, que el melindroso querrá excomulgar con horror pero que apreciará más que su vida el crítico de gusto viril. Todo el verso, por lo demás, es de muy subidos quilates. El segundo hemistiquio entabla animadísima charla con el lector; se adelanta a su viva curiosidad, le pone una pregunta en la boca y la satisface... al instante. ¿Y qué me dices de ese hallazgo, blanquiceleste? El pintoresco neologismo sugiere el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano. Sin esa evocación resultarían demasiado sombrías las tintas del boceto y el lector se vería compelido a cerrar el volumen, herida en lo más íntimo el alma de incurable y negra melancolía.

Hacia la medianoche me despedí.

Dos domingos después, Daneri me llamó por teléfono, entiendo que por primera vez en la vida. Me propuso que nos reuniéramos a las cuatro, "para tomar juntos la leche, en el contiguo salón-bar que el progresismo de Zunino y de Zungri -los propietarios de mi casa, recordarás- inaugura en la esquina; confitería que te importará conocer". Acepté, con más resignación que entusiasmo. Nos fue difícil encontrar mesa; el "salón-bar", inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis previsiones; en las mesas vecinas, el excitado público mencionaba las sumas invertidas sin regatear por Zunino y por Zungri. Carlos Argentino fingió asombrarse de no sé qué primores de la instalación de la luz (que, sin duda, ya conocía) y me dijo con cierta severidad:

-Mal de tu grado habrás de reconocer que este local se parangona con los más encopetados de Flores.

Me releyó, después, cuatro o cinco páginas del poema. Las había corregido según un depravado principio de ostentación verbal: donde antes escribió azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para él; en la impetuosa descripción de un lavadero de lanas, prefería lactario, lacticinoso, lactescente, lechal... Denostó con amargura a los críticos; luego, más benigno, los equiparó a esas personas, "que no disponen de metales preciosos ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero que pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro". Acto continuo censuró la prologomanía, "de la que ya hizo mofa, en la donosa prefación del Quijote, el Príncipe de los Ingenios". Admitió, sin embargo, que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado por el plumífero de garra, de fuste. Agregó que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprendí, entonces, la singular invitación telefónica; el hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco fárrago. Mi temor resultó infundado: Carlos Argentino observó, con admiración rencorosa, que no creía errar en el epíteto al calificar de sólido el prestigio logrado en todos los círculos por Álvaro Melián Lafinur, hombre de letras, que, si yo me empeñaba, prologaría con embeleso el poema. Para evitar el más imperdonable de los fracasos, yo tenía que hacerme portavoz de dos méritos inconcusos: la perfección formal y el rigor científico, "porque ese dilatado jardín de tropos, de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad". Agregó que Beatriz siempre se había distraído con Álvaro.

Asentí, profusamente asentí. Aclaré, para mayor verosimilitud, que no hablaría el lunes con Álvaro, sino el jueves: en la pequeña cena que suele coronar toda reunión del Club de Escritores. (No hay tales cenas, pero es irrefutable que las reuniones tienen lugar los jueves, hecho que Carlos Argentino Daneri podía comprobar en los diarios y que dotaba de cierta realidad a la frase.) Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes de abordar el tema del prólogo, describiría el curioso plan de la obra. Nos despedimos; al doblar por Bernardo de Irigoyen, encaré con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban: a) hablar con Álvaro y decirle que el primo hermano aquel de Beatriz (ese eufemismo explicativo me permitiría nombrarla) había elaborado un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofonía y del caos; b) no hablar con Álvaro. Preví, lúcidamente, que mi desidia optaría por b.

A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme el teléfono. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz de Beatriz, pudiera rebajarse a receptáculo de las inútiles y quizá coléricas quejas de ese engañado Carlos Argentino Daneri. Felizmente, nada ocurrió -salvo el rencor inevitable que me inspiró aquel hombre que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba.

El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habló. Estaba agitadísimo; no identifiqué su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuceó que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.

-¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! -repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.

No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo; además, se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese delicadísimo rasgo; mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y los obligaría a abonar cien mil nacionales.

El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Daneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor -explicó, aligerada su dicción por la angustia-. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¿El Aleph? -repetí.

-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que es inajenable mi Aleph.

Traté de razonar.

-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?

-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

-Iré a verlo inmediatamente.

Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás... Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.

En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. El niño estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías. Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores. No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:

-Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.

Carlos entró poco después. Habló con sequedad; comprendí que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición del Aleph.

-Una copita del seudo coñac -ordenó- y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Ya en el comedor, agregó:

-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio... Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz.

Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpecían un ángulo. Carlos tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio preciso.

-La almohada es humildosa -explicó-, pero si la levanto un solo centímetro, no verás ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

-Tarumba habrás quedado de tanto curiosear donde no te llaman -dijo una voz aborrecida y jovial-. Aunque te devanes los sesos, no me pagarás en un siglo esta revelación. ¡Qué observatorio formidable, che Borges!

Los zapatos de Carlos Argentino ocupaban el escalón más alto. En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear:

-Formidable. Sí, formidable.

La indiferencia de mi voz me extrañó. Ansioso, Carlos Argentino insistía:

-¿Lo viste todo bien, en colores?

En ese instante concebí mi venganza. Benévolo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo, agradecí a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su sótano y lo insté a aprovechar la demolición de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli, que a nadie ¡créame, que a nadie! perdona. Me negué, con suave energía, a discutir el Aleph; lo abracé, al despedirme, y le repetí que el campo y la serenidad son dos grandes médicos.

En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.


Posdata del primero de marzo de 1943. A los seis meses de la demolición del inmueble de la calle Garay, la Editorial Procusto no se dejó arredrar por la longitud del considerable poema y lanzó al mercado una selección de "trozos argentinos". Huelga repetir lo ocurrido; Carlos Argentino Daneri recibió el Segundo Premio Nacional de Literatura2. El primero fue otorgado al doctor Aita; el tercero, al doctor Mario Bonfanti; increíblemente, mi obra Los naipes del tahúr no logró un solo voto. ¡Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia! Hace ya mucho tiempo que no consigo ver a Daneri; los diarios dicen que pronto nos dará otro volumen. Su afortunada pluma (no entorpecida ya por el Aleph) se ha consagrado a versificar los epítomes del doctor Acevedo Díaz.

Dos observaciones quiero agregar: una, sobre la naturaleza del Aleph; otra, sobre su nombre. Éste, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al disco de mi historia no parece casual. Para la Cábala, esa letra significa el En Soph, la ilimitada y pura divinidad; también se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra, para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el símbolo de los números transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. Yo querría saber: ¿Eligió Carlos Argentino ese nombre, o lo leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le reveló? Por increíble que parezca, yo creo que hay (o que hubo) otro Aleph, yo creo que el Aleph de la calle Garay era un falso Aleph.

Doy mis razones. Hacia 1867 el capitán Burton ejerció en el Brasil el cargo de cónsul británico; en julio de 1942 Pedro Henríquez Ureña descubrió en una biblioteca de Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el Oriente a Iskandar Zú al-Karnayn, o Alejandro Bicorne de Macedonia. En su cristal se reflejaba el universo entero. Burton menciona otros artificios congéneres -la séptuple copa de Kai Josrú, el espejo que Tárik Benzeyad encontró en una torre (1001 Noches, 272), el espejo que Luciano de Samosata pudo examinar en la luna (Historia verdadera, I, 26), la lanza especular que el primer libro del Satyricon de Capella atribuye a Júpiter, el espejo universal de Merlin, "redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio" (The Faerie Queene, III, 2, 19)-, y añade estas curiosas palabras: "Pero los anteriores (además del defecto de no existir) son meros instrumentos de óptica. Los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que el universo está en el interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central... Nadie, claro está, puede verlo, pero quienes acercan el oído a la superficie, declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor... La mezquita data del siglo VII; las columnas proceden de otros templos de religiones anteislámicas, pues como ha escrito Abenjaldún: En las repúblicas fundadas por nómadas es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería".

¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

A Estela Canto


1. Recuerdo, sin embargo, estas líneas de una sátira que fustigó con rigor a los malos poetas:

Aqueste da al poema belicosa armadura
De erudicción; estotro le da pompas y galas.
Ambos baten en vano las ridículas alas...
¡Olvidaron, cuidados, el factor HERMOSURA!

Sólo el temor de crearse un ejército de enemigos implacables y poderosos lo disuadió (me dijo) de publicar sin miedo el poema.

2. "Recibí tu apenada congratulación", me escribió. "Bufas, mi lamentable amigo, de envidia, pero confesarás -¡aunque te ahogue!- que esta vez pude coronar mi bonete con la más roja de las plumas; mi turbante, con el más califa de los rubíes."

domingo, enero 16, 2022

Los dos reyes y los dos laberintos Jorge Luis Borges

 

Los dos reyes y los dos laberintos
Jorge Luis Borges


Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muerto...

viernes, septiembre 24, 2021

El muerto Jorge Luis Borges

 
El muerto
Jorge Luis Borges

 

El muerto por Jorge Luis Borges


Que un hombre del suburbio de Buenos Aires, que un triste compadrito sin más virtud que la infatuación del coraje, se interne en los desiertos ecuestres de la frontera del Brasil y llegue a capitán de contrabandistas, parece de antemano imposible. A quienes lo entienden así, quiero contarles el destino de Benjamin Otálora, de quien acaso no perdura un recuerdo en el barrio de Balvanera y que murió en su ley, de un balazo, en los confines de Río Grande do Sul. Ignoro los detalles de su aventura; cuando me sean revelados, he de rectificar y ampliar estas páginas. Por ahora, este resumen puede ser útil.

Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.

Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo.) El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.

Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.

Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado, pero satisfecho también.

El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.

Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.

Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.

Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso sí, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.

Entra después en el destino de Benjamín Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.

Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jefe y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.

Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.

La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:

-Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.

Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.

Suárez, casi con desdén, hace fuego.

sábado, abril 17, 2021

Las ruinas circulares Jorge Luis Borges

 

Las ruinas circulares Jorge Luis Borges


Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

sábado, septiembre 19, 2020

Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila

 
Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila

Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila

Cuando nazca de nuevo de éstas muertes que llevo
corriendo como alfiles por el tablero del tiempo
mientras se rompen los relojes de las tardes,
un otoño de espinas en mis montes eternos,
y la tierra me muerda las mochilas del alma
y la brisa me arranque de su seno materno.
Te buscaré en la rostro de los niños hambrientos,
en los ojos del mendigo que duerme sereno
sobre las grises veredas que el alba
le fue armando en sus infiernos
Cuando nazca de nuevo de ésta muertes que llevo
hurgaré los corazones de los pobres guerreros
para pedirles la paz de nuestro triste universo
¿Para qué matarnos entre hermanos?
¿Para que tener el mundo en duelo?
Cuando nazca otra vez, de tantas muertes que llevo
Te buscaré para amarte como te amé primero
aquellos años, en que los años, no dolían en el pecho
Para besarte entre cien lunas de cien cielos
y navegar en escarabajos hasta el umbral del recuerdo
Para mirarte exacta, como miran los ciegos
con el tacto preciso que se dibuja en tu cuerpo
Para gritar “Amor”, amor de humano completo
sin malicias, sin egoísmos, sin celos.
¡Ay! Mujer, cuando nazca de nuevo
en el frutal de la vida donde cuelgan los sueños
te traeré la dulzura que te negaron mis miedos,
y caminaremos gritando con lo mejor del silencio,
ese silencio que sellan nuestras bocas en el beso,
ese silencio augusto del gemido del deseo.
Caminaremos mirando la sonrisa de los pueblos,
y ya no tendremos frío, ni hambre, ni miedos
Solo un mundo para todos, sin llanto, sin recelos
Sin fronteras ni naciones, sin injurias ni despechos
Engendraremos muchos hijos a las orillas del río
bajo la luna enamorada de los espejos del cielo.-
¡Ay! Amor, espérame en el muelle
desnuda de congojas, para armar un nuevo mundo
cuando nazca otra vez, de tantas muertes que llevo.-



 

lunes, junio 29, 2020

Distancias por Walter Faila

Distancias por Walter Faila

Distancias por Walter Faila

El cáliz, la savia, la noche
Un cuarto improvisado, una lluvia desprolija
Todo va pasando como en un cráter austero
de piedras y palomas
Genocidios de estrellas bajo un cielo irresoluto.
Destemplada ciudad de hollines y de tangos
Formal, histérica y coqueta,
 Buenos  Aires es hoy una hembra frígida
Una colegiala buscando un tiempo en el espacio
Un duende de verónicas desnudas
Un encuentro, un adiós, una promesa, y luego…
una niña de seda detrás de algún teléfono
un patriota despatriado, un heraldo dormido.
Rocíos que mojan horas y llenan de algas los recuerdos.
¿Qué habrá detrás del tiempo aún no vivido?
¿Cuánto  cabrá en  la tumba
 donde se entierran las nostalgias?
Un dios de agua recorre con glamour el horizonte
Todo suena a paisaje urbano y amores mutilados
Distancias  que marcan pausas dentro de las distancias
Distancias que acercan sombras a la vera del camino
distancias que son eternas… cuando te vas de ti mismo.

