viernes, marzo 01, 2024
EL MAR DE JORGE LUIS BORGES
jueves, marzo 31, 2022
El Aleph Jorge Luis Borges
El Aleph de Jorge Luis Borges
O God, I could be bounded in a nutshell
and count myself a King of infinite space.
Hamlet, II, 2
But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nunc-stans (ast the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hic-stans for an Infinite greatnesse of Place.
Leviathan, IV, 46
Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oxímoron* es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no sé qué cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur; es autoritario, pero también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en él. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos. Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padeció la obsesión de Paul Fort, menos por sus baladas que por la idea de una gloria intachable. "Es el Príncipe de los poetas de Francia", repetía con fatuidad. "En vano te revolverás contra él; no lo alcanzará, no, la más inficionada de tus saetas."
-Lo evoco -dijo con una animación algo inexplicable- en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines...
Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora, convergían sobre el moderno Mahoma.
Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura; le dije que por qué no las escribía. Previsiblemente respondió que ya lo había hecho: esos conceptos, y otros no menos novedosos, figuraban en el Canto Augural, Canto Prologal o simplemente Canto-Prólogo de un poema en el que trabajaba hacía muchos años, sin réclame, sin bullanga ensordecedora, siempre apoyado en esos dos báculos que se llaman el trabajo y la soledad. Primero, abría las compuertas a la imaginación; luego, hacía uso de la lima. El poema se titulaba La Tierra; tratábase de una descripción del planeta, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresión y el gallardo apóstrofe**.
He visto, como el griego, las urbes de los hombres,
los trabajos, los días de varia luz, el hambre;
no corrijo los hechos, no falseo los nombres,
pero el voyage que narro, es... autour de ma chambre.
Una sola vez en mi vida he tenido ocasión de examinar los quince mil dodecasílabos del Polyolbion, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton registró la fauna, la flora, la hidrografía, la orografía, la historia militar y monástica de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso que la vasta empresa congénere de Carlos Argentino. Éste se proponía versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Septiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carecían de la relativa agitación del prefacio. Copio una estrofa:
Sepan. A manderecha del poste rutinario
(viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)
se aburre una osamenta -¿Color? Blanquiceleste-
que da al corral de ovejas catadura de osario.
Hacia la medianoche me despedí.
-Mal de tu grado habrás de reconocer que este local se parangona con los más encopetados de Flores.
Me releyó, después, cuatro o cinco páginas del poema. Las había corregido según un depravado principio de ostentación verbal: donde antes escribió azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para él; en la impetuosa descripción de un lavadero de lanas, prefería lactario, lacticinoso, lactescente, lechal... Denostó con amargura a los críticos; luego, más benigno, los equiparó a esas personas, "que no disponen de metales preciosos ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero que pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro". Acto continuo censuró la prologomanía, "de la que ya hizo mofa, en la donosa prefación del Quijote, el Príncipe de los Ingenios". Admitió, sin embargo, que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado por el plumífero de garra, de fuste. Agregó que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprendí, entonces, la singular invitación telefónica; el hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco fárrago. Mi temor resultó infundado: Carlos Argentino observó, con admiración rencorosa, que no creía errar en el epíteto al calificar de sólido el prestigio logrado en todos los círculos por Álvaro Melián Lafinur, hombre de letras, que, si yo me empeñaba, prologaría con embeleso el poema. Para evitar el más imperdonable de los fracasos, yo tenía que hacerme portavoz de dos méritos inconcusos: la perfección formal y el rigor científico, "porque ese dilatado jardín de tropos, de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad". Agregó que Beatriz siempre se había distraído con Álvaro.
Asentí, profusamente asentí. Aclaré, para mayor verosimilitud, que no hablaría el lunes con Álvaro, sino el jueves: en la pequeña cena que suele coronar toda reunión del Club de Escritores. (No hay tales cenas, pero es irrefutable que las reuniones tienen lugar los jueves, hecho que Carlos Argentino Daneri podía comprobar en los diarios y que dotaba de cierta realidad a la frase.) Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes de abordar el tema del prólogo, describiría el curioso plan de la obra. Nos despedimos; al doblar por Bernardo de Irigoyen, encaré con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban: a) hablar con Álvaro y decirle que el primo hermano aquel de Beatriz (ese eufemismo explicativo me permitiría nombrarla) había elaborado un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofonía y del caos; b) no hablar con Álvaro. Preví, lúcidamente, que mi desidia optaría por b.
El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habló. Estaba agitadísimo; no identifiqué su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuceó que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.
-¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! -repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.
No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo; además, se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese delicadísimo rasgo; mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y los obligaría a abonar cien mil nacionales.
El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Daneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.
-¿El Aleph? -repetí.
-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que es inajenable mi Aleph.
Traté de razonar.
-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?
-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.
-Iré a verlo inmediatamente.
Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás... Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.
En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. El niño estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías. Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores. No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:
-Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.
-Una copita del seudo coñac -ordenó- y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!
Ya en el comedor, agregó:
-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio... Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz.
Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpecían un ángulo. Carlos tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio preciso.
-La almohada es humildosa -explicó-, pero si la levanto un solo centímetro, no verás ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.
Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.
Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
Sentí infinita veneración, infinita lástima.
Los zapatos de Carlos Argentino ocupaban el escalón más alto. En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear:
-Formidable. Sí, formidable.
La indiferencia de mi voz me extrañó. Ansioso, Carlos Argentino insistía:
-¿Lo viste todo bien, en colores?
En ese instante concebí mi venganza. Benévolo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo, agradecí a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su sótano y lo insté a aprovechar la demolición de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli, que a nadie ¡créame, que a nadie! perdona. Me negué, con suave energía, a discutir el Aleph; lo abracé, al despedirme, y le repetí que el campo y la serenidad son dos grandes médicos.
En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.
Posdata del primero de marzo de 1943. A los seis meses de la demolición del inmueble de la calle Garay, la Editorial Procusto no se dejó arredrar por la longitud del considerable poema y lanzó al mercado una selección de "trozos argentinos". Huelga repetir lo ocurrido; Carlos Argentino Daneri recibió el Segundo Premio Nacional de Literatura2. El primero fue otorgado al doctor Aita; el tercero, al doctor Mario Bonfanti; increíblemente, mi obra Los naipes del tahúr no logró un solo voto. ¡Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia! Hace ya mucho tiempo que no consigo ver a Daneri; los diarios dicen que pronto nos dará otro volumen. Su afortunada pluma (no entorpecida ya por el Aleph) se ha consagrado a versificar los epítomes del doctor Acevedo Díaz.
Dos observaciones quiero agregar: una, sobre la naturaleza del Aleph; otra, sobre su nombre. Éste, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al disco de mi historia no parece casual. Para la Cábala, esa letra significa el En Soph, la ilimitada y pura divinidad; también se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra, para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el símbolo de los números transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. Yo querría saber: ¿Eligió Carlos Argentino ese nombre, o lo leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le reveló? Por increíble que parezca, yo creo que hay (o que hubo) otro Aleph, yo creo que el Aleph de la calle Garay era un falso Aleph.
