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viernes, marzo 01, 2024

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

EL MAR DE JORGE LUIS BORGES

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.
 


 

sábado, febrero 25, 2023

Poema del renunciamiento por José Ángel Buesa.

Poema del renunciamiento por José Ángel Buesa.

 

Poema del renunciamiento por José Ángel Buesa. 

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento
-el tormento infinito que te debo ocultar-
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento."
Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás.

(Cuba, 1910 – 1982)

viernes, junio 24, 2022

La poesía de Elvira Ordóñez en la tradición literaria del Perú por Marco Martos

 
La poesía de Elvira Ordóñez en la tradición literaria del Perú por Marco Martos

La poesía de Elvira Ordóñez en la tradición literaria del Perú por Marco Martos


Sabido es que, a lo largo de la historia, la escritura de poesía ha sido cuestión de varones. Las mujeres destacadas, desde Safo hasta Olga Orozco, son siempre una importante minoría. Esta situación empieza a cambiar, sobre a partir siglo XX, y hay una legión de mujeres dedicadas a la lírica.

En el caso peruano, la poesía escrita por mujeres aparece tempranamente. Baste recordar el Discurso en loor a la poesía de Clorinda o la Epístola de Amariils a Belardo, primera expresión hispanoamericana de la poesía escrita por mujeres. La mujer habla de su propia condición. La poeta deja de ser la dama que recibe los elogios del varón y se transforma en un ser humano dialogante en su propia escritura. En ese sentido, la anónima Amarilis merece un lugar destacado en la literatura castellana, hermanada por el lenguaje y por la actitud ante la vida con Juana Inés de la Cruz y Teresa de Ávila.

Durante el siglo XIX, prácticamente no existen poetas peruanas de calidad. Las pocas que destacan en literatura están dedicadas a la narrativa o al ensayo. Ciertamente no es casual que Peregrinaciones de una paria, libro publicado inicialmente en francés por Flora Tristán en 1838, describa y censure abiertamente la exacción de los hombres hacia las mujeres. 

En el Perú del siglo XX, Magda Portal es una adelantada, un símbolo de la lucha de las mujeres en el terreno político, en el desarrollo de sus capacidades intelectuales y afectivas, en el reclamo permanente, más allá de toda moda o capilla de la igualdad entre la mujer y el hombre. Dejando de lado la prosa política y los textos de ficción, la extensa e intensa obra de creación poética de Magda Portal es un reconcentrado testimonio de dignidad humana y de aspiración a la justicia social. Como su antecesora Amarilis, pero con una intensidad y una fuerza nueva, propia de los tiempos que corren. Magda Portal vuelve a la mujer un polo activo de la relación amorosa. Hay otros aspectos de su producción que conviene destacar. En primer lugar, la camaradería, el compañerismo con todo aquel que sufre persecución e injusticia. En el terreno literario y en el de las ideas puede decirse que hay una actitud que viene de Vallejo o de una ética de raíz cristiana y marxista. Su poesía está recostada sobre el sufrimiento y sobre la historia y está escrita en su mayor proporción en un lenguaje asequible y popular, que elude sin embargo los riesgos de lo argótico empobrecedor. 

Sin duda alguna, Blanca Varela es una de las mejores exponentes en la poesía latinoamericana de que las mujeres pueden alcanzar las mismas altas cotas que los mejores varones. Su poesía se ha incorporado ya al canon de la poesía latinoamericana. Nacida en 1926, publicó su primer libro “Ese puerto existe”; en 1972 con “Valses y otras falsas confesiones” se instaló definitivamente entre los mejores cultores de la poesía en el Perú. Dueña de una formación literaria excepcional, muestra en lo que escribe un gran conocimiento de la tradición literaria del siglo XIX y XX. Distingue muy bien los sentimientos del individuo que escribe de lo que aparece pergeñado en el poema. Tiene un cierto distanciamiento de lo narra en el poema. Un poema suyo, es como lo dice el título escogido en 1972, una falsa confesión, una construcción literaria de un sujeto inventado que dice, sin embargo, a través de ejemplos particulares, verdades universales. 