Distancias por Walter Faila

 

 

martes, abril 21, 2020

Conociendo a Borges por Fanny Jem Wong

 
Jorge Luis Borges

 
Marco Extratextual
Conociendo a Borges

“Gran don de Dios que me dio
 en contradicción los libros y las noches”.

Jorge Luis Borges nace en Buenos Aires, Argentina un 24 de Agosto del año 1899. En 1914 se traslada a Europa en donde cursa el Bachillerato. En el año 1919 Ginebra hacia España.Regresa en 1921 a Buenos Aires y funda la revista “Proa” con otros intelectuales de la época. Borges publica su primera obra titulada “Fervor de Buenos Aires” de poemas en 1923.

Entre sus obras más destacadas se pueden mencionar:1944 su libro de relatos “Ficciones”, “Luna de enfrente” (1925), “El tamaño de mi esperanza” (1926), “El Aleph” (1949), “Otras inquisiciones” (1960), “El Hacedor” (1964), “Elogio de la Sombra (1969), “Cuaderno San Martín”, “Evaristo Carriego”, “Discusión”, “Historia de la Eternidad”; “El informe de Brodie” (1970); “El libro de arena”.

En 1961, su trabajo es recompensado con el Premio Internacional de Literatura, fue considerado como un clásico vivo de las letras hispánicas. Sus temas más habituales eran el universo, el tiempo, la perplejidad metafísica, los muertos que vivían en él, el lenguaje, la patria, la suerte de los poetas entre otros.

Borges es descrito como un “Filósofo de la poesía y poeta de la Filosofía”.Sus obras son consideradas verdaderos enigmas ontológicos, es decir la visión del ser en toda su amplitud. Recurriendo siempre a un lenguaje perfecto  y formal dirigido a la universalización de las ideas.

La magnitud de los trabajos de Borges permiten a los lectores una aproximación a la literatura filosófica; teología; mitología comparada; semiótica o estudio de las imágenes; lingüística; a las ciencias del lenguaje de la cábala; a la alquimia; folklore; la narrativa y mucho más. Era un verdadero amante de lo oculto, fuente inagotable  de estudio e inspiración a para estudiosos de diversas especialidades de la élite intelectual.

La de Borges, en especialmente la poética, está llena de nostalgia por los barrios pórtenos y por aquellos paisajes pampéanos en que guachos armados defendían su honor. Le fascinaba conversar sobre Platón y de Heráclito de Efeso, Cervantes, Quevedo, Henry Jannes, Stevenson, Coleridge.Se preocupaba por los temas sobre el tiempo, el eterno retorno, los números transfinitos y de la expansión del universo tema en en particular le apasionaba.

Borges logró convertir a la metafísica en una rama de la literatura fantástica.Una variable que es constante y  tenazmente se reiterada en su obra es la hipótesis de que la realidad en que vivimos es un sueño, poblado de seres misteriosos que habitan en bibliotecas y laberintos; ajenos al tiempo, ya que el tiempo es sufrimiento y muerte.Lo que  me da una idea de que posiblemente sus conocimientos ocultistas y teosóficos fueron amplios.Pero el remoto murmullo del hombre de carne y hueso acaba por hacerse escuchar en el universo entero . Y es así  que Borges, deja entrever sus más entrañables angustias y pasiones, en varios de sus trabajos poéticos y en un relato cuyo título es “Historia de los ecos de un nombre”, es  aquí es gran escrito deja ver los sentimientos elementalmente humanos.
Es el momento en que Jorge Luis Borges, luego de haber refutado el tiempo, escribe, bella y conmovedoramente: “And yet, and yet... negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos...  El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

Muere en el año 1986 en Ginebra y es reconocido como uno de los más grandes poetas y un mago de las letras.Son escasos los escritores que han logrado que su apellido se transforme en un adjetivo. Así decimos borgiano para caracterizar un estilo, una situación, un mundo en donde solo se recuerda a los verdaderamente grandes. Un argentino ceremonioso de maneras elegantes, el gran pensador brillante, un historiador de fantasías, un lúcido cazador de historias le dio a la literatura  universal un nuevo giro de 180 grados.



Conociendo su Obra “El Aleph”

“Dios es esferoide,
pues la naturaleza del mismo
es una esfera infinita,
 cuyo centro está en todas partes
 y la circunferencia en ninguna”.

En su obra “El Aleph” Borges comienza con dos citas, una del psicoliterato William Shakespeare y otra de Hobbes. Ambas citas preparan al lector para ingresar al tema de lo infinito, del espacio en donde no existen los límites, del tiempo sin fin; es decir de la Eternidad.

Ambos fenómenos el Infinito y la Eternidad se dan simultáneamente en su magistral obra “El Aleph” uno de los más importantes textos de todo el volumen titulado igual.

En este cuento se sintetizan los rasgos esenciales de la estética borgeana, centrándose la preocupación del poeta en las narraciones entre la realidad y el lenguaje, en las proyecciones de su experiencia personal e individual del mundo a un código que es común.  Borges se esforzó siempre en poder compartir lo que con palabras no se puede describir con sus lectores.

La trama de la narración incluye un poema en prosa que es tal vez, una de las páginas más memorables que haya escrito Borges: y esta es la descripción del Aleph, el punto del espacio que contiene todos los puntos, es decir la visión del “INCONCEBIBLE UNIVERSO”.Un círculo eterno, sin principio, simbolo no solo de lo universal sino también de lo eterno.

Para Borges si un hombre desea experimentar el sufrimiento, no necesita sentir todo el sufrimiento del universo para conocerlo. Una emoción bien vivida es suficiente para tener una idea de lo que es dicha emoción en toda su inmensidad.

Borges describe al Aleph como un núcleo de lo inefable, porque parece inútil el tener que recurrir a un ordenamiento conceptual para hacer lo que sólo la poesía puede transmitir y la intuición de aquellos que pueden sentirla puedan  recoger.

El texto presenta una estructura de dos elementos como todos los demás. El punto de fractura de las dos partes se da cuando se menciona por primera vez al Aleph, justo al centro mismo. En una conversación telefónica, Carlos Argentino Daneri manifiesta a Borges su temor de que la demolición de su vieja casa le arrebate al Aleph que está en el sótano, porque necesita seguir viéndolo para terminar de redactar su “Opera magna” el poema titulado “Canto Augural”.

El objetivo del cuento es mostrarnos en contraposición intentos de transmitir la visión total proporcionada por el milagroso Aleph: “Canto Augural” de Carlos Argentino (1ra parte) y el poema en prosa que el narrador y protagonista Borges, nos hace leer como parte de su narración (2da parte).

A partir de ahí, se  puede comprender la minuciosidad con que se describen los hábitos y gustos poéticos de Carlos Argentino y su poema resultado de su vana inspiración en el Aleph.

¿El espacio y el tiempo?

Borges, en la penúltima versión de la realidad puntualiza:

“Creo innecesaria la oposición entre dos conceptos incontrastables de espacio y tiempo... Por lo demás, acumular espacio no es lo contrario de acumular tiempo: es uno de los modos de realizar esa para nosotros única operación”.

El relato se inicia con la muerte de Beatriz Viterbo, de quien Borges en le cuento estaba enamorado.El narrador siente que el universo cambia al apartarse de ella, pero él no quiere aceptarlo.Cuando vivía Beatriz esta  había rechazado su amor. Pero muerta es el objeto de la devoción de Borges. Una constante que podemos ver en muchas relaciones reales, no solo literarias .La dualidad entre lo dinámico y lo estático abstraíble, siempre con intención filosófica, aflora variadas veces a lo largo del  relato.

Resulta paradójico entonces que Borges, que quiere alegarse con la memoria de Beatriz y del incesante y vasto universo y acabe contemplándolo en su totalidad...Beatriz se constituye así  en el objeto idealizado del amor de Borges, quien decide conmemorar los aniversarios visitando periódicamente al padre y al primo de Beatriz, Carlos Argentino Daneri  un pintoresco intelectual.

Daneri, viene a ser el puente narrativo entre dos polos, mientras que Borges es el  narrador y el  protagonista, enamorado eterno  de Beatriz y  mantiene una curiosa relación con Daneri, el primo de ella. Esta relación es alimentada constantemente por la memoria compartida de Beatriz y a la vez  se desdobla en dos vertientes: la primera, Argentino, poeta cuya mediocridad se ve acentuada por el uso de vocablos franceses y por su poema “La Tierra”, en el que pretende agotar en imágenes la totalidad del globo. La segunda, la que lleva a Borges a contemplar en el sótano de Daneri el Aleph, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistas desde todos los ángulos.

Borges tachó el eclecticismo descabellado de la mala literatura. Tan abrumadora es la mediocridad de Daneri que, hasta con el concurso del vertiginoso Aleph, éste es incapaz de  poder producir un solo verso inspirado. La ironía con que se tratan el lenguaje y las ideas estéticas de Carlos Argentino Daneri es irreproducible; no bastan, para mostrar ésta espléndida caricatura. La intención crítica de Borges es  aquí ineludible, y mientras Daneri fue galardonado con el segundo Premio Nacional de la Literatura, Borges, cuya obra no consigue ni un solo voto, se consuela con la contemplación del Aleph.

Daneri, fue un prototipo de ineptitud elevada en el ámbito nacional; como sugiere su segundo nombre, Argentino, él creyó poder subliminar la realidad y la experiencia con imágenes de otras imágenes, con conceptos falsos. Daneri pretende que su poema “La Tierra” sea un Aleph, un Aleph de palabras, basándose en un depravado principio de ostentación verbal.

Daneri, elimina el espacio, desbarata la experiencia, que es el tiempo vivo. Sin el equilibrio espacio – tiempo que sostiene a la experiencia, la obra de Daneri se torna ridícula.

Cuatro versos que lee a Borges:

“He visto, como el griego, las urbes  de los hombres,
Los trabajos, los días de varía luz, el hombre;
No corrijo los hechos, no falseo los nombres,
Pero el voyage que narro, es... autow de ma chambre.

Borges pensaba:

-Estamos muy lejos de la experiencia como tiempo vivido. He visto; aquí, es la expresión de un espectador, no de un participante. El uso de vocablos (neologismos) franceses acentúa el ridículo...

¿Por qué el autor insiste en juicios adversos sobre el caricaturesco escritor?

En la segunda parte del relato se verá que es posible escribir un poema mejor que el “Canto Augural”, que el trabajo esta en la poesía propiamente y no en las razones para que sea admirable. La excelencia poética no tiene nada que ver con la fama o con la obtención de premios literarios.