Doy mis razones. Hacia 1867 el capitán Burton ejerció en el Brasil el cargo de cónsul británico; en julio de 1942 Pedro Henríquez Ureña descubrió en una biblioteca de Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el Oriente a Iskandar Zú al-Karnayn, o Alejandro Bicorne de Macedonia. En su cristal se reflejaba el universo entero. Burton menciona otros artificios congéneres -la séptuple copa de Kai Josrú, el espejo que Tárik Benzeyad encontró en una torre (1001 Noches, 272), el espejo que Luciano de Samosata pudo examinar en la luna (Historia verdadera, I, 26), la lanza especular que el primer libro del Satyricon de Capella atribuye a Júpiter, el espejo universal de Merlin, "redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio" (The Faerie Queene, III, 2, 19)-, y añade estas curiosas palabras: "Pero los anteriores (además del defecto de no existir) son meros instrumentos de óptica. Los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que el universo está en el interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central... Nadie, claro está, puede verlo, pero quienes acercan el oído a la superficie, declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor... La mezquita data del siglo VII; las columnas proceden de otros templos de religiones anteislámicas, pues como ha escrito Abenjaldún: En las repúblicas fundadas por nómadas es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería".
¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.
A Estela Canto
Aqueste da al poema belicosa armadura
De erudicción; estotro le da pompas y galas.
Ambos baten en vano las ridículas alas...
¡Olvidaron, cuidados, el factor HERMOSURA!
2. "Recibí tu apenada congratulación", me escribió. "Bufas, mi lamentable amigo, de envidia, pero confesarás -¡aunque te ahogue!- que esta vez pude coronar mi bonete con la más roja de las plumas; mi turbante, con el más califa de los rubíes."
domingo, enero 16, 2022
Los dos reyes y los dos laberintos Jorge Luis Borges
Los dos reyes y los dos laberintos
Jorge Luis Borges
viernes, septiembre 24, 2021
El muerto Jorge Luis Borges
Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.
Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.
El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.
Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.
Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.
Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso sí, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.
Entra después en el destino de Benjamín Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.
Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jefe y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.
Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.
La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:
-Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.
Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.
Suárez, casi con desdén, hace fuego.
sábado, abril 17, 2021
Las ruinas circulares Jorge Luis Borges
Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.
Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.
En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.
Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.
El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.
sábado, septiembre 19, 2020
Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila
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Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila
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Cuando Nazca de nuevo (utopías) por Walter Faila
Cuando nazca de nuevo de éstas muertes que llevo
corriendo como alfiles por el tablero del tiempo
mientras se rompen los relojes de las tardes,
un otoño de espinas en mis montes eternos,
y la tierra me muerda las mochilas del alma
y la brisa me arranque de su seno materno.
Te buscaré en la rostro de los niños hambrientos,
en los ojos del mendigo que duerme sereno
sobre las grises veredas que el alba
le fue armando en sus infiernos
Cuando nazca de nuevo de ésta muertes que llevo
hurgaré los corazones de los pobres guerreros
para pedirles la paz de nuestro triste universo
¿Para qué matarnos entre hermanos?
¿Para que tener el mundo en duelo?
Cuando nazca otra vez, de tantas muertes que llevo
Te buscaré para amarte como te amé primero
aquellos años, en que los años, no dolían en el pecho
Para besarte entre cien lunas de cien cielos
y navegar en escarabajos hasta el umbral del recuerdo
Para mirarte exacta, como miran los ciegos
con el tacto preciso que se dibuja en tu cuerpo
Para gritar “Amor”, amor de humano completo
sin malicias, sin egoísmos, sin celos.
¡Ay! Mujer, cuando nazca de nuevo
en el frutal de la vida donde cuelgan los sueños
te traeré la dulzura que te negaron mis miedos,
y caminaremos gritando con lo mejor del silencio,
ese silencio que sellan nuestras bocas en el beso,
ese silencio augusto del gemido del deseo.
Caminaremos mirando la sonrisa de los pueblos,
y ya no tendremos frío, ni hambre, ni miedos
Solo un mundo para todos, sin llanto, sin recelos
Sin fronteras ni naciones, sin injurias ni despechos
Engendraremos muchos hijos a las orillas del río
bajo la luna enamorada de los espejos del cielo.-
¡Ay! Amor, espérame en el muelle
desnuda de congojas, para armar un nuevo mundo
cuando nazca otra vez, de tantas muertes que llevo.-
lunes, junio 29, 2020
Distancias por Walter Faila
El cáliz, la savia, la noche
Un cuarto improvisado, una lluvia desprolija
Todo va pasando como en un cráter austero
de piedras y palomas
Genocidios de estrellas bajo un cielo irresoluto.
Destemplada ciudad de hollines y de tangos
Formal, histérica y coqueta,
Buenos Aires es hoy una hembra frígida
Una colegiala buscando un tiempo en el espacio
Un duende de verónicas desnudas
Un encuentro, un adiós, una promesa, y luego…
una niña de seda detrás de algún teléfono
un patriota despatriado, un heraldo dormido.
Rocíos que mojan horas y llenan de algas los recuerdos.
¿Qué habrá detrás del tiempo aún no vivido?
¿Cuánto cabrá en la tumba
donde se entierran las nostalgias?
Un dios de agua recorre con glamour el horizonte
Todo suena a paisaje urbano y amores mutilados
Distancias que marcan pausas dentro de las distancias
Distancias que acercan sombras a la vera del camino
distancias que son eternas… cuando te vas de ti mismo.
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| Distancias por Walter Faila |
martes, abril 21, 2020
Conociendo a Borges por Fanny Jem Wong
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ANÁLISIS DE DEUTSCHES REQUIEM
(1946)
“No existe el olvido,
nada puede quedar en simple casualidad.
El Universo es un río,
un cúmulo de experiencias”.
Lo
primero que se debe de mencionar es que Borges, era antinazi. El
propone que, a pesar de que fuese el nazismo derrotado, había logrado
imponer la violencia como una forma de relacionarse en el mundo. Se
trata de un relato interesante porque ofrece una perspectiva de
interpretación sobre el real marco histórico: una visión del nazismo.
Deutsches
Réquiem, es una obra de ficción y no un ensayo. Enfoca el tema de forma
clara y coherente asociando una realidad histórica concreta. Es una
biografía de un soldado nazi. A través de la cual Borges expresa sus
sentimientos. Aquí el autor indaga el inexplicable entusiasmo de muchos
partidarios porteños de Hitler al conocer la liberación de Paris.
La
autobiografía de Zur Liside contiene tres momentos: El pasado o
prehistoria del héroe, sus antepasados; el presente su trayectoria vital
y su futuro como premonición y conquista del verdadero nazismo, en
donde se resuelve la oposición. Los antepasados de Zur Liside destacaron
por ser valientes militares. Otto es el heredero de esa vocación
militar pero el destino lo desvía: él recibe una bala en la pierna y se
la amputaron. Por estar inválido, se le aleja del campo de batalla y es
nombrado subdirector de un campo de concentración.