La dilatada obra poética de Cecilia Bustamante ha merecido, aquí y allá atención de los críticos y palabras elogiosas de la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou. Se pueden distinguir por lo menos dos líneas en su escritura. Una de ellas, la más antigua marcada por el asombro frente al mundo natural y por un escepticismo resuelto a veces con amargura frente a los actos humanos La otra forma de poetizar, estilísticamente más bronca y enfática, expresa con profunda ironía la situación de la mujer en América Latina sin que se trate necesariamente de una literatura combativa o panfletaria. 

La poesía de Elvira Ordóñez (1934), límpida y profunda, se ha ido convirtiendo, en una lectura de culto, como ocurre con la prosa de Luis Loayza y de Antonio Gálvez Ronceros. Conocida por los amantes de la lírica, no ha llegado a esa inmensa minoría selecta de la que hablaba Juan Ramón Jiménez. Sin embargo, hasta los intonsos lectores que se deleitan con los versos, si toman un contacto súbito con esta magnífica poesía, quedan sorprendidos porque la poeta con una suave dicción, ese musitar las palabras lejos de toda estridencia que estuvo un poco de moda en la década del cincuenta del pasado siglo XX, va diciendo verdades de a puño que conciernen a toda la especie humana. Nos habla de la soledad del individuo, de la necesidad de luchar que tiene la mujer, en una sociedad donde predomina el patriarcado. Nos expone su punto de vista sobre los afectos, la amistad, la intensidad de los sentimientos solidarios. 

Si las poetas mencionadas supra, Portal, Varela, Bustamante, se caracterizan porque paralelamente a su quehacer literario tuvieron alguna práctica política, e intervinieron de un modo u otro en la vida ciudadana, Ordóñez, a su lado, luce soledosa, una mujer que cuenta con la escritura que es su único hilo de vínculo con la sociedad. Lo sorprendente y no habitual, salvo en contados casos en la literatura universal, es que la poesía de Ordóñez, desde sus primeros libros, nace madura, como ocurre con el poeta español Jorge Guillén. Sin duda alguna, ella, como todos los que escriben, tuvo una fase de aprendizaje, pero lo que muestra, desde sus primeros versos, es una poesía trabajada con la dedicación de un orfebre, sin caídas en el ritmo, con palabra límpidas, con un vocabulario escogido pero no rebuscado, que va envolviendo al lector, ganándolo para su bandería, convenciéndolo de la solvencia de sus puntos de vista. 

Cuando un escritor tiene calidad, podemos empezar leyendo cualquier página. De todas maneras, el embrujo de las formas precisas, lo bien dicho de los mensajes, lo ajustado del discurso, muestran no un reflejo de la realidad, como podrían decir aquellos que solo leen a Aristóteles, sino la construcción de una nueva realidad maravillosa nacida de las palabras del estro del poeta. Y en los poemas de los primeros tiempos de estos escritores excepcionales, está ya el universo total que desarrollaran en sus detalles. Veamos un texto que podemos verlo como una poética, un punto de vista sobre la escritura, y también sobre la vida. 

I
¿A quién recurrir? Ni a los ángeles ni a los hombres.
Rainer Maria Rilke
Si no detengo el precipitado cielo con mis brazos
si no me bebo el mar antes de que me ahogue
si no atemorizo al frío con mi desnudez
y no me acerco al sol como si fuésemos iguales:
estoy perdida.
La realidad del ser es su unidad de isla
su contorno sin mezcla.
Solo está el hombre con su sombra muda
golpeando con sus puños la noche indomable
masticando sus dientes con pobreza
transfigurando en astros su sangre alucinada
más allá del instinto conservando
el legítimo horror de su materia.
¡Solo está el hombre,
si sola no me salvo estoy perdida!
De “La palabra y su fuego”. 