Borges nos ofrece una visión del Aleph sin necesidad de inventar razones para ser admirable.Carlos Argentino, no tenía inspiración, necesitaba copiar el Aleph para terminar su poema, es por esta razón que busca el consejo de Borges.

La casa vieja de Daneri en cuyo sótano se hallaba el Aleph, y que estaba a punto ser demolida. Daneri descubre el Aleph antes de la edad escolar, es decir antes de poder conceptualizar que es el universo, pero por desgracia se estanca en esta etapa. Por eso su reiteración infantil, ¡Es mío!, ¡Es mío! Es por esta razón que desaprovecha al Aleph y esto le lleva a hacer mala literatura.

Carlos Argentino es un autorretrato caricaturesco del mismo Borges, es físicamente muy parecido a él. El cuento “El Aleph inaugura una búsqueda, pero a la vez cierra una etapa, dejando atrás los primeros relatos que se parecían más al ensayo, para ir al encuentro de una escritura clásica, personal, y despojada de ambiciones.

En sus memorias Borges, señala que los mejores relatos aparecen durante el periodo de “El Aleph”. Carlos Argentino es para Borges mucho más que una autocrítica porque evoca todo un estilo literario y un tipo de intelectual argentino del que Borges se aparta.

En armonía con los rasgos literarios de Carlos Argentino, el autor también ofrece un retrato coherente con otros aspectos y se contemplan con la semblanza de Beatriz. Argentino es resentido y ambicioso en lo que se refiere a la vida mundana; admirador del prestigio de las familias tradicionales. Es vulgar y poco auténtico.

Beatriz es una mujer idealizada por el amor, como la Beatriz de La Divina Comedia, inalcanzable, pero se convertiría vista desde el concepto del Aleph, en una Beatriz real: prostituída y corrupta. Mientras que el autor se ensaña con la vulgaridad de Carlos Argentino, Beatriz será retratada en imágenes fijas que sólo ofrecen al enamorado visiones parciales. Sin embargo, cuando Borges va a descender al sótano para ver al Aleph, Argentino anunciará amenazante: “Podrías entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz”. Y resulta que en verdad la Beatriz imaginaria, dejará ver su verdadero rostro. Pero no se dará oposición entre las imágenes adoradas por Borges y las proporcionadas por el Aleph, pues no existen dos Beatrices, sino una sola vista desde todos los ángulos.

Beatriz en el relato es la portadora de la verdad, objeto último del conocimiento. Representa el único elemento de la primera parte del texto que incluye el poema En la segunda parte, se describe la visión aléphica. También en la Divina Comedia Beatriz es la mujer amada inalcanzable, amada por Dante, pero, tal vez, como presenta Borges, Dante sólo pudo hallarla en el Infierno en la imagen de Paolo y Francesca, “Oscuros emblemas de esa felicidad que él no alcanzó”.

La Beatriz del Paraíso y la de las fotografías, la que está en lo  más alto, es sugestiva e ideal y por lo tanto incompleta. La Beatriz diabólica, es verdadera porque es total. Borges sintió que Dante inconscientemente envidiaba la suerte del amante Paolo, tal vez también Borges del cuento, sin saberlo, tiene celos de su rival que ha podido recibir, al menor las “cartas obscenas, increíbles, precisas” de Beatriz. Nada dice de esto, pero concibe una venganza: va a hacerle creer a Carlos Argentino que nada ha visto, que el Aleph es una proyección de su locura.

También el descenso al sótano se presta a establecer una analogía con el Paraíso y el Infierno de Dante, de lo alto y lo bajo como sustento de la oposición entre realidad e imaginación, tal como se viera en “El inmortal” y “La escritura del dios”.

El camino que se hace para conocer a Beatriz, es el camino para conocer la realidad, el universo. El ser humano ha de descender a lo más bajo, aceptar la humillación, para conocer la verdad, a sí mismo y al universo, y llegar finalmente a la sabiduría “No se puede llegar a una posesión total de la realidad y de uno mismo si no es por la vía difícil de aceptar humillación, pesar y sufrimiento.”

La eterna ley de la bipolaridad existente en cada cosa creada está todas juntas en el Aleph, como lo están en Beatriz.La verdad no es otra cosa que el todo, pero conocerla no es fácil y lo peor resulta muy peligroso acercarse a ella.

En la primera parte del texto Beatriz, está en los brazos de la muerte y en la mente del genial Borges. En la segunda, es un Aleph en el Aleph. El Aleph es una visión universalizada. Borges en la primera parte del relato, adora las muchas perspectivas de Beatriz llenas de sugestión, la Beatriz de Aleph es un cadáver que deja ver la imagen de su amor.

Aleph y Zahir son dos formas concebibles de comprensión de la realidad. Pero la comprensión que proporciona Zahir es incomparable por ser incompleta y, por lo tanto es falsa. La verdad por esta razón se da sólo a través de la visión aléphica, simultánea y absoluta.

¿Y qué es el Aleph?

El Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo, es  la letra que contiene a todas las demás. Para la cábala esta es  la letra que produce el universo entero. El Aleph, sin embargo, en el cuento es descrito como una esfera cuyo diámetro es de dos o tres centímetros.

Para Borges es una figura perfecta y uniforme porque todos los puntos de su superficie guardan la misma distancia del centro. Para Borges Dios era esferoide, pues la naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

Para Borges el espacio y el tiempo no son categorías contrastables. Ya que si Dios está en cada cosa que existe, el universo puede definirse a partir de cualquiera de sus criaturas; por esta razón el universo puede estar en cualquier parte y la circunferencia en ninguna; por eso Daneri y Borges pueden ver al Aleph pero de manera distinta.

Borges en sus relatos propone los opuestos ya que responde a una clara necesidad de ampliar su visión respecto de las cosas, de ver las dos caras de la moneda a la vez en cada cuento que plantea, partiendo de lo particular a lo universal y de lo concreto a lo genérico.

En el Aleph el centro de la esfera y su circunferencia se funde en un mismo punto. Daneri el superficial, concibe el Aleph no como lo absoluto del universo, sino como su simulacro estético, el microcosmo de alquimistas y cabalistas. Para Borges el Aleph es el inconcebible universo, es la simultaneidad del tiempo y del espacio, es lo que ningún hombre ha mirado. Para Borges al Aleph representa el centro de todo y es indescriptible en palabras, encontrándose así ante una imposibilidad estética. ¿Cómo podría pues transmitir a otros el infinito Aleph?

Borges plantea que todo lenguaje es místico, paradójico, es literatura, entonces no puede hacer otra cosa que utilizar esta literatura para describir al Aleph. Por su parte Daneri hará lo mismo para describir al Aleph pero a través de mala literatura. C. Wheelock dice que un Zahir destruye un Aleph, pensando en los nombres de los propietarios de la casa de Carlos Argentino Daneri que va a demolerla: se llaman Zunino y Zungri, y Zunni el abogado defenderá al inquilino demostrando que su Aleph enajenable.

Si se piensa en “El Aleph” abría que decir que un Zahir completa un Aleph pues no son antagónicos, sino que son los extremos de una serie que supone infinitas posibilidades combinatorias, como el alfabeto que va de la A a la Z y que permite los sonidos de infinitos matices que empleamos los hombres para comunicarnos.

Si pensamos en “El Aleph”: así como en la imagen idealizada y parcial de Beatriz se completa en la visión total. Visión total que puede destruirla, si se toma en cuenta que la idealización del amor de Borges, el recuerdo de Beatriz, es destruida por la verdad. La relación entre el Zahir, que oculta todo excepto a sí mismo, y el Aleph, que permite una visión total, es mantenida viva y actuante; no se da en oposición competitiva sino en momentos específicos y distintos en cada texto, que en su juego  dialéctico aproximan o alejan al hombre de la verdad. La verdad, a su vez, no debe convertirse en Zahir o dogma.

El Aleph debe de ser materialmente destruido y olvidado ya que si permanece sería insoportable y se convertiría en un Zahir. El Aleph es una visión total un momento, un instante gigantesco, pero puede haber otros Aleph en el tiempo, pero, nunca el mismo.

En el cuento “El Aleph” hay una posdata que posee una función de andamiaje filosófico del relato que es tan complejo para encajarlo en la trama sin perjudicar a los personales y al equilibrio narrativo de la obra. En la posdata, fuera del cuento, Borges puede puntualizar sobre dos aspectos: la naturaleza del Aleph y su nombre.

Es  por lo tanto imposible ignorar el simbolismo de la palabra disco, que corresponde a la forma percibida del Aleph. El Aleph para la Cábala, significa Dios, puro, infinito. No sorprende, que Borges, a la sombra de la cábala, conjeture que el Aleph de la calle Garay sea un falso Aleph. El referirse a los números transfinito, lleva a considerar que el Universo se da entero a cada instante y en cualquier lugar. Borges esta de acuerdo que si se compara dos series de números, en algún momento la parte equivale al todo, el universo está hecho de ínfimos universos, que a su vez contienen el universo, y hasta el infinito.

Al final del cuento el poeta ha de ir siempre persiguiendo otro Aleph, el verdadero, dudando de haber dicho la verdad definitiva, de haber logrado escribir el mejor poema. Para Borges el verdadero Aleph es invisible y está en todo lo que existe.

La destrucción del Aleph señala la perfectibilidad del espíritu humano. Para Borges llega la calma a través del olvido que cubre su experiencia, ese tiempo ido que también desgasta los rasgos de Beatriz.

La parte somos cada uno de nosotros, nosotros somos ínfimos universos; la parte de materia que equivale a la materia. Cada ciencia que existe nos da una posibilidad de interpretación. Hay así tantos Aleph como individuos existen.

Para Borges todos los Aleph conocidos son objetos espectaculares, falsos, inexistentes producto de meros instrumentos de la óptica. Ya que el verdadero Aleph, no puede verse, pero sí puede oírse, presentirse, la visión aléptica es una construcción del espíritu y no es un mero reflejo de la realidad y del universo tal como un espejo puede reflejar.

El verdadero Aleph es invisible, es un ideal lejano, antiguo y permanente. Para Borges lo importante es buscar la verdad, preocupación tan antigua como el mismo mundo y que los hallazgos del espíritu humano son universales, porque gracias a él la humanidad a progresado. Se observa también el conflicto entre todo lo que transcurre y lo que permanece. En el texto se postula: que el lenguaje es sucesivo y la visión del Aleph, simultánea. El autor necesita por lo tanto  conciliar la circularidad y la linealidad temporal, lo que permanece y lo que cambia.

El poeta que vive en la sucesión temporal y es mortal, solo accede por breves instantes a la vivencia de la simultaneidad temporal que es la Eternidad y de la totalidad empírica. Solo a través del arte, la poesía puede recoger estos momentos. El poeta, pues seguirá buscando, siempre insatisfecho otros momentos parecidos, otros Aleph.

En este mundo lleno de pequeñas y de enormes diferencias individuales Carlos Argentino y Borges son muy distintos, por esta razón es que en el cuento se muestran los poemas escritos por ambos para que el lector establezca las comparaciones.

En “El Aleph” el poeta marca las distancias, reafirma su identidad actual, sus creencias y deja entrever una vida dedicada a la creación auténtica que poco o nada tuvo que ver con la fama y los premios, mientras que Carlos Argentino produce cantidad y no-calidad.

La coincidencia de ambos poetas en la contemplación del Aleph sólo sirve para acentuar sus diferencias ante los resultados, cuando uno y otro se comunican su visión.Con el correr del tiempo la rivalidad entre Borges y Carlos Argentino se hace menos agresiva.

Carlos Argentino logra publicar su obra y ganar premios literarios, mientras que Borges con su otra “Los Naipes del Tahúr” no consigue nada. Cabe mencionar que dicha obra de Borges fue en la realidad una obra juvenil que Borges destruyó para no publicarla, según revela en sus Memorias.