Aquí la mutilación simboliza al hombre que esta dividido y su lucha consigo mismo.
“Mi carne puede tener miedo; yo, no”.
Es
el hombre separado, era la carne y el espíritu. Así ve Borges al nazi
“Toda muerte es un suicidio: la violencia dirigida hacia otro no es otra
cosa que la misma vuelta hacia el punto de partida, es decir hacia si
mismo.
La
víctima en este relato es David Jerusalén, un judío y poeta que
simboliza a muchos otros que fueron víctimas de Otto Zur Liside. El
sadismo extremo del verdugo aparece como un suicidio, como una especie
de amputación de su espíritu:
“Ignoro
si Jerusalén comprendió que si yo lo destruí fue para destruir mi
piedad. Ante mis ojos no era ni hombre ni judío; se había transformado
en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo de
algún modo me había perdido por él: por eso fui implacable”.
Zur
Liside conoce la obra de David Jerusalén, la admira, pero no puede
permitirse ser débil y piadoso, él no entiende sus sentimientos
contradictorios; pero más adelante la derrota le permitiría conocer la
felicidad.
Borges
manifiesta que es tan extraño que la victoria aterrase a la nariz,
mientras que la derrota los entusiasmaba.“Deutsches Réquiem”, no solo se
refiere a Europa sino también a la Argentina. Esta obra de ficción hace
primar lo imaginario sobre lo conceptual.
En
un primer momento la biografía de Otto Zur Liside se muestra un hombre
mutilado no solo físicamente, sino también en otros aspectos: metal,
espiritual y moral; Jerusalén representa la parte amputada. Lo triste es
que en el cuento triunfa lo inmaterial y prospectivo del nazismo, como
doctrina de una irracionalidad absurda.La historia trata sobre distintos
modos de concebir el mundo precisamente porque trata de nazis y
judíos.Zur Linde es la parte peligrosa o negativa y Jerusalén es la
parte inofensiva.
Borges
demuestra en el relato que el poeta real es solo una referencia sin
cuerpo, que los personajes sufren y mueren, más reales que el poeta
real.
“Si
la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que
sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque el nuestro sea el
infierno”.
Análisis de “La Escritura de Dios”
(1949)
“Sólo una cosa no hay es el olvido.
Dios que salva el metal salva la escoria.
Y cifra en su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está, los miles de reflejos
que tu rostro fue dejando en el espejo
y los que irá dejando todavía.
No tienen fin sus arduos corredores
y las puertas se cierran a tu paso.
Sólo al otro lado del ocaso
verás los arquetipos y esplendores”.
En
este relato se trata sobre las coincidencias del máximo y del mínimo;
del ser y del conocer; del ser humano y divino; del cuerpo físico y del
espíritu; de estar prisionero y de la libertad; de la oscuridad y la
luz; de lo profundo y lo alto. Todos estos opuestos que pretenden
descifrar la escritura de Dios.
La
escritura de Dios no es otra cosa que la simbolización del triunfo. En
este relato se da una búsqueda, la búsqueda de la verdad, de lo divino,
del universo mismo. Es una búsqueda de la conciencia, de la propia
identidad, de las razones por las que se vive, por las que se existe. Es
el hecho de existir de ser capaz de usar el raciocinio y la
inteligencia. Es tratar de conocer las limitaciones de su ser. Es así
como Tzinacán accederá a la verdad. Solo aceptando que no es
omnipotente, siendo capaz de ser humilde puede llegar a conocer la
divinidad ansiada.
En
este cuento Tzinacán es un mago de la pirámide de Qaholom, que se
encuentra prisionero en una cárcel circular en donde solo siente una
aplastante y terrible sensación de opresión.Tzinacán esta lleno de
sentimientos de sentimientos de ambivalencia, contradictorios,
terribles, que se repiten en el sueño de granos de arena que se
multiplican infinitamente condenándolo al cautiverio, a la angustia, a
la desesperanza. Extraña sensación contraria a la de sentirse el
“Elegido” quien puede ser capaz de entender o descifrar la escritura de
Dios.
Pero
Tzinacán no es el único prisionero, también esta el jaguar y él puede
verlo por una ventana, por donde el carcelero los alimenta y hace entrar
la luz al mediodía. Una ventana que cada vez parece más alta con
respecto a lo profundo en donde ellos se encuentran.
Tzinacán
espera acostado la muerte, esta viejo y ni siquiera puede caminar. Fue
duramente torturado por no decir en donde estaba el tesoro de Dios. Es
un ser degradado, olvidado en un pozo que pareciera ser infinitamente
profundo.
Tzinacán
descubre el consuelo cuando acepta su realidad irreversible, y se
dedica a evocar sus conocimientos, sus recuerdos. De pronto cree que su
último destino es el de ser un sacerdote de Dios, capaz de entender su
escritura. Es a partir de allí que renacen las esperanzas.
Tzinacán
inicia en si mismo la búsqueda y recuerda que el jaguar era uno de los
dones de Dios y experimenta nuevamente alegría. Tzinacán tuvo la
posibilidad de advertir lo que tenía frente a los ojos, su compañero el
jaguar cautivo, él era parte de su vida cotidiana, ahora tenía que
descifrar el misterio. Ir mucho más allá de lo que los ojos pudieran
ver.
Durante
muchos años el viejo Tzinacán aprovechaba cada mancha de la piel del
jaguar, sus formas, el orden, la configuración y todo lo que logrará ver
y más, mucho más.Tzinacán cree que comprendiendo el mensaje escrito
comprenderá al universo entero y que así será posible acceder a la
verdad y al poder. Todo esto es una reflexión sobre el lenguaje y el uso
que le da un escritor, sobre el status que este le otorga.
Cuando
Tzinacán acepta su realidad, se libera de sus obsesiones y esta es la
razón por la cual él llega a bendecir su trágica realidad. Aquí se
infiere que ninguna escritura por más perfecta que aparente ser, puede
llegar a ser comprendida si se da fuera del contexto que la abarca y la
contiene.
Tzinacán,
adquiere la visión total de lo que es el universo y es por esto que se
olvida de si mismo, de su propia identidad. Él se convierte en nadie,
porque esta inmerso en lo divino y ya no es posible la acción. El hace
coincidir el ser con el conocer, liberar su espíritu. Ya no es
importante el poder que puede otorgarle el lenguaje, es ahora la
capacidad de entender lo que le ofrece la verdadera dicha y la
felicidad.
“Entonces
ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la
divinidad, con el universo. El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien
ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una
espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no
estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados sino en todas
partes, a un tiempo...”
“Que
muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha
entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del
universo, no puedo pensar en un hombre, en sus tribales dichas o
desventuras, aunque ese hombre sea él...”
FANNY JEM WONG MIÑAN.