Empezaremos por la cita de Rainer María Rilke, el gran poeta checo que escribió en alemán y que está considerado un heredero de la poesía simbolista, un practicante de la poesía llamada pura, lo que ahora tiene menos sentido, pues no existe poeta que viva en la torre de marfil, ni siquiera el propio Rilke, pues toda poesía se mezcla con todo lo humano. Rilke, sí, es un poeta fino, dueño de una escritura ejemplar, que medita sobre los hechos humanos buscando siempre la trascendencia. Escoger una cita de él, como lo hace Elvira Ordóñez, de un modo simbólico, significa asociarse a eso que dice el poeta checo. ¿Y qué es lo que dice? Esa pregunta ¿a quién recurrir? en si misma muestra una situación anterior que no está dicha en el texto pero que se puede conjeturar o directamente adivinar. Decimos eso, a quién recurrir, en una situación de apuro o de extrema necesidad. Si leemos todo el poema y volvemos a la cita de Rilke, puede decirse que el clave de todo el poema: la soledad del individuo, hombre o mujer. Una de los obras que garantiza la vigencia de Rilke en los lectores de hogaño es el conjunto de cartas que dirigió a un poeta que se iniciaba. Conocido como “Cartas a un joven poeta” ese libro tiene vigencia hoy día para muchos que se inician en el arte de la escritura. Rilke considera el status de los géneros y les dice a los principiantes que si tienen algo que decir y lo pueden expresar en una carta, o en un artículo, o en un cuento, que lo hagan en ese medio expresivo, y que si no encuentran el vehículo adecuado, entonces pueden decirlo en poesía. Dicho de otro modo, la poesía es el modo de expresión de lo íntimo, de lo más personal. 

En el poema de Elvira Ordóñez que analizamos la primera estrofa plantea situaciones extremas, imposibles de realizar en la vida cotidiana: beberse toda el agua del mar, atemorizar al frío con su desnudez, acercarse al sol, como si fuesen iguales. Conclusión: solo planteándose situaciones inimaginables, una mujer de estos tiempos, puede salir adelante. Sin entrar al terreno directamente político, Ordóñez es en el Perú una adelantada de los reclamos de la mujer para terminar con el mundo patriarcal que empieza a tambalearse desde los años setenta del pasado siglo, con la difusión de las ideas de Simone de Beauvoir en su libro “El segundo sexo” y, sobre todo, por la creciente participación femenina en la vida diaria: universidades, oficinas, negocios, ministerios. Es una larga marcha, con muchos avances y algunos retrocesos. Cincuenta años más tarde, las mujeres puedes exhibir resultados. Y en el campo literario Elvira Ordóñez, desde la poesía, aparece como una clarividente. 

El primer dístico del poema:
La realidad del ser es su unidad de isla
su contorno sin mezcla 

es de una extremada originalidad y aparte a la poeta de los decires de otras escritoras y de la propia práctica feminista de hogaño: los seres humanos nacemos solos y permanecemos como islas a lo largo de toda nuestra vida. Es lo que dice Ordóñez y nos pone frente a un asunto capital de la humanidad. Los individuos tenemos necesidad de los otros desde que nacemos. La vida, apartada de los demás, es casi inimaginable: desde que nacemos queremos volver al seno materno. Nacer es ser expulsado de un paraíso y nuestra madre es el símbolo de lo perdido y deseado. Pero es señal de maduración apartarse de la madre, mezclarse con el mundo. Son raras las personas que pueden vivir totalmente apartados de los demás: anacoretas, monjes budistas o cristianos, solitarios en las grandes ciudades. Necesitamos de los demás, anhelamos su aprobación, al mismo tiempo conocemos de las rivalidades y las envidias en los ambientes que frecuentamos. Entonces surge el movimiento contrario: estar como islas entre los demás, que es lo que propugna la poeta en sus versos rotundos.
 
En la estrofa siguiente:
Solo está el hombre con su sombra muda
golpeando con sus puños la noche indomable
masticando sus dientes con pobreza
transfigurando en astros su sangre alucinada
más allá del instinto conservando
el legítimo horror de su materia
la poeta profundiza en el tema de la soledad del individuo que tiene una sombra muda, que lucha contra la noche indomable, que conoce la pobreza y que a pesar de la pobreza, se relaciona con los astros, es decir tiene apetencias metafísicas y conoce al mismo tiempo su finitud, su pequeñez, pues tiene el legítimo horror de su materia. 

En el último dístico la poeta escribe:
¡Solo está el hombre