El tiempo que ayuda a olvidar El Aleph y los rasgos de Beatriz también borra las asperezas y diferencias. El tono irónico caracteriza el relato del Aleph. Este cuento viene a ser una demostración por el absurdo de las condiciones de la creación poética.

Argentino es la antitesis mientras que Borges muestra lo que se debe hacer para lograr un objetivo. Borges toma conciencia de que las limitaciones de los hombres y del lenguaje como instrumentos para abarcar y transmitir la realidad y el peligro que encierra el caer en la literatura por oposición a la poesía. Borges expresa que para una nueva experiencia hace falta un nuevo lenguaje.

Borges refiriéndose al Aleph decía que no había pensado que el texto fuera una denuncia del realismo literario. Los especialistas opinan que el texto a través de Carlos Argentino Daneri, es una burla a la literatura falta de autenticidad más que una denuncia.

Borges  nos habla de varios tipos de Aleph, acústicos-visuales; desde el espejo de Iskandar Zu al – karnayn a un pilar de la mezquita de Amr en el Cairo. En otras historias hay espejos de tinta, como en el Yakub el Doliente, una moneda como en el Zahir, una Rueda celeste como en La escritura de Dios. Un libro también puede ser un Aleph y por extensión la biblioteca otro Aleph.

Borges logra convencer a Daneri de que todo el episodio del Aleph es una mera alucinación provocada por el trabajo y las preocupaciones. Y Daneri ante la posibilidad de que le pensaran loco se conforma.El Aleph es el punto de coincidencia del máximo y del mínimo absoluto en el tiempo y en el espacio. En ese macro y microcosmo están comprendidos dos la vida y la muerte; el infierno y el cielo; el dolor y la alegría; lo blanco y lo negro, el deleite y el horror; la fealdad y la belleza, toda la bipolaridad existente y también el sujeto y el objeto del conocimiento, de la verdad.

Borges manifestó que nada se multiplicaba, todo lo que existe, es una cosa única e infinita. Se multiplican los puntos de vista, no las cosas, así se universaliza la visión. La visión de tantas cosas “Sin superposición ni transparencia, solo puede tener lugar en el reducido espacio del texto poético, el no-lugar del lenguaje, el lugar inmaterial pero real del arte poético”.

Se podría afirmar que el Aleph es la perfecta poesía, como objetivo siempre buscado y nunca hallado del todo: perfeccionar y reinventar el lenguaje para que sea capaz de apresar la realidad, hallar una visión universal y total del mundo donde se unan la naturaleza y la cultura. La razón y la intuición no se contradigan con la acción, con el “Ser en el mundo” Borges dice que temía que no que quedara una sola cosa capaz de sorprenderle, que temía que no le abandonara jamás la impresión de volver. Para suerte de él, como lo manifestó al cabo de varias noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.”El olvido lo borra todo, hasta la querida memoria de Beatriz”.




ANÁLISIS DE DEUTSCHES REQUIEM
(1946)
“No existe el olvido,
nada puede quedar en simple casualidad.
El Universo es un río,
un cúmulo de experiencias”.


Lo primero que se debe de mencionar es que Borges, era antinazi. El propone que, a pesar de que fuese el nazismo derrotado, había logrado imponer la violencia como una forma de relacionarse en el mundo. Se trata de un relato interesante porque ofrece una perspectiva de interpretación sobre el real marco histórico: una visión del nazismo.
Deutsches Réquiem, es una obra de ficción y no un ensayo. Enfoca el tema de forma clara y coherente asociando una realidad histórica concreta. Es una biografía de un soldado nazi. A través de la cual Borges expresa sus sentimientos. Aquí el autor indaga el inexplicable entusiasmo de muchos partidarios porteños de Hitler al conocer la liberación de Paris.
La autobiografía de Zur Liside contiene tres momentos: El pasado o prehistoria del héroe, sus antepasados; el presente su trayectoria vital y su futuro como premonición y conquista del verdadero nazismo, en donde se resuelve la oposición. Los antepasados de Zur Liside destacaron por ser valientes militares. Otto es el heredero de esa vocación militar pero el destino lo desvía: él recibe una bala en la pierna y se la amputaron. Por estar inválido, se le aleja del campo de batalla y es nombrado subdirector de un campo de concentración.
Aquí la mutilación simboliza al hombre que esta dividido y su lucha consigo mismo.
“Mi carne puede tener miedo; yo, no”.

Es el hombre separado, era la carne y  el espíritu. Así ve Borges al nazi “Toda muerte es un suicidio: la violencia dirigida hacia otro no es otra cosa que la misma vuelta hacia el punto de partida, es decir hacia si mismo.
La víctima en este relato es David Jerusalén, un judío y poeta que simboliza a muchos otros que fueron víctimas de Otto Zur Liside. El sadismo extremo del verdugo aparece como un suicidio, como una especie de amputación de su  espíritu:

“Ignoro si Jerusalén comprendió que si yo lo destruí fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos no era ni hombre ni judío; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo de algún modo me había perdido por él: por eso fui implacable”.

Zur Liside conoce la obra de David Jerusalén, la admira, pero no puede permitirse ser débil y piadoso, él no entiende sus sentimientos contradictorios; pero más adelante la derrota le permitiría conocer la felicidad.
Borges manifiesta que es tan extraño que la victoria aterrase a la nariz, mientras que la derrota los entusiasmaba.“Deutsches Réquiem”, no solo se refiere a Europa sino también a la Argentina. Esta obra de ficción hace primar lo imaginario sobre lo conceptual.
En un primer momento la biografía de Otto Zur Liside se muestra un hombre mutilado no solo físicamente, sino también en otros aspectos: metal, espiritual y moral; Jerusalén representa la parte amputada. Lo triste es que en el cuento triunfa lo inmaterial y prospectivo del nazismo, como doctrina de una irracionalidad absurda.La historia trata sobre distintos modos de concebir el mundo precisamente porque trata de nazis y judíos.Zur Linde es la parte peligrosa o negativa y Jerusalén es la parte inofensiva.

Borges demuestra en el relato que el poeta real es solo una referencia sin cuerpo, que los personajes sufren y mueren, más reales que el poeta real.

“Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque el nuestro sea el infierno”.



Análisis de “La Escritura de Dios”
(1949)
“Sólo una cosa no hay es el olvido.
Dios que salva el metal salva la escoria.
Y cifra en su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está, los miles de reflejos
que tu rostro fue dejando en el espejo
y los que irá dejando todavía.
No tienen fin sus arduos corredores
y las puertas se cierran a tu paso.
Sólo al otro lado del ocaso
verás los arquetipos y esplendores”.



En este relato se trata sobre las coincidencias del máximo y del mínimo; del ser y del conocer; del ser humano y divino; del cuerpo físico y del espíritu; de estar prisionero y de la libertad; de la oscuridad y la luz; de lo profundo y lo alto. Todos estos opuestos que pretenden descifrar la escritura de Dios.

La escritura de Dios no es otra cosa que la simbolización del triunfo. En este relato se da una búsqueda, la búsqueda de la verdad, de lo divino, del universo mismo. Es una búsqueda de la conciencia, de la propia identidad, de las razones por las que se vive, por las que se existe. Es el hecho de existir de ser capaz de usar el raciocinio y la inteligencia. Es tratar de conocer las limitaciones de su ser. Es así como Tzinacán accederá a la verdad. Solo aceptando que no es omnipotente, siendo capaz de ser humilde puede llegar a conocer la divinidad ansiada.

En este cuento Tzinacán es un mago de la pirámide de Qaholom, que se encuentra prisionero en una cárcel circular en donde solo siente una aplastante y terrible sensación de opresión.Tzinacán esta lleno de sentimientos de sentimientos de ambivalencia, contradictorios, terribles, que se repiten en el sueño de granos de arena que se multiplican infinitamente condenándolo al cautiverio, a la angustia, a la desesperanza. Extraña sensación contraria a la de sentirse el “Elegido” quien puede ser capaz de entender o descifrar la escritura de Dios.

Pero Tzinacán no es el único prisionero, también esta el jaguar y él puede verlo por una ventana, por donde el carcelero los alimenta y hace entrar la luz al mediodía. Una ventana que cada vez parece más alta con respecto a lo profundo en donde ellos se encuentran.

Tzinacán espera acostado la muerte, esta viejo y ni siquiera puede caminar. Fue duramente torturado por no decir en donde estaba el tesoro de Dios. Es un ser degradado, olvidado en un pozo que pareciera ser infinitamente profundo.

Tzinacán descubre el consuelo cuando acepta su realidad irreversible, y se dedica a evocar sus conocimientos, sus recuerdos. De pronto cree que su último destino es el de ser un sacerdote de Dios, capaz de entender su escritura. Es a partir de allí que renacen las esperanzas.

Tzinacán inicia en si mismo la búsqueda y recuerda que el jaguar era uno de los dones de Dios y experimenta nuevamente alegría. Tzinacán tuvo la posibilidad de advertir lo que tenía frente a los ojos, su compañero el jaguar cautivo, él era parte de su vida cotidiana, ahora tenía que descifrar el misterio. Ir mucho más allá de lo que los ojos pudieran ver.

Durante muchos años el viejo Tzinacán aprovechaba cada mancha de la piel del jaguar, sus formas, el orden, la configuración y todo lo que logrará ver y más, mucho más.Tzinacán cree que comprendiendo el mensaje escrito comprenderá al universo entero y que así será posible acceder a la verdad y al poder. Todo esto es una reflexión sobre el lenguaje y el uso que le da un escritor, sobre el status que este le otorga.

Cuando Tzinacán acepta su realidad, se libera de sus obsesiones y esta es la razón por la cual él llega a bendecir su trágica realidad. Aquí se infiere que ninguna escritura por más perfecta que aparente ser, puede llegar a ser comprendida si se da fuera del contexto que la abarca y la contiene.

Tzinacán, adquiere la visión total de lo que es el  universo y es por esto que se olvida de si mismo, de su propia identidad. Él se convierte en nadie, porque esta inmerso en lo divino y ya no es posible la acción. El hace coincidir el ser con el conocer, liberar su espíritu. Ya no es importante el poder que puede otorgarle el lenguaje, es ahora la capacidad de entender lo que le ofrece la verdadera dicha y la felicidad.
“Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo. El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados sino en todas partes, a un tiempo...”
“Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puedo pensar en un hombre, en sus tribales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él...”

                                         FANNY JEM WONG MIÑAN.





"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón."
JORGE LUIS BORGES





Análisis De
“Los Dos Reyes Y Los Dos Laberintos”



Cuenta el relato que un Rey de las islas de Babilonia llamó a sus arquitectos y a sus magos para decirles que deseaba construir un laberinto. Esta obra sería un escándalo, porque solo Dios y no los hombres poseen la capacidad de hacer semejante cosa le respondieron, pero la obra fue de todas formas realizada.

Al pasar el tiempo llega a la corte el Rey de los árabes y el Rey de Babilonia lo invita a entrar en el laberinto; en donde lo deja y este se pierde. El Rey confundido pide auxilio e implora a Dios  para que le ayude y  poder dar con la puerta de salida.Al parecer sus ruegos son atendidos y  logra salir de aquel angustiante laberinto, pero no se queja. Solo le dice al Rey de Babilonia que en Arabia tiene un laberinto mejor y que desea que algún día lo pudiera conocer.

Después de un tiempo el Rey de Arabia regresa a sus tierras no sin antes haber vencido al Rey de Babilonia, tomándole prisionero y  es así que amarrado lo lleva al desierto y le dice que él le había encerrado en un laberinto de escaleras, puertas y muchísimos muros. Pero que ahora era Dios, quien lo ponía en sus manos, para que le colocase en otro laberinto, sin paredes, muros, puertas, ni escaleras. Luego le desata y lo abandona a mitad del desierto, en donde el Rey de Babilonia muere de hambre y de sed.