"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón."
JORGE LUIS BORGES
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Análisis “El Inmortal” (1947)
Borges
buscó en este cuento el efecto que causaría en los hombres la
inmortalidad, pretendió y logró establecer una especie de bosquejo de lo
que sería la ética para inmortales.
En
el relato plantea una opción fundamental en donde los personajes pueden
elegir entre ser mortales o inmortales, entre ser humanos o ser
monstruos, entre pensar o dejar de hacerlo, en aceptarse a sí mismo o
no aceptarse. Ya que la condición inmortal implica una pérdida de la
propia identidad.
Aquí
Borges cuando narra la biografía de un personaje, en realidad la de él
mismo en tres tiempos (Una trinidad: son tres en uno o no es nadie).
En la narración pareciera que se cuenta la historia de dos personajes,
pero en realidad se trata de tres. Se presenta un narrador ficticio, que
también es un personaje, confundido entre los otros dos personajes.
Algo complicado pero no imposible de llegar a comprender.
En
el texto se presenta un viaje. La imagen de Ulises y la Odisea se
reitera varias veces y, la narración fue hecha también por Homero, se
podría describir como el ascenso a los infiernos. El viaje se inicia en
el mundo de los mortales en búsqueda de la ciudad de los inmortales. El
encuentro con la ciudad buscada y luego el regreso, para seguir con una
serie de revelaciones, hasta llegar al río que le devuelve su condición
humana y mortal y la añorada muerte en el mar.
Para
Borges el hombre de arriba es un reflejo del hombre material el único
real. Los seres humanos contamos con identidad personal y estamos
sujetos al tiempo que es lo real y verdadero. En el relato La Ciudad de
los Inmortales es irreal, sin tiempo, ni sentido es por esto fácil de
olvidar, para Borges salir de ella era como salir del Infierno.
Joseph
Cartaphilus uno de los personajes, es un anticuario cuyo nombre
significa “Amante de los libros”, que vende un ejemplar de la Iliada de
Pope, en cuyo último tomo se encuentra un manuscrito. El enigma del
cuento es descubrir la identidad de Cartaphilus.
Marco
Flaminio Rufo otro de los personajes, es un tribuno romano de la época
de Diocleciano se arroja a descubrir en los desiertos la Ciudad de los
Inmortales.
Mientras
de un jinete ensangrentado llega hacia él y muere en sus plantas, este
personaje buscaba “El río que purifica de la muerte a los hombres” y
antes de morir le dice donde se encuentra dicho lugar. Es entonces que
al tribuno se propone buscar el río y la ciudad.
Es
así que recluta para su empresa a mercenarios pero su búsqueda se torna
un verdadero infierno en medio del desierto, padeciendo de sed y de
terror, Marco es preso del miedo y de horribles pesadillas.
Luego
hacen su aparición unos hombres de feo aspecto, rudos, con barba y
desnudos, aparentemente trogloditas. Y Marco preso de la sed se lanza
hacia abajo y se hunde en aguas oscuras. Después de beber, se pierde en
sus sueños y delirios, conociendo el olvido y la degradación. No duerme,
pero nada de esto le aleja de su propósito de llegar a la Ciudad de los
Inmortales.
En
su largo caminar encuentra un pozo y desciende a “Una Ciega Región De
Laberintos”, los supera y llega hacia un círculo de luz. Es decir llega a
la ciudad. La ciudad representa ser la imagen de la falta de sentido y
de finalidad capaz de anular a cualquier hombre; allí no existen valores
como en el mundo de los hombres, pues los atributos humanos no son
válidos.
Aquí
aparece la identidad del personaje pequeño que persigue al viajero,
como perro entre las sombras y que lo esperaba en la entrada de la
caverna Homero. Un Homero degradado, sin identidad, sin escritura, sin
conocimientos, sin su odisea.
Más
adelante Homero recupera la memoria, la conciencia y revela a Rufo cómo
es la Ciudad de los Inmortales.En las revelaciones se encuentra que los
trogloditas son los Inmortales y el riachuelo oscuro el causante de la
inmortalidad. Rufo ya es en este momento del relato inmortal.
La
ética para los inmortales es su ausencia, en ellos no hay tiempo ni
para el bien, ni para el mal. Entonces ningún mérito tiene, el haber
escrito la Odisea siendo inmortal ya que la identidad del hombre se
confunde y se pierde, pues no hay individualidades creadoras.Los
inmortales solo cuentan con el placer de la especulación. Los personajes
todos y cada uno rechazar finalmente la inmortalidad, es decir rehuyen
al pensamiento como única aspiración humana.
Para
Borges:”El pensamiento solo, cortado de la creatividad y de la acción
no es humano.” Y como todo esta regido por las famosas compensaciones o
la llamada ley de los opuestos, si existe un río que puede dar la
inmortalidad, deberá existir otros que la borren. Porque todo lo que
existe posee su propia negación. Se inicia de esta manera la búsqueda
de la muerte para alejarse de la monotonía de vivir eternamente.Es así
que se inicia la separación de Homero y Rufo pero sin decirse adiós pues
son uno solo.Iniciandose de esta manera la odisea del decepcionado
viajero. Pasa mucho tiempo y encuentra el río buscado y beber de sus
aguas, se lastima la mano, sangra y descubre que es nuevamente mortal.
Recupera el sueño perdido y la felicidad.
Aquí
el narrador señala la historia de dos hombres y remarca todos los
indicios que tiene el texto: son ciertas cosas que solo tienen sentido
dichas por Homero,
“La historia que he narrado parece irreal porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos”.
Pero
por los datos que se dan en el texto podremos observar que el
personaje Cartaphilus, también es Homero: el nació en Esmirna, murió en
el mar y fue enterrado en Los como Homero.
El gran Borges narra así la historia de tres personajes: Homero, Rufo y Cartaphilus
El
Homero inmortal del cuento no sabe hablar y lo que escribe es
ininteligible: los signos se mezclan como las letras de los sueños. En
cambio, el relato de Cartaphilus-Borges se dirige en respuesta. La
historia se puede contar porque su autor y protagonista ha optado por la
condición mortal, después de haber vivido en el infierno del sin
sentido y la degradación de los inmortales. Borges se identifica con
Homero para darse cuenta después de que prefiere seguir siendo Borges y
contar el cuento.
Cartaphilus
es el mismo Rufo y el mismo Homero, que nueve siglos después ha
cambiado de oficios y culmina como el lector, el anticuario y copista.Y
también Borges lo es, debe mantenerse fuera para poder contar su
historia, y poder decir lo que significa el ser escritor. Es así que
Cartaphilus escribe su biografía cuando se sabe nuevamente mortal.
Rufo
cuando llega a ser inmortal pero sin saberlo, es Homero el que presenta
la dimensión intelectual de la aventura de Rufo. Uno actúa, vive la
experiencia y es el otro el que explica el sentido de dicha experiencia.