En este relato el autor expresa que Dios no puede liberar al hombre de lo que fue. De los muchos hombres que antes ha sido. Que puede llegar quizás el olvido a su mente o a su conciencia, pero no se olvidar su esencia, sus vidas pasadas. El laberinto es la vida misma del hombre y este puede ser víctima no solo de sus errores sino de su propia soledad y de sus acciones

Laberinto

No había nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni extremo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la
embestida del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.

“El círculo de la vida no tiene ni comienzo ni final.Nadie puede escapar a su destino. El hombre nunca podrá escaparse de si mismo, ni de sus actos. La vida que es infinita, se encargará de cobrarle lo que le deba a cada hombre o mujer en el instante preciso de esta o de otras vidas. Los laberintos representan esas vidas, los laberintos no son físicos, no son tangibles. Cada hombre tiene el suyo y en él quedará preso si así lo mereciera”.
JEM WONG
A JORGE LUIS BORGES

Tú, Calumniador del tiempo
Merecedor del olvido.
Tu viva voz no tiene nombre
Se agazapa ante el Imperio de los días
Le salta adoso a la historia.
Tiempo vertiginoso y mudable es tu tiempo
De innumerables momentos en el momento
De historias palabras a la historia
(Aquí en la tierra solo llega el eco de tu voz que resuena amplia en el Olimpo
ahora eres lo que quisiste ser, como Ulises. Nadie
ahora eres muchas palabras y un gran poema escrito en el Universo.
Ahora no eres un hombre ni todos lo hombres eres la idea.
Ahora flotas vagamente en el mañana y en las mañanas de los hombres.

Jeamel Flores



La Derrota

La derrota tiene una dignidad
que la ruidosa victoria merece.
J. L. Borges

Es un día incierto
de luz endrina
-la primavera golpea el alma
como el mal tiempo al cuerpo-
por un atajo veo la vida transcurrir
irme calladamente hacia la mujer que seré
que amo y odio
forjada de renuncias queridas e inevitables
y
desde un mediodía radiante
contemplando con orgullo el descenso
irme hacia el ocaso
abrazar la noche
sumarme al tiempo
-esa frágil sustancia-
con la tranquila seguridad que te otorga la derrota.

Jeamel Flores



Análisis del Cuento
Emma Zunz (1948)



Este relato es una isla dentro del texto total del Aleplf, es la historia de una venganza de su planeamiento y de su ejecución que termina en un asesinato.Aquí Borges analiza las motivaciones más profundas de la conducta de Emma Zunz la asesina.
Emma posee dos móviles para convertirse en verdugo, uno de carácter imaginario al comienzo y verdadero más tarde y el otro que en sus inicios es real y luego no. Emma se hace violar para establecer una coartada perfecta para un crimen planeado de antemano. Refiriéndonos al relato la protagonista era una joven obrera que recibe una carta en donde se le informa de la muerte de su padre, llamado Emmanuel Zunz.Ella se siente mal, culpable y temerosa, llora durante todo el día por el suicida. Su padre había sido un cajero de la misma fábrica en donde Emma trabajaba y fue acusado de desfalco, apresado y exiliado. Antes de separarse de su padre Emma se juró vengarse del culpable un personaje llamado Aarón.Loewenthal, en ese entonces gerente y ahora dueño de la fábrica.

Emma planea todo con cuidadosa anticipación y se declara siempre en contra de la violencia. Había para ese momento rumores de que  en la fábrica de una huelga. Con esas declaraciones Emma establecía su primera coartada.Cabe mencionar que Emma rompe una carta que recibiera pues esta podría indicar el móvil del crimen e incriminarla.

Al enterarse de la llegada de Loewenthal, Emma  va al Paseo de Julio, y busca un marinero de un barco sueco que no sabe español. Se marcha con él a un prostíbulo y se hace violar. Emma para asegurar una buena coartada  se auto castiga, pues piensa cometer un asesinato. Ella deseaba vengar a su padre ya que la justicia humana no lo hizó. Pretende ser la mano de la Justicia Divina. Mataría a Loewenthal alegando defensa propia para poder asi vengar a su padre. Pero para que la justicia de los hombres le creyese el hecho tendría que ser lo más  real que le fuera posible.

Ella una joven que repudiaba a los hombres, busca en  la degradación y en el ultraje de su cuerpo con el marino credibilidad. Pero mientras era violada ya no pensaba en la muerte de su padre. Sino en el asqueroso acto al que era sometida y en lo que su padre hacía a su madre seguramente.

La venganza de la muerte del padre entonces actúa como simplemente aquí como el motivo predisponente y es sustituido por otro móvil que actuará como detonante; es decir el vengar el ultraje del propio cuerpo. Es así como Emma de una motivación intelectual, lejana y fría, pasa a una motivación real, objetiva, dolorosa, física.

En la historia se dan dos etapas que se pueden analizar  claramente: En la primera como Emma planea la venganza y prepara la coartada. En la segunda la ejecución propiamente de dicha venganza. Aclarando que ya no solo vengaría a su padre muerto sino también a su cuerpo ultrajado.

Emma parte en busca de Loewenthal, mientras se repetía que este debía de morir. Pero las cosas no salen como se  las había planeado porque  más urgente no fue  el vengar a su padre sino vengar el ultraje que ella misma había planeado. Es así como Emma saca un revolver del escritorio de Loewenthal. Este regresa hacia ella trayéndole el vaso con agua que momentos antes la mujer le pidiera. La muchacha no pronuncia ningún discurso acusador tantas veces pensado y  solo le dispara. Él cae en medio de insultos.

Emma un a vez  que ha cometido el asesinato prepara el lugar  de la escena cuidadosamente y llama a la policía. Cuenta que el Sr. Loewenthal la llamó a su oficina con el pretexto de la huelga y la había atacado. No tuvo más remedio que matarlo. La historia a pesar de parecer increíble resulta para todos  verdadera, solo cambia el escenario, el tiempo, algunas circunstancias y uno que dos nombres propios.

“Cuantas veces las verdades son disfrazadas por los hombres con el objeto de justificar nuestras conductas o acallar las conciencias  y los demás pueden llegar  quizás a creerse  nuestra versión de los acontecimientos. Pero en lo profundo de nuestros corazones estará grabada la única verdad que pretendemos ocultarnos a nosotros mismos, sin éxito. “ 
JEM WONG

"Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara"
JORGE LUIS BORGES





Análisis “El Inmortal” (1947)



Borges buscó en este cuento  el efecto que causaría en los hombres la inmortalidad, pretendió y logró establecer una especie de bosquejo de lo que sería la ética para inmortales.

En el relato plantea una opción fundamental en donde los personajes pueden elegir entre ser mortales o inmortales, entre ser humanos o ser  monstruos, entre pensar o dejar de  hacerlo, en aceptarse a  sí mismo  o no aceptarse. Ya que la condición inmortal implica una pérdida de la propia identidad.

Aquí Borges cuando narra la biografía de un personaje, en realidad la de él  mismo  en tres tiempos (Una trinidad: son tres en uno o no es nadie). En la narración pareciera que se cuenta la historia de dos personajes, pero en realidad se trata de tres. Se presenta un narrador ficticio, que también es un personaje, confundido entre los otros dos personajes. Algo complicado pero no imposible de llegar a comprender.

En el texto se presenta un viaje. La imagen de Ulises y la Odisea se reitera varias veces y, la narración fue hecha también por Homero, se podría describir como el ascenso a los infiernos. El viaje se inicia en el mundo de los mortales en búsqueda de la ciudad de los inmortales. El encuentro con la ciudad buscada y luego el regreso, para seguir con una serie de revelaciones, hasta llegar al río que le devuelve su condición humana y mortal y la añorada muerte en el mar.

Para Borges el hombre de arriba es un reflejo del hombre material el único real. Los seres humanos contamos con identidad personal y estamos sujetos al tiempo que es lo real y verdadero. En el relato La Ciudad de los Inmortales es irreal, sin tiempo, ni sentido es por esto fácil de olvidar, para Borges salir de ella era como salir del Infierno.

Joseph Cartaphilus uno de los personajes, es un anticuario cuyo nombre significa “Amante de los libros”, que vende un ejemplar de la Iliada de Pope, en cuyo último tomo se encuentra un manuscrito. El enigma del cuento es descubrir  la identidad de Cartaphilus.

Marco Flaminio Rufo otro de los personajes, es un  tribuno romano de la época de Diocleciano se arroja a descubrir en los desiertos la Ciudad de los Inmortales.
Mientras de un jinete ensangrentado llega hacia él y muere en sus plantas, este personaje buscaba “El río que purifica de la muerte a los hombres” y antes de morir le dice donde se encuentra dicho lugar. Es entonces que al tribuno se propone buscar el río y la ciudad.

Es así que recluta para su empresa a mercenarios pero su búsqueda se torna un verdadero infierno en medio del desierto, padeciendo de sed y de terror, Marco es preso del miedo y de horribles pesadillas.

Luego hacen su aparición unos hombres de feo aspecto, rudos, con barba y desnudos, aparentemente trogloditas. Y Marco preso de la sed se lanza hacia abajo y se hunde en aguas oscuras. Después de beber, se pierde en sus sueños y delirios, conociendo el olvido y la degradación. No duerme, pero nada de esto le aleja de su propósito de llegar a la Ciudad de los Inmortales.

En su largo caminar encuentra un pozo y desciende a “Una Ciega Región De Laberintos”, los supera y llega hacia un círculo de luz. Es decir llega a la ciudad. La ciudad representa ser la imagen de la falta de sentido y de finalidad capaz de anular a cualquier hombre; allí no existen valores como en el mundo de los hombres, pues los atributos humanos no son válidos.

Aquí aparece la identidad del personaje pequeño que persigue al viajero, como perro entre las sombras y que lo esperaba en la entrada de la caverna Homero. Un Homero degradado, sin identidad, sin escritura, sin conocimientos, sin su odisea.

Más adelante Homero recupera la memoria, la conciencia y revela a Rufo cómo es la Ciudad de los Inmortales.En las revelaciones se encuentra que los trogloditas son los Inmortales y  el riachuelo oscuro el causante de la inmortalidad. Rufo ya es en este momento del relato inmortal.

La ética para los inmortales es su ausencia, en ellos no hay tiempo ni para el bien, ni para el mal. Entonces ningún mérito tiene, el haber escrito la Odisea siendo inmortal ya que la identidad del hombre se confunde y se pierde, pues no hay individualidades creadoras.Los inmortales solo cuentan con el placer de la especulación. Los personajes todos y cada uno rechazar finalmente la inmortalidad, es decir rehuyen al pensamiento como única aspiración humana.

Para Borges:”El pensamiento solo, cortado de la creatividad y de la acción no es humano.” Y como todo esta regido por las famosas compensaciones o la llamada ley de los opuestos, si existe un río que puede dar la inmortalidad, deberá existir otros que la borren. Porque todo lo que existe posee su propia negación. Se inicia de esta manera  la búsqueda de la muerte para alejarse de la monotonía de vivir eternamente.Es así que se inicia la separación de Homero y Rufo pero sin decirse adiós pues son uno solo.Iniciandose de esta manera  la odisea del decepcionado viajero. Pasa mucho tiempo y encuentra el río buscado y beber de sus aguas, se lastima la mano, sangra y descubre que es nuevamente mortal. Recupera el sueño perdido y la felicidad.

Aquí el narrador señala la historia de dos hombres y remarca todos los indicios que tiene el texto: son ciertas cosas que solo tienen sentido dichas por Homero,
“La historia que he narrado parece irreal porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos”.

Pero por los datos que se dan en el texto podremos observar  que el personaje Cartaphilus, también es Homero: el nació en Esmirna, murió en el mar y fue enterrado en Los como Homero.

El gran Borges narra así la historia de tres personajes: Homero, Rufo y Cartaphilus

El Homero inmortal del cuento no sabe hablar y lo que escribe es ininteligible: los signos se mezclan como las letras de los sueños. En cambio, el relato de Cartaphilus-Borges se dirige en respuesta. La historia se puede contar porque su autor y protagonista ha optado por la condición mortal, después de haber vivido en el infierno del sin sentido y la degradación de los inmortales. Borges se identifica con Homero para darse cuenta después de que prefiere seguir siendo Borges y contar el cuento.

Cartaphilus es el mismo Rufo y el mismo Homero, que nueve siglos después ha cambiado de oficios y culmina como el lector, el anticuario y copista.Y también Borges lo es, debe mantenerse fuera para poder contar su historia, y poder decir lo que significa el ser escritor. Es así que Cartaphilus escribe su biografía cuando se sabe nuevamente mortal.

Rufo cuando llega a ser inmortal pero sin saberlo, es Homero el que presenta la dimensión intelectual de la aventura de Rufo. Uno actúa, vive la experiencia y es el otro el que explica el sentido de dicha experiencia. Es la palabra la que obra el milagro, Rufo y Homero, el soldado y el poeta se convierten en una misma persona.

En el cuento  “El inmortal el autor comunica  de bella he inteligente que los tres personajes son uno, pero esto no es muy claro, ya que los enigmas son sumamente complejos de descubrir y depende ese descubrimiento del ojo del observador y de su capacidad de ver con tres ojos lo que el común de lectores  no hace pues solo ve con dos.Finalmente “El Inmortal” sugiere la vanidad y el sin sentido de la inmortalidad.

FANNY JEM WONG

Análisis
Biografía de Tadeo Isidoro Cruz
(1829 - 1874)

“El tiempo no existe, porque el pasado ya fue.
El presente no lo podemos coger y el futuro es incierto”.

En esta historia Borges presenta al tiempo y la Historia en forma de biografía y muestra como personaje vital a Tadeo Isidoro Cruz. En este relato se busca comprender las motivaciones humanas más profundas de esas actitudes que podrían calificarse como traición.

Tadeo Isidoro es un desertor, como lo es Martín Fierro. La historia presenta que el pasado del personaje  que se opone a su presente, es decir se produce un progreso solo aparente, el gaucho asesino se transforma en sargento de la policía rural, pero el cambio es solo  ficticio.

 Tadeo Isidoro Cruz guarda su verdadera esencia en lo más íntimo de su mismo, siendo así  capaz de volver a ser el marginado social y el perseguido, como Martín Fierro. La doble identidad del personaje, es la  que determina la dinámica existente en la integración de un orden a otra, según el punto de observación, es decir el carácter de hombre capaz de integrarse o marginarse. Es de esta manera como la integridad y la marginalidad de un hombre con respecto a su historia y a su grupo, forman otra pareja de opuestos.

Tadeo Isidoro Cruz es hijo de un montonero que muere acorralado por la caballería de Suárez cuando sus soldados marchaban a incorporarse a las divisiones de López.

Cruz vivió en un mundo de barbarie. Con un grupo de gauchos troperos se dirigió a una ciudad, era hosco, muy desconfiado. Se dice que un peón se burla de él y Cruz lo asesina. Este huye perseguido por la policía y es acorralado como lo fuera alguna vez  su padre. Pelea ferozmente  pero antes de ser herido y desarmado.

Cruz es destinado a un fortín en la frontera. Como soldado, allí este  participa en viarias guerras civiles a veces en contra de su ciudad natal y en  otras  ocasiones a favor.

Es importante destacar: En primer lugar como es castigado Cruz y otra el tener que luchar sin saber ¿Por qué? ni ¿Para qué se lucha?  .Es decir el ser enfrentado a una serie de situaciones que no se  logran terminar de comprender.Luchando dentro de lo que era considerado un orden civilizado ya que pertenecía al ejército y luego a la policía. Pero en realidad él no pertenecía a ningún grupo, ni por ética, ni por afectos. Solo era un hombre cumpliendo órdenes que para él carecían de valor y de sentido.

Cruz se casa y es padre de un hijo, posee un pequeño terreno en el campo. En el año 1869 es nombrado policía rural con el grado de sargento. Pero la realidad era otra simplemente había asumido una falsa identidad.

Luego Cruz descubre nuevamente su identidad al encontrarse con Fierro. Se enfrenta a sí mismo, como quien se enfrenta a su imagen reflejada en el espejo. Los hombres no podemos engañarnos eternamente y Cruz enfrenta su realidad, él no logró integrarse a la sociedad.

Del hombre arisco, hosco, desconfiado,  se había transformado en un hombre sin identidad, autonomía y capacidad de decisión, sin alma.Él solo era ya una caricaturan sin personalidad y sin capacidad de elección y descisión.

Finalmente, Cruz recibe la orden de capturar y apresar a un bandolero que había asesinado a otro sujeto, se trataba de Martín Fierro natural de las tierras de Laguna Colorada en donde tiempo antes había muerto el padre de Cruz.
Cruz reconoció el nombre de aquel lugar y se inquietó. Cruz lo acorrala y en la tiniebla tiene la impresión de ya haber vivido ese mismo momento .Es aquí  en donde sese mezclan  las tres figuras, la del padre de Cruz cuando fue perseguido por un ejercito oficial, la del mismo Cruz cuando huía de la policía por el crimen que cometió y la de Fierro, figura con la que no puede evitar identificarse porque es la síntesis de las otras dos. Es así como la figura de Martín Fierro es el enigma manifiesto. Es la imagen de Cruz frente al  espejo.

Cruz en medio de la lucha cambia de bando, de combate y ya no en contra de Fierro sino a su lado, mientras grita que no va a “Consentir el delito de que se mate a un valiente”.

Lo que aquí ocurre, es que Cruz toma conciencia de sí mismo, descubre la necesidad de sí mismo, descubre la necesidad de saber ¿Dónde quiere estar? ¿A quién quiere pertenecer? ¿Cuál es su verdadero valor en la vida?  Logra encontrar su verdad y  por ende su libertad de ser. El valor del hombre marginado, solitario, cuyo único grupo de pertenencia son otros iguales a él. Es así que Borges nos presenta una dimensión oblicua de los valores y hasta una inversión.

 Los personajes en  esta historia como los que podemos observar en  otros relatos son: asesinos, traidores, verdugos, mediocres, y siempre el “Alter Ego” del  héroe que es, a la vez, la víctima. Fierro y Cruz ambos asesinos son rescatados porque Borges busca en ellos las motivaciones  más ocultas de su conducta.

Cruz no vuelve al pasado de hombre perseguido y solitario, ahora está al lado de Martín Fierro. Ahora no esta solo, se vuelve solidario con uno igual a él, que sufre y sufrió como él, que encima es valiente como él desea llegar a serlo.

Cruz ya no es ni será el mismo de antes. Ahora conoce la verdadera libertad de poder  elegir así sea  un ser un marginal, es su decisión. Su deserción se vuelve un acto de valentía. La presencia de Fierro en la historia solo sirve como instrumento necesario para la toma de conciencia de Cruz.


En el relato Borges manifiesta que para poder un hombre cambiar debe lograr la realización plena de sus verdaderos valores. El lograr poder  asumir como propias las normas y los valores del grupo al que pertenecemos, para una integración real y no ficticia. Ahora que cabe resaltar que no es tarea fácil pero es una obligación, un deber del hombre por el hombre.







"Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos."
 
JORGE LUIS BORGES


 


Analisis De La Casa De Asterion
(1947)

“Dios y el Universo es uno solo.
Un río de fuego y de movimiento”.



Este relato cuenta la historia de un ser que busca la verdad, la libertad y la paz para solo llegar a encontrar la muerte, este ser es Asterión hijo de una reina. En el cuento Asterión se defiende de supuestos ataques. Luego habla de su casa e insinúa los caracteres de un laberinto. Anderson Imbert señala que el enigma de la historia está relacionado con el minotauro y el laberinto, es decir la casa y el Asterión.

El personaje manifiesta que él no es prisionero como muchos creen. Analizando esto se encontrará que en verdad él no esta preso en una casa en donde no hay puertas cerradas, él este prisionero de sus propios miedos, del temor que otros despiertan en él. Si nos detuviesemos en nosotros mismos unos minutos y reflexionaramos, sin mucho esfuerzo nos daríamos cuenta de lo profundo y real de este hecho Por lo tanto no se trata de un pobre ser asustado. Borges lo presenta  como un monstruo malvado, que al nadie se acerca pues en realidad él siente más temor de los demás, que ellos de él. Por esta razón se encuentra condenado a vivir en la  soledad. Este ser se siente único, no cree en la escritura, no sabe leer. Este ser no es otro que el anti-Borges, es decir  su propia negación como maestro de las letras, de tal modo que ni siquiera posee el consuelo de comunicarse a través del lenguaje.

El personaje en un determinado momento descubre la identidad como una especie de juego imaginario, en donde se transforma en dos. “Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión”. De tal forma que su soledad no le resulta tan mala como cualquiera  creería.
La casa representa para Asterión su mundo, su universo, en donde todas las figuras existentes en él  repitiendose  una y otra vez, infinidad de veces en el tiempo.De esa  repetición infinita y confusa se retorna nuevamente a la dualidad de Asterión, pero esta vez no en forma imaginaria. Los dos Asteriones son dos realidades, una el sol arriba y otra Asterión abajo, que parecen ser distintos. Así tendríamos que el sol es el centro del universo físico y Asterión el centro del universo humano.

En este cuento Asterión mata pero él a su vez será matado por el que llama su redentor y no solo lo sabe, sino que le espera porque no se defiende de la espada de Teseo. Asterión así  busca su verdad, busca encontrar  respuestas, describe un ser con apariencia humana y rostro de toro, que no es otro que el Minotauro.
Asterión desea encontrar su verdad y la del otro. Él es según el final del cuento el minotauro y su redentor es Teseo. Según Carter Wheelock, Asterión sería un símbolo del aislamiento mental ante la realidad, una representación de la conciencia idealista.
 Por otro lado, el laberinto sería el universo conceptual. Asterión representa el fracaso del pensamiento y solo la muerte podría darle la libertad, para apartarlo de la confusión, de la complejidad de la conciencia.

Este cuento finalmente nos ofrece una visión de la lucha de identidad del Asterión.El monstruo, cruel, espantoso que da paso al hombre libre, real, total y por supuesto  pensante.

                                                                FANNY WONG MIÑAN





Análisis de “En busca de Averroes”
(1947)

Este cuento relata el proceso de una derrota. El personaje Averroes, es un médico, también un filósofo de origen árabe, quien fuese traductor y comentarista de Aristóteles. Acostumbraba escribir dicen que  con lenta seguridad, de derecha a izquierda. Averroes, escribió doce siglos después, no conocía el griego, ni el siríaco, tuvo de realizar sus traducciones basándose en traducciones de otros.

Él se encargó de buscar la traducción más adecuada de los términos “Tragedia” y “Comedia”. Es también él que hace coincidir el significante con el  significado, es decir las palabras y las cosas, el lenguaje y la realidad.

Cuando se escribe sobre la derrota de Averroes, en realidad se trata de la derrota del lenguaje ante la realidad. De esta forma es que  Borges, al narrar el “Proceso de la derrota”, estudia sus causas más profundas. Para él Averroes tradujo mal. Borges no comprendía como un árabe que no conocía el griego, ni el teatro entre otras cosas, podía de alguna forma llegar a encontrar el sentido verdadero de la “Tragedia” y de la “Comedia”.