Es la palabra la que obra el milagro, Rufo y Homero, el soldado y el
poeta se convierten en una misma persona.
En
el cuento “El inmortal el autor comunica de bella he inteligente que
los tres personajes son uno, pero esto no es muy claro, ya que los
enigmas son sumamente complejos de descubrir y depende ese
descubrimiento del ojo del observador y de su capacidad de ver con tres
ojos lo que el común de lectores no hace pues solo ve con
dos.Finalmente “El Inmortal” sugiere la vanidad y el sin sentido de la
inmortalidad.
FANNY JEM WONG
Análisis
Biografía de Tadeo Isidoro Cruz
(1829 - 1874)
“El tiempo no existe, porque el pasado ya fue.
El presente no lo podemos coger y el futuro es incierto”.
En
esta historia Borges presenta al tiempo y la Historia en forma de
biografía y muestra como personaje vital a Tadeo Isidoro Cruz. En este
relato se busca comprender las motivaciones humanas más profundas de
esas actitudes que podrían calificarse como traición.
Tadeo
Isidoro es un desertor, como lo es Martín Fierro. La historia presenta
que el pasado del personaje que se opone a su presente, es decir se
produce un progreso solo aparente, el gaucho asesino se transforma en
sargento de la policía rural, pero el cambio es solo ficticio.
Tadeo
Isidoro Cruz guarda su verdadera esencia en lo más íntimo de su mismo,
siendo así capaz de volver a ser el marginado social y el perseguido,
como Martín Fierro. La doble identidad del personaje, es la que
determina la dinámica existente en la integración de un orden a otra,
según el punto de observación, es decir el carácter de hombre capaz de
integrarse o marginarse. Es de esta manera como la integridad y la
marginalidad de un hombre con respecto a su historia y a su grupo,
forman otra pareja de opuestos.
Tadeo
Isidoro Cruz es hijo de un montonero que muere acorralado por la
caballería de Suárez cuando sus soldados marchaban a incorporarse a las
divisiones de López.
Cruz
vivió en un mundo de barbarie. Con un grupo de gauchos troperos se
dirigió a una ciudad, era hosco, muy desconfiado. Se dice que un peón se
burla de él y Cruz lo asesina. Este huye perseguido por la policía y es
acorralado como lo fuera alguna vez su padre. Pelea ferozmente pero
antes de ser herido y desarmado.
Cruz
es destinado a un fortín en la frontera. Como soldado, allí este
participa en viarias guerras civiles a veces en contra de su ciudad
natal y en otras ocasiones a favor.
Es
importante destacar: En primer lugar como es castigado Cruz y otra el
tener que luchar sin saber ¿Por qué? ni ¿Para qué se lucha? .Es decir
el ser enfrentado a una serie de situaciones que no se logran terminar
de comprender.Luchando dentro de lo que era considerado un orden
civilizado ya que pertenecía al ejército y luego a la policía. Pero en
realidad él no pertenecía a ningún grupo, ni por ética, ni por afectos.
Solo era un hombre cumpliendo órdenes que para él carecían de valor y de
sentido.
Cruz
se casa y es padre de un hijo, posee un pequeño terreno en el campo. En
el año 1869 es nombrado policía rural con el grado de sargento. Pero la
realidad era otra simplemente había asumido una falsa identidad.
Luego
Cruz descubre nuevamente su identidad al encontrarse con Fierro. Se
enfrenta a sí mismo, como quien se enfrenta a su imagen reflejada en el
espejo. Los hombres no podemos engañarnos eternamente y Cruz enfrenta su
realidad, él no logró integrarse a la sociedad.
Del
hombre arisco, hosco, desconfiado, se había transformado en un hombre
sin identidad, autonomía y capacidad de decisión, sin alma.Él solo era
ya una caricaturan sin personalidad y sin capacidad de elección y
descisión.
Finalmente,
Cruz recibe la orden de capturar y apresar a un bandolero que había
asesinado a otro sujeto, se trataba de Martín Fierro natural de las
tierras de Laguna Colorada en donde tiempo antes había muerto el padre
de Cruz.
Cruz
reconoció el nombre de aquel lugar y se inquietó. Cruz lo acorrala y en
la tiniebla tiene la impresión de ya haber vivido ese mismo momento .Es
aquí en donde sese mezclan las tres figuras, la del padre de Cruz
cuando fue perseguido por un ejercito oficial, la del mismo Cruz cuando
huía de la policía por el crimen que cometió y la de Fierro, figura con
la que no puede evitar identificarse porque es la síntesis de las otras
dos. Es así como la figura de Martín Fierro es el enigma manifiesto. Es
la imagen de Cruz frente al espejo.
Cruz
en medio de la lucha cambia de bando, de combate y ya no en contra de
Fierro sino a su lado, mientras grita que no va a “Consentir el delito
de que se mate a un valiente”.
Lo
que aquí ocurre, es que Cruz toma conciencia de sí mismo, descubre la
necesidad de sí mismo, descubre la necesidad de saber ¿Dónde quiere
estar? ¿A quién quiere pertenecer? ¿Cuál es su verdadero valor en la
vida? Logra encontrar su verdad y por ende su libertad de ser. El
valor del hombre marginado, solitario, cuyo único grupo de pertenencia
son otros iguales a él. Es así que Borges nos presenta una dimensión
oblicua de los valores y hasta una inversión.
Los
personajes en esta historia como los que podemos observar en otros
relatos son: asesinos, traidores, verdugos, mediocres, y siempre el
“Alter Ego” del héroe que es, a la vez, la víctima. Fierro y Cruz ambos
asesinos son rescatados porque Borges busca en ellos las motivaciones
más ocultas de su conducta.
Cruz
no vuelve al pasado de hombre perseguido y solitario, ahora está al
lado de Martín Fierro. Ahora no esta solo, se vuelve solidario con uno
igual a él, que sufre y sufrió como él, que encima es valiente como él
desea llegar a serlo.
Cruz
ya no es ni será el mismo de antes. Ahora conoce la verdadera libertad
de poder elegir así sea un ser un marginal, es su decisión. Su
deserción se vuelve un acto de valentía. La presencia de Fierro en la
historia solo sirve como instrumento necesario para la toma de
conciencia de Cruz.
En
el relato Borges manifiesta que para poder un hombre cambiar debe
lograr la realización plena de sus verdaderos valores. El lograr poder
asumir como propias las normas y los valores del grupo al que
pertenecemos, para una integración real y no ficticia. Ahora que cabe
resaltar que no es tarea fácil pero es una obligación, un deber del
hombre por el hombre.
"Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos."
JORGE LUIS BORGES
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Analisis De La Casa De Asterion
(1947)
“Dios y el Universo es uno solo.
Un río de fuego y de movimiento”.
Este
relato cuenta la historia de un ser que busca la verdad, la libertad y
la paz para solo llegar a encontrar la muerte, este ser es Asterión hijo
de una reina. En el cuento Asterión se defiende de supuestos ataques.
Luego habla de su casa e insinúa los caracteres de un laberinto.