El traducir implica el poder  comprender, conocer, interpretar e  inferir. La justificación de Averroes ante la humanidad sería la traducción y el comentario de Aristóteles. Borges el narrador se encontraba  de esta forma en  una situación similar tratando de interpretar la labor de Averroes. Borges en su biblioteca de Argentina como Averroes estaba encerrado en el ámbito del Islam, repite el infinito fracaso. Su narración es un símbolo de Borges en el instante mismo de escribirla. El acto de narrar la derrota de Averroes agrega algo del error de traductor árabe, no es solo un reflejo de él. Este cuento muestra una toma de conciencia en razón a los riesgos que se corren al tratar de interpretar el pasado, cuando la única herramienta con la que se cuenta, son los libros escritos por otros autores.Por lo tanto la verdad no es totalmente cierta, ni la mentira totalmente falsa.

Averroes no es un personaje histórico, él es solo una ficción:

“En el momento en que dejó de creer en Averroes, él desaparece”

Averroes, es el personaje que permitirá a Borges tomar conciencia de sus propias limitaciones. La reconstrucción de la historia en muchas ocasiones es un acto imaginativo. En otras el uso de las palabras a través del conocimiento adecuado a la realidad presente o pasada en donde se da el proceso no solo de observación conciente, sino también de la imaginación. El resultado de esto es que por ejemplo las circunstancias de una fábula, de un mito  u otro relato  que pueden  llegar en ocasiones falsas desde el punto de vista de la historia. De tal modo que si Averroes no hubiera existido, la causa de su error como comentarista de Aristóteles estaría arraigada en la verdad.

El relato tiene que ver con las razones por las que Averroes pudiera haber cometido errores en su interpretación. Con las limitaciones culturales y de conocimiento, con la responsabilidad y la conciencia personal de Averroes. Para él las palabras “Tragedia” y “Comedia”, no tenían, ni poseían el mismo valor cultural que poseía para los griegos o  para los chinos.

Borges manifiesta que Averroes es culpable de su fracaso  debido a sus propias limitaciones, ya que este pensaba que todas las verdades del universo entero debían estar en el Corán. Averroes era un ser cuadriculado, que se oponía a todo lo nuevo  hasta en lo que a la lingüística se refería. Ahora no solo aquí radica su error, sino también en desdeñar la realidad y en pretender que solo lo que ofrecen los textos es lo único verdadero.

Tal vez Averroes debió inventar palabras nuevas para denominar a la realidad que no conocía, pero debió preocuparse en primer lugar de enterarse qué era el teatro. Averroes pretendía encontrar todo en los libros, el significado y significante de cada cosa, dejando de lado la realidad que no solo es  más amplia sino  también mucho más rica.

Averroes es  así culpable de solo utilizar las posibilidades y la riqueza que le ofrecía el uso del lenguaje y los libros. No se permite a sí mismo conocer la cultura del mundo, del universo, de la naturaleza infinita del hombre que no estuviese escrita.

Averroes para poder entender a Aristóteles e interpretar de manera adecuada a la “Tragedia” y a la “Comedia” debía de haber comprendido todo el texto, la poesía y la estética aristotélica.

Averroes consultó innumerables libros, de grandes celebridades árabes para ir realizando su trabajo. En un momento determinado el juego de unos niños en la calle lo distrae. Los niños representaban una obra, pero no lograban ponerse de acuerdo en la repartición de los roles y empiezan a discutir. Averroes regresa a sus labores sin inmutarse, ni tomar importancia de lo observado. No entiende, ni ve la primera señal que la realidad le ofrecía sobre lo que él deseaba encontrar. Y como si fuese ciego no pudo ver lo que estaba frente a sus ojos. Esto nos lleva a reflexiones profundas sobre nosotros mismos  porque muchas veces somos ciegos y sordos frente a lo evidente.

Cuenta el relato que un personaje llamado Farach llega de China. Averroes opinaba como muchos que Farach era un gran farsante pero asiste a una cena en casa del mismo. En la casa de Farach se encontraban varios intelectuales: Abulcásim el viajero. Aldalmálick el poeta y Averroes.

Cuando se encontraban en el jardín empiezan a hablar de flores y opinaban que las rosas eran las más bellas, las más perfectas  perfectas. Es así como Farach el teólogo menciona la existencia de una variedad de rosa perpetua.

Aldalmálick el poeta y el traductor Averroes no creen en rosas con letras. Para ellos la escritura es un arte y la rosa simplemente es un producto natural. Para ellos la cultura y la naturaleza, son simplemente distintas por lo tanto  separadas.

Otro de los invitados opina que la escritura no es en realidad un arte.Todo lo mencionado no se da por simple casualidad: todo no hace más que aclarar porque Averroes se equivocó. Es en ese momento que los invitados le solicitan a Abuscásim que se refiera a alguna maravilla, pero este titubea antes de hablar. La razón de que el lenguaje muchas veces a pesar de ser rico y amplio, presenta estrechez para describir la inmensa realidad en la que el hombre vive.

Abulcásim empieza a contar la historia de una representación teatral que pudo presenciar en la China. El representa al hombre que conoce una y otra cultura, el que ha visto ampliarse los horizontes y narra la obra con entusiasmo y con lujo de detalles. Pero los invitados no aceptan lo contado y se refieren en forma despectiva a los actores como si se les hubiese hablado de locos. Al narrador nadie le comprendió, nadie quiso entender y entre ellos Averroes a quien la vida le mostraba nuevamente otra señal. El nuevamente fue el ciego que no pudo ver y el sordo que no pudo escuchar.

Podemos observar en este cuento una estructura binaria Averroes-Borges. El acto de escribir el relato por parte de Borges, es una clara muestra de la toma de conciencia de los riesgos del conocimiento de la historia y de que existe la posibilidad de un margen de error en la interpretación del pasado. La actitud crítica de Borges frente al comportamiento de Averroes es muy severa y sarcástica, se trata en realidad de una autocrítica.

“En la historia anterior quise narrar el proceso de una derrota. Pensé, primero, en aquel arzobispo de Canterbury que se propuso demostrar que hay un Dios; luego, en los alquimistas que buscaron la piedra filosofal; luego, en los vanos trisectores del ángulo y rectificadores del círculo. Reflexioné, después, que más poética es el caso de un hombre que se propone un fin que está vedado a los otros, pero sí a él. Recordé a Averroes, que encerrado en el ámbito del Islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia. Referí el caso; a medida que adelantaba, sentí lo que hubo de sentir aquel dios mencionado por Burton que se propuso crear un toro y creó un búfalo. Sentí que la obra se burlaba de mí...En el instante en que yo deje de creer en él, “Averroes” desaparece”.






Análisis del Cuento del Guerrero y
de la cautiva (1949)

Este relato también posee una estructura de tipo binario. En donde se presentan dos historias enfrentadas a un espejo, por lo que el resultado nos ofrece que una es el reflejo invertido de la otra. Las historias están planteadas antagónicamente pero si se observa con detenimiento ambas son una, la cara y el sello de una misma moneda. Planteamiento que Borges presenta en muchos de sus relatos.

El relato se inicia con la historia de un personaje llamado Droctulf, él era un guerrero lombardo que en el asedio de Ravena abandonó a los suyos y fallecido defendiendo la ciudad que antes había atacado. Los llamados raveneses, manifestando su gratitud y conmovidos, le enterraron y en su epitafio pusieron “Contempsik caros, dum nos amat ille, parentes” y en peculiar contraste figuras de aquel bárbaro simple y bondadoso.

Terribilis visu facies mente benignus Longaque robusto pectores barba fiut!

Esta era la historia del bárbaro que murió defendiendo Roma. Nunca fue un traidor, se le definió como un iluminado, un converso. Este hecho fue citado por Croce y el autor lo lee y se conmueve y dice: “Tuve la impresión de recuperar, bajo forma diversas algo que había sido mío”.

Borges, recuerda así una historia que escuchó de su abuela Fanny Aslam sobre una india rubia, que al vivir con los indios y absorbida por la cultura y costumbres de los mismos ya no deseaba volver a su tierra natal. Se había casado con un carpintero, a quien le dio dos hijos y era feliz a pesar de encontrarse entre luchas, marchas al alba, asaltos, saqueos, guerras, poligamia, etc.

En este cuento no le pertenecen a Borges ni la historia del bárbaro, ni la de la rubia india, pues son historias fidelignas, pero sí el mérito de mezclar ambas historias y convertirlas en una metáfora perfecta.

Para Borges ambas historias eran como los dos platillos que posee una balanza, para Borges ambas historias reunidas en una sola resultó ser  una especie de experimento, de ensayo ya que no se acostumbra mezclar de la manera como él lo logró espacios y tiempo tan separados.

Para Borges lo importantes fue cómo una verdad de carácter histórico podía servir como símbolo. La historia de Droctulf sirve como base para poder entender la conducta de la india inglesa. Borges parte de este conocimiento para entender el universo. Borges siempre pensó que no se necesitaba pasar por todas las experiencias que existen para entender una en particular. Para él una emoción o experiencia bien vivida permitirá conocer todo su universo.

El principal objetivo del cuento es lograr comprender la cultura en el tiempo y en el espacio y  su devenir histórico. Para Borges la aculturación de la india inglesa que vivió en las pampas Argentinas no es una regresión cultural o una traición a sus orígenes sino, una necesidad de carácter histórico, como también sucedió en otras épocas y en otras tierras con el guerrero Droctulf.

Borges magistralmente  logra establecer en el relato personajes de aspecto físico contrastables como por ejemplo ferocidad y dulzura, cualidades opuestas y normalmente irreconciliables.

El guerrero por su parte era devoto de los  dioses paganos y la india inglesa participaba de festines salvajes, uno se mueve en una geografía de selvas y de ciénagas, mientras que el otro, en el desierto.

Otro punto en común en ambos personajes es el señalar los motivos ocultos de la conducta de ambos al cambiar de bando en el caso del bárbaro y el deseo de no regresar a su país de la cautiva. Borges atribuye que se debió a un ímpetu secreto y no a la razón.

Droctulf es atrapado por la visión de la ciudad la cual representaba la máxima expresión de la cultura por oposición a la naturaleza. Borges  aquí también trata de justificar la conducta irracional de ambos personajes para Borges , el hombre que se adelanta a un proceso histórico es muchas veces mal entendido, es por esta razón de que no se debía entender como traición el comportamiento del guerrero, ni  yampoco el de la cautiva.

El autor de la cautiva relata que es feliz con su esposo y con los hijos que le dio por esta razón no desea irse del lugar. Pero por otro lado al colocar la historia en boca de su abuela, Borges no puede saber hasta que punto la situación de la cautiva era el producto de la fatalidad y del tiempo o si existía en ella una elección libre de su propio  destino.

Cuando la india desafía a la abuela de Borges poco después de la Revolución del 74, este desafió es entendido como una respuesta a la civilización, a la Inglaterra que la india ya no aceptaba. Pero el autor trata de expresar que quizás ambas posibilidades se combinan.

En el dominio de lo ético para Borges solo el devenir histórico podría llegar a  juzgar la lealtad o la traición de los personajes, ya que la fidelidad al grupo podría ser la traición a las leyes del mismo universo y del tiempo ya que el progreso puede convertirse en una acción de signo opuesto.

El Guerrero se convierte atraído por un nuevo orden, la cautiva se convierte porque sus valores cambian. El tiempo y la distancia transforman a los hombres y provoca grandes efectos.

Mientras que en el relato la abuela de Borges, Fanny Aslan se horroriza ante la figura de la india rubia “bárbara”. Él en cambio transmite con cautela el relato.Es de esta forma que Borges trata de entender la transformación, la conducta y no dejarse llevar por falsas impresiones.

Droctulf, fue censurado por los longobardos, como la cautiva por la abuela de Borges, pero la historia fue la única encargada de revelar que en ninguno de los casos se trató de traidores.Borges con su cuento y su arte, buscó superar las contradicciones y  es así que logra apartarse del maniqueísmo cultural.