Anderson Imbert señala que el enigma de la historia está relacionado con
el minotauro y el laberinto, es decir la casa y el Asterión.
El
personaje manifiesta que él no es prisionero como muchos creen.
Analizando esto se encontrará que en verdad él no esta preso en una casa
en donde no hay puertas cerradas, él este prisionero de sus propios
miedos, del temor que otros despiertan en él. Si nos detuviesemos en
nosotros mismos unos minutos y reflexionaramos, sin mucho esfuerzo nos
daríamos cuenta de lo profundo y real de este hecho Por lo tanto no se
trata de un pobre ser asustado. Borges lo presenta como un monstruo
malvado, que al nadie se acerca pues en realidad él siente más temor de
los demás, que ellos de él. Por esta razón se encuentra condenado a
vivir en la soledad. Este ser se siente único, no cree en la escritura,
no sabe leer. Este ser no es otro que el anti-Borges, es decir su
propia negación como maestro de las letras, de tal modo que ni siquiera
posee el consuelo de comunicarse a través del lenguaje.
El
personaje en un determinado momento descubre la identidad como una
especie de juego imaginario, en donde se transforma en dos. “Pero de
tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión”. De tal forma que
su soledad no le resulta tan mala como cualquiera creería.
La
casa representa para Asterión su mundo, su universo, en donde todas las
figuras existentes en él repitiendose una y otra vez, infinidad de
veces en el tiempo.De esa repetición infinita y confusa se retorna
nuevamente a la dualidad de Asterión, pero esta vez no en forma
imaginaria. Los dos Asteriones son dos realidades, una el sol arriba y
otra Asterión abajo, que parecen ser distintos. Así tendríamos que el
sol es el centro del universo físico y Asterión el centro del universo
humano.
En
este cuento Asterión mata pero él a su vez será matado por el que llama
su redentor y no solo lo sabe, sino que le espera porque no se defiende
de la espada de Teseo. Asterión así busca su verdad, busca encontrar
respuestas, describe un ser con apariencia humana y rostro de toro, que
no es otro que el Minotauro.
Asterión
desea encontrar su verdad y la del otro. Él es según el final del
cuento el minotauro y su redentor es Teseo. Según Carter Wheelock,
Asterión sería un símbolo del aislamiento mental ante la realidad, una
representación de la conciencia idealista.
Por
otro lado, el laberinto sería el universo conceptual. Asterión
representa el fracaso del pensamiento y solo la muerte podría darle la
libertad, para apartarlo de la confusión, de la complejidad de la
conciencia.
Este
cuento finalmente nos ofrece una visión de la lucha de identidad del
Asterión.El monstruo, cruel, espantoso que da paso al hombre libre,
real, total y por supuesto pensante.
FANNY WONG MIÑAN
Análisis de “En busca de Averroes”
(1947)
Este
cuento relata el proceso de una derrota. El personaje Averroes, es un
médico, también un filósofo de origen árabe, quien fuese traductor y
comentarista de Aristóteles. Acostumbraba escribir dicen que con lenta
seguridad, de derecha a izquierda. Averroes, escribió doce siglos
después, no conocía el griego, ni el siríaco, tuvo de realizar sus
traducciones basándose en traducciones de otros.
Él
se encargó de buscar la traducción más adecuada de los términos
“Tragedia” y “Comedia”. Es también él que hace coincidir el significante
con el significado, es decir las palabras y las cosas, el lenguaje y
la realidad.
Cuando
se escribe sobre la derrota de Averroes, en realidad se trata de la
derrota del lenguaje ante la realidad. De esta forma es que Borges, al
narrar el “Proceso de la derrota”, estudia sus causas más profundas.
Para él Averroes tradujo mal. Borges no comprendía como un árabe que no
conocía el griego, ni el teatro entre otras cosas, podía de alguna forma
llegar a encontrar el sentido verdadero de la “Tragedia” y de la
“Comedia”.
El
traducir implica el poder comprender, conocer, interpretar e inferir.
La justificación de Averroes ante la humanidad sería la traducción y el
comentario de Aristóteles. Borges el narrador se encontraba de esta
forma en una situación similar tratando de interpretar la labor de
Averroes. Borges en su biblioteca de Argentina como Averroes estaba
encerrado en el ámbito del Islam, repite el infinito fracaso. Su
narración es un símbolo de Borges en el instante mismo de escribirla. El
acto de narrar la derrota de Averroes agrega algo del error de
traductor árabe, no es solo un reflejo de él. Este cuento muestra una
toma de conciencia en razón a los riesgos que se corren al tratar de
interpretar el pasado, cuando la única herramienta con la que se cuenta,
son los libros escritos por otros autores.Por lo tanto la verdad no es
totalmente cierta, ni la mentira totalmente falsa.
Averroes no es un personaje histórico, él es solo una ficción:
“En el momento en que dejó de creer en Averroes, él desaparece”
Averroes,
es el personaje que permitirá a Borges tomar conciencia de sus propias
limitaciones. La reconstrucción de la historia en muchas ocasiones es un
acto imaginativo. En otras el uso de las palabras a través del
conocimiento adecuado a la realidad presente o pasada en donde se da el
proceso no solo de observación conciente, sino también de la
imaginación. El resultado de esto es que por ejemplo las circunstancias
de una fábula, de un mito u otro relato que pueden llegar en
ocasiones falsas desde el punto de vista de la historia. De tal modo que
si Averroes no hubiera existido, la causa de su error como comentarista
de Aristóteles estaría arraigada en la verdad.
El
relato tiene que ver con las razones por las que Averroes pudiera haber
cometido errores en su interpretación. Con las limitaciones culturales y
de conocimiento, con la responsabilidad y la conciencia personal de
Averroes. Para él las palabras “Tragedia” y “Comedia”, no tenían, ni
poseían el mismo valor cultural que poseía para los griegos o para los
chinos.
Borges
manifiesta que Averroes es culpable de su fracaso debido a sus propias
limitaciones, ya que este pensaba que todas las verdades del universo
entero debían estar en el Corán. Averroes era un ser cuadriculado, que
se oponía a todo lo nuevo hasta en lo que a la lingüística se refería.
Ahora no solo aquí radica su error, sino también en desdeñar la realidad
y en pretender que solo lo que ofrecen los textos es lo único
verdadero.
Tal
vez Averroes debió inventar palabras nuevas para denominar a la
realidad que no conocía, pero debió preocuparse en primer lugar de
enterarse qué era el teatro. Averroes pretendía encontrar todo en los
libros, el significado y significante de cada cosa, dejando de lado la
realidad que no solo es más amplia sino también mucho más rica.
Averroes
es así culpable de solo utilizar las posibilidades y la riqueza que le
ofrecía el uso del lenguaje y los libros. No se permite a sí mismo
conocer la cultura del mundo, del universo, de la naturaleza infinita
del hombre que no estuviese escrita.