Las enseñanzas que podemos obtener de esta historia son más que grandes sabias, si llegamos a comprender el fondo de lo que en ella se expresa  nos detendríamos en pensar dos veces antes de emitir juicios que en la mayoría de las ocasiones resultan ser  apresurados e injustos

FANNY JEM WONG






Análisis Del Cuento “La Otra Muerte”
(1947)

Se trata de un amigo que anuncia a través de una carta al narrador dos cosas aparentemente dispares: una la traducción de un poema de Waldo Emerson titulado “The Past” y la posdata de que Don Pedro Damián un antiguo amigo de ambos, que  había muerto y que en su delirio febril este había revivido la sangrienta jornada de Masoller.

La fiebre y la agonía de Damián, le sugirieron la composición de un relato fantástico sobre la derrota de Masoller. Para la que busca datos en la memoria de un militar que había formado parte de la campaña. El coronel Tabares habla de la guerra y presenta que Damián se había portado como un cobarde en Masoller, a pesar de creerse todo un valiente.

El narrador se siente desilusionado le habían destruido la imagen de su ídolo sin intención de hacerlo. Manifiesta haber preferido un personaje valiente y no un cobarde.

Amaro, es otro ex militante de la campaña de Aparicio Saravia y esta vez es él el que cuenta la historia. Otra historia distinta de Damián, un héroe que lucho en la batalla y murió por ella.

El narrador se encuentra con otro personaje llamado Canon, el amigo que la había anunciado la traducción del poema The Past y la muerte de Damián. Luego el narrador recibe una carta de Tabares quien le confirma la versión de Amaro. El narrador busca sin éxito rastros físicos o testigos directos de la vida de Damián.

Un sujeto llamado Abaroa, un puestero que le había visto morir, había fallecido. El narrador trae a su memoria los rasgos de Damián, pero meses, después advierte que el rostro que había logrado evocar no era el de Damián sino el de un tenor famoso llamado Tamberlick en el papel de Otelo.

Este hecho esconde una serie de significados, fuera de su ironía contra la fidelidad de la memoria. No es producto de la casualidad el confundir el rostro de Damián con el de un actor y encima personaje de una obra Shakesperiana.

En este relato se postulan dos Damianes. Una la más simple, no aceptada por el narrador: el haber soñado él al primer Damián, el que conoció en Entre Ríos. La otra ideada por otra persona Ulrike Von Kuhlmonn, quien decía que Damián habría muerto en una batalla, pero que en el preciso momento de la muerte le suplica a Dios que le regresara a su tierra; y Dios le concede lo pedido pero sólo vuelve a la sombra, Damián se comportó como un cobarde en Masoller y es por esta razón que dedicó su vida a corregir esta equivocación.
Él espera durante 40 años que el destino le diese la oportunidad de enmendarse y portarse como un valiente. Pero esta batalla solo llega a él en el momento mismo de su muerte, en forma de delirio.

Como se verá, Damián muere de forma distinta dos veces. Una real y otra imaginaria, pero en el fondo una.

“Modificar el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias que tienden a ser infinitas...  es crear dos historias universales”

En este relato hay dos historias. En la primera Damián muriendo en Entre Ríos en el año 1946, en la segunda Masoller en 1904. Se busca, confundir la realidad con el mundo imaginario, la literatura con la historia, y la alusión a Virgilio es un ejemplo que funciona en forma inversa.

El narrador hace literatura, que con el tiempo será historia y Virgilio cree hacer historia e hizo literatura. Damián finalmente consigue lo que tanto anheló su corazón. Es a través de su imaginación que logra compensar su vida de frustraciones y de perdidas.Borges postula así un continuo intercambio entre los polos opuestos o antagónicos, cuyo movimiento tiene como factor determinante el devenir temporal.





"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído."
JORGE LUIS BORGES






Interpretación del cuento
“El Zahir” (1947)


“Uno está enamorado
cuando se da cuenta
de que otra persona es única”
JORGE LUIS BORGES.


Este cuento esta en estrecha relación con el cuento “El Aleph”. En Buenos Aires el Zahir es una moneda de veinte centavos, pero un zahir puede ser infinidad de objetos. “El Aleph” es la representación de una visión grandiosa del infinito e inconcebible universo, en un instante gigantesco y total.

“El Zahir”, materializado en una moneda de veinte centavos, es la representación de la “perspectivización” o futurización excesiva, una parte tomada del todo,   que puede ser capaz de petrificarse y anular a borrar el universo. Si el Aleph posibilita el poder  llegar a verlo todo, el zahir se transforma en lo único pensable, hasta la obsesión y la locura. Cuando se lee el Zahir hay que tratar de irlo relacionando con “El Aleph”.

La visión del “Aleph” permite la creación poética, la visión del “Zahir” por el contrario recorta y hasta anula el acto de crear, no deja que el poeta pueda soñar, imaginar, ni siquiera pensar. El Zahir en la historia atraviesa por una serie de etapas. En primer lugar es uno objeto, luego un objeto de metal para más tarde ser una obsesión.

El Zahir es representado  como un objeto real, una moneda. Más tarde es una realidad del pensamiento, toda una obsesión mental. El objeto y su recuerdo forman en el relato la estructura binaria. En el Zahir no solo se habla de obsesión y de locura, sino que también se habla del único medio de escapar de ellas, que no es otro que el ejercicio del arte.

El cuento se inicia con la muerte de una mujer llamada Teodelina Villar, que aparentemente se desconecta del Zahir. El Zahir de Buenos Aires fue simplemente una moneda pero pudo ser otras cosas como un tigre, un ciego, una burbuja, una brújula, etc.


“He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.”
JORGE LUIS BORGES.





Teodelina Villar como Beatriz Viterbo en el Aleph de inicio a la historia con su muerte y esta se da a conocer por todos los medios posibles, en toda la ciudad. Ella era una mujer de vida ejemplar, pero con grandes angustias internas. Siempre cambiaba su apariencia, como si se tratase de una especie de camaleón, cuando al parecer lo único que deseaba era huir de si misma.

Borges describe la vida de Teodelina, mirando su rostro ya cadáver. Ella fue superficial y esnob, era la imagen humana de un zahir. Cuando en realidad pudo ser en su totalidad un Aleph. Si hubiese estado viva, quizás hubiese tenido la posibilidad de completarse, al no ser así el autor, quiere mostrar a través de su figura un perfecto zahir o la suma de muchos, pero jamás una totalidad simultánea. Es por esta razón que muerta es una sumatoria de lo que fue pero nunca un todo.

Teodelina muerta recibió infinidad de connotaciones, también las recibe la moneda de veinte centavos. Es así como se producen una serie de reflexiones con respecto al valor del dinero y al poder que este puede ejercer. El dinero es ambivalente, pues muchas veces este se opone al deseo.

El dinero, en este caso la moneda de veinte centavos, se presenta como esclavitud, como una obsesión de la mente. Así como Teodelina fue también presa o esclava del dinero y de los beneficios que este podía darle.



El hecho de que el zahir fuese una pieza de dinero, no es producto de la casualidad, así como la alusión al tesoro de los Nibelungos, motivo de codicia y de crímenes. En nuestros días el dinero simboliza la esclavitud del hombre; y en muchas ocasiones es el causante de la degradación y de la perdida de valores. Por esta razón es que Borges lamenta que el zahir de Teodelina fuese el dinero y no un tigre o un trazo de mármol o cualquiera otra


“La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”
JORGE LUIS BORGES.


El narrador relata un sueño, él mismo se convierte en un zahir, su imagen se anula y aparecen unas monedas. Él era esas monedas, las que eran custodiadas celosamente por un grifo.

Al despertar se siente tan inquieto que lo único que desea es deshacerse de la moneda, y lo hace comprándose una caña. Más tarde recuerda la moneda. Trata de recordar otras monedas y se compra una libra esterlina y la observa con una lupa. Al sentir que nada podía liberarle de su idea fija con respecto a las monedas, decide ir a un Psiquiatra pero no  le resulta. Más él rescata en una biblioteca un antiguo libro en donde se describía el mal que le aquejaba.

De la definición del Zahir, que quiere decir “notorio o visible” y que tiene el poder de obsesionar y enloquecer a los hombres, el autor transcribe testimonios según los cuales el zahir se esconde del universo mismo. Un zahir resulya así ser  ambivalente; visible a los ojos del hombre pero a la vez no permite ver nada.

El narrador expresa que dichosos serán aquellos cuyo zahir fuese un tigre o un trozo de mármol. Mientras que el de él, solo era una pieza de metal. Porque la imagen de la locura de otros podía ser más bella y fascinante, mientras que la suya estaba degradada. Solo le quedaba el consuelo de que detrás de la moneda estuviese Dios
.
“El tiempo, que atenúa los recuerdo agrava el zahir”.

En un determinado momento se llega a una visión simultánea de las dos caras de la moneda. Es ahí cuando el universo entero se representa en el zahir. El zahir puede borrarlo todo. El zahir que antes se deseaba olvidar ahora es pensado, pensado hasta hartarse, para poder desgastar su imagen y poder llegar a ver a Dios. Son estos los pensamientos que lo ocupan mientras está sentado en un banco de la plaza Garay.


“Yo creo que habría que inventar un juego
 en el que nadie ganara.”
JORGE LUIS BORGES.

El zahir es el insomnio, la falta de claridad, de creación, el fin de la poesía.Entre el Aleph y el zahir, entre el principio y el fin se desarrolla toda la obra de Borges. Pero, el Aleph tiene un problema no existe o mejor dicho solo existe en momentos especiales y se manifiesta a través de la perfecta poesía.

El zahir, que es una parte tomada de un todo imposibilita, anula, ciega, atormenta, enloquece. Pero ambos Aleph y Zahir sin aparentes parecidos, pequeños, redondos; uno ofrece una visión milagrosa del universo y el otro borronea todo menos a sí mismo, sustituyendo el universo. Aleph y Zahir no son pues estrictamente antagónicos sino los extremos de infinidad de posibilidades, que se completan entre sí:


“En las horas desiertas de la noche aún puedo caminar por las calles. El Alba suele sorprenderme en un banco de la plaza Garay, pensando en aquel pasaje de Asrar Nama, donde se dice que Zahir es la sombra de la Rosa y la rasgadura del Velo. Vínculo ese dictamen a esta noticia. Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre o los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo, quizá detrás de la moneda esté Dios”.




“¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.”
JORGE LUIS BORGES.




Percepciones De Un Poeta
 jemwong  escribió "
“Somos nuestra memoria,
 somos ese quimérico museo
de formas inconstantes,
ese montón de espejos rotos.”
JORGE LUIS BORGES



Hoy termino un viaje infinito,
entre ríos de palabras,
entre ruinas circulares,
entre enigmas descifrados.

Hoy comprendo de aquel hombre
cuya filosofía escepticista
y empírica conoció grandes verdades.
Que los monstruos, laberintos,
ríos, soles, tigres, sombras y colores
le acompañaron en vigilia y entre sueños,
en su vida ilimitada, en el círculo sin fin...

Hoy entiendo que su constante tormento
fue negar su propio yo y el tiempo.
No tuvo pasado, tampoco presente
y el futuro siempre incierto
nunca logró inquietarle
.
Vivió enfrentado a sus espejos,
a la idea de ser otro,
a creer que todo era solo un sueño,
en donde el hombre era una pieza movida
por una mano divina y ésta a su vez,
quizás por otra divinidad.

Hoy conozco por lo menos,
de un gran cúmulo de arena,
uno de esos granos...
Hoy conozco a Borges.

FANNY JEM WONG
LIMA-PERÚ-2003

 “Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece”
JORGE LUIS BORGES


“Este es mi homenaje a tí gran señor de las letras y a la Patria que te vio nacer.
Vive eternamente poeta….Vive”
FANNY JEM WONG
LIMA-PERÚ

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