Averroes
para poder entender a Aristóteles e interpretar de manera adecuada a la
“Tragedia” y a la “Comedia” debía de haber comprendido todo el texto,
la poesía y la estética aristotélica.
Averroes
consultó innumerables libros, de grandes celebridades árabes para ir
realizando su trabajo. En un momento determinado el juego de unos niños
en la calle lo distrae. Los niños representaban una obra, pero no
lograban ponerse de acuerdo en la repartición de los roles y empiezan a
discutir. Averroes regresa a sus labores sin inmutarse, ni tomar
importancia de lo observado. No entiende, ni ve la primera señal que la
realidad le ofrecía sobre lo que él deseaba encontrar. Y como si fuese
ciego no pudo ver lo que estaba frente a sus ojos. Esto nos lleva a
reflexiones profundas sobre nosotros mismos porque muchas veces somos
ciegos y sordos frente a lo evidente.
Cuenta
el relato que un personaje llamado Farach llega de China. Averroes
opinaba como muchos que Farach era un gran farsante pero asiste a una
cena en casa del mismo. En la casa de Farach se encontraban varios
intelectuales: Abulcásim el viajero. Aldalmálick el poeta y Averroes.
Cuando
se encontraban en el jardín empiezan a hablar de flores y opinaban que
las rosas eran las más bellas, las más perfectas perfectas. Es así como
Farach el teólogo menciona la existencia de una variedad de rosa
perpetua.
Aldalmálick
el poeta y el traductor Averroes no creen en rosas con letras. Para
ellos la escritura es un arte y la rosa simplemente es un producto
natural. Para ellos la cultura y la naturaleza, son simplemente
distintas por lo tanto separadas.
Otro
de los invitados opina que la escritura no es en realidad un arte.Todo
lo mencionado no se da por simple casualidad: todo no hace más que
aclarar porque Averroes se equivocó. Es en ese momento que los invitados
le solicitan a Abuscásim que se refiera a alguna maravilla, pero este
titubea antes de hablar. La razón de que el lenguaje muchas veces a
pesar de ser rico y amplio, presenta estrechez para describir la inmensa
realidad en la que el hombre vive.
Abulcásim
empieza a contar la historia de una representación teatral que pudo
presenciar en la China. El representa al hombre que conoce una y otra
cultura, el que ha visto ampliarse los horizontes y narra la obra con
entusiasmo y con lujo de detalles. Pero los invitados no aceptan lo
contado y se refieren en forma despectiva a los actores como si se les
hubiese hablado de locos. Al narrador nadie le comprendió, nadie quiso
entender y entre ellos Averroes a quien la vida le mostraba nuevamente
otra señal. El nuevamente fue el ciego que no pudo ver y el sordo que no
pudo escuchar.
Podemos
observar en este cuento una estructura binaria Averroes-Borges. El acto
de escribir el relato por parte de Borges, es una clara muestra de la
toma de conciencia de los riesgos del conocimiento de la historia y de
que existe la posibilidad de un margen de error en la interpretación del
pasado. La actitud crítica de Borges frente al comportamiento de
Averroes es muy severa y sarcástica, se trata en realidad de una
autocrítica.
“En
la historia anterior quise narrar el proceso de una derrota. Pensé,
primero, en aquel arzobispo de Canterbury que se propuso demostrar que
hay un Dios; luego, en los alquimistas que buscaron la piedra filosofal;
luego, en los vanos trisectores del ángulo y rectificadores del
círculo. Reflexioné, después, que más poética es el caso de un hombre
que se propone un fin que está vedado a los otros, pero sí a él. Recordé
a Averroes, que encerrado en el ámbito del Islam, nunca pudo saber el
significado de las voces tragedia y comedia. Referí el caso; a medida
que adelantaba, sentí lo que hubo de sentir aquel dios mencionado por
Burton que se propuso crear un toro y creó un búfalo. Sentí que la obra
se burlaba de mí...En el instante en que yo deje de creer en él,
“Averroes” desaparece”.
Análisis del Cuento del Guerrero y
de la cautiva (1949)
Este
relato también posee una estructura de tipo binario. En donde se
presentan dos historias enfrentadas a un espejo, por lo que el resultado
nos ofrece que una es el reflejo invertido de la otra. Las historias
están planteadas antagónicamente pero si se observa con detenimiento
ambas son una, la cara y el sello de una misma moneda. Planteamiento que
Borges presenta en muchos de sus relatos.
El
relato se inicia con la historia de un personaje llamado Droctulf, él
era un guerrero lombardo que en el asedio de Ravena abandonó a los suyos
y fallecido defendiendo la ciudad que antes había atacado. Los llamados
raveneses, manifestando su gratitud y conmovidos, le enterraron y en su
epitafio pusieron “Contempsik caros, dum nos amat ille, parentes” y en
peculiar contraste figuras de aquel bárbaro simple y bondadoso.
Terribilis visu facies mente benignus Longaque robusto pectores barba fiut!
Esta
era la historia del bárbaro que murió defendiendo Roma. Nunca fue un
traidor, se le definió como un iluminado, un converso. Este hecho fue
citado por Croce y el autor lo lee y se conmueve y dice: “Tuve la
impresión de recuperar, bajo forma diversas algo que había sido mío”.
Borges,
recuerda así una historia que escuchó de su abuela Fanny Aslam sobre
una india rubia, que al vivir con los indios y absorbida por la cultura y
costumbres de los mismos ya no deseaba volver a su tierra natal. Se
había casado con un carpintero, a quien le dio dos hijos y era feliz a
pesar de encontrarse entre luchas, marchas al alba, asaltos, saqueos,
guerras, poligamia, etc.
En
este cuento no le pertenecen a Borges ni la historia del bárbaro, ni la
de la rubia india, pues son historias fidelignas, pero sí el mérito de
mezclar ambas historias y convertirlas en una metáfora perfecta.
Para
Borges ambas historias eran como los dos platillos que posee una
balanza, para Borges ambas historias reunidas en una sola resultó ser
una especie de experimento, de ensayo ya que no se acostumbra mezclar de
la manera como él lo logró espacios y tiempo tan separados.
Para
Borges lo importantes fue cómo una verdad de carácter histórico podía
servir como símbolo. La historia de Droctulf sirve como base para poder
entender la conducta de la india inglesa. Borges parte de este
conocimiento para entender el universo. Borges siempre pensó que no se
necesitaba pasar por todas las experiencias que existen para entender
una en particular. Para él una emoción o experiencia bien vivida
permitirá conocer todo su universo.
El
principal objetivo del cuento es lograr comprender la cultura en el
tiempo y en el espacio y su devenir histórico. Para Borges la
aculturación de la india inglesa que vivió en las pampas Argentinas no
es una regresión cultural o una traición a sus orígenes sino, una
necesidad de carácter histórico, como también sucedió en otras épocas y
en otras tierras con el guerrero Droctulf.
Borges
magistralmente logra establecer en el relato personajes de aspecto
físico contrastables como por ejemplo ferocidad y dulzura, cualidades
opuestas y normalmente irreconciliables.
El
guerrero por su parte era devoto de los dioses paganos y la india
inglesa participaba de festines salvajes, uno se mueve en una geografía
de selvas y de ciénagas, mientras que el otro, en el desierto.
Otro
punto en común en ambos personajes es el señalar los motivos ocultos de
la conducta de ambos al cambiar de bando en el caso del bárbaro y el
deseo de no regresar a su país de la cautiva. Borges atribuye que se
debió a un ímpetu secreto y no a la razón.
Droctulf
es atrapado por la visión de la ciudad la cual representaba la máxima
expresión de la cultura por oposición a la naturaleza. Borges aquí
también trata de justificar la conducta irracional de ambos personajes
para Borges , el hombre que se adelanta a un proceso histórico es muchas
veces mal entendido, es por esta razón de que no se debía entender como
traición el comportamiento del guerrero, ni yampoco el de la cautiva.
El
autor de la cautiva relata que es feliz con su esposo y con los hijos
que le dio por esta razón no desea irse del lugar. Pero por otro lado al
colocar la historia en boca de su abuela, Borges no puede saber hasta
que punto la situación de la cautiva era el producto de la fatalidad y
del tiempo o si existía en ella una elección libre de su propio
destino.
Cuando
la india desafía a la abuela de Borges poco después de la Revolución
del 74, este desafió es entendido como una respuesta a la civilización, a
la Inglaterra que la india ya no aceptaba. Pero el autor trata de
expresar que quizás ambas posibilidades se combinan.
En
el dominio de lo ético para Borges solo el devenir histórico podría
llegar a juzgar la lealtad o la traición de los personajes, ya que la
fidelidad al grupo podría ser la traición a las leyes del mismo universo
y del tiempo ya que el progreso puede convertirse en una acción de
signo opuesto.
El
Guerrero se convierte atraído por un nuevo orden, la cautiva se
convierte porque sus valores cambian. El tiempo y la distancia
transforman a los hombres y provoca grandes efectos.
Mientras
que en el relato la abuela de Borges, Fanny Aslan se horroriza ante la
figura de la india rubia “bárbara”. Él en cambio transmite con cautela
el relato.Es de esta forma que Borges trata de entender la
transformación, la conducta y no dejarse llevar por falsas impresiones.
Droctulf,
fue censurado por los longobardos, como la cautiva por la abuela de
Borges, pero la historia fue la única encargada de revelar que en
ninguno de los casos se trató de traidores.Borges con su cuento y su
arte, buscó superar las contradicciones y es así que logra apartarse
del maniqueísmo cultural.
Las
enseñanzas que podemos obtener de esta historia son más que grandes
sabias, si llegamos a comprender el fondo de lo que en ella se expresa
nos detendríamos en pensar dos veces antes de emitir juicios que en la
mayoría de las ocasiones resultan ser apresurados e injustos
FANNY JEM WONG
Análisis Del Cuento “La Otra Muerte”
(1947)
Se
trata de un amigo que anuncia a través de una carta al narrador dos
cosas aparentemente dispares: una la traducción de un poema de Waldo
Emerson titulado “The Past” y la posdata de que Don Pedro Damián un
antiguo amigo de ambos, que había muerto y que en su delirio febril
este había revivido la sangrienta jornada de Masoller.
La
fiebre y la agonía de Damián, le sugirieron la composición de un relato
fantástico sobre la derrota de Masoller. Para la que busca datos en la
memoria de un militar que había formado parte de la campaña. El coronel
Tabares habla de la guerra y presenta que Damián se había portado como
un cobarde en Masoller, a pesar de creerse todo un valiente.
El
narrador se siente desilusionado le habían destruido la imagen de su
ídolo sin intención de hacerlo. Manifiesta haber preferido un personaje
valiente y no un cobarde.
Amaro,
es otro ex militante de la campaña de Aparicio Saravia y esta vez es él
el que cuenta la historia. Otra historia distinta de Damián, un héroe
que lucho en la batalla y murió por ella.
El
narrador se encuentra con otro personaje llamado Canon, el amigo que la
había anunciado la traducción del poema The Past y la muerte de Damián.
Luego el narrador recibe una carta de Tabares quien le confirma la
versión de Amaro. El narrador busca sin éxito rastros físicos o testigos
directos de la vida de Damián.
Un
sujeto llamado Abaroa, un puestero que le había visto morir, había
fallecido. El narrador trae a su memoria los rasgos de Damián, pero
meses, después advierte que el rostro que había logrado evocar no era el
de Damián sino el de un tenor famoso llamado Tamberlick en el papel de
Otelo.
Este
hecho esconde una serie de significados, fuera de su ironía contra la
fidelidad de la memoria. No es producto de la casualidad el confundir el
rostro de Damián con el de un actor y encima personaje de una obra
Shakesperiana.
En
este relato se postulan dos Damianes. Una la más simple, no aceptada
por el narrador: el haber soñado él al primer Damián, el que conoció en
Entre Ríos. La otra ideada por otra persona Ulrike Von Kuhlmonn, quien
decía que Damián habría muerto en una batalla, pero que en el preciso
momento de la muerte le suplica a Dios que le regresara a su tierra; y
Dios le concede lo pedido pero sólo vuelve a la sombra, Damián se
comportó como un cobarde en Masoller y es por esta razón que dedicó su
vida a corregir esta equivocación.
Él
espera durante 40 años que el destino le diese la oportunidad de
enmendarse y portarse como un valiente. Pero esta batalla solo llega a
él en el momento mismo de su muerte, en forma de delirio.
Como se verá, Damián muere de forma distinta dos veces. Una real y otra imaginaria, pero en el fondo una.
“Modificar
el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias
que tienden a ser infinitas... es crear dos historias universales”
En
este relato hay dos historias. En la primera Damián muriendo en Entre
Ríos en el año 1946, en la segunda Masoller en 1904. Se busca, confundir
la realidad con el mundo imaginario, la literatura con la historia, y
la alusión a Virgilio es un ejemplo que funciona en forma inversa.
El
narrador hace literatura, que con el tiempo será historia y Virgilio
cree hacer historia e hizo literatura. Damián finalmente consigue lo que
tanto anheló su corazón. Es a través de su imaginación que logra
compensar su vida de frustraciones y de perdidas.Borges postula así un
continuo intercambio entre los polos opuestos o antagónicos, cuyo
movimiento tiene como factor determinante el devenir temporal.
"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído."
JORGE LUIS BORGES
|
El hecho de que el zahir fuese una pieza de dinero, no es producto de la casualidad, así como la alusión al tesoro de los Nibelungos, motivo de codicia y de crímenes. En nuestros días el dinero simboliza la esclavitud del hombre; y en muchas ocasiones es el causante de la degradación y de la perdida de valores. Por esta razón es que Borges lamenta que el zahir de Teodelina fuese el dinero y no un tigre o un trazo de mármol o cualquiera otra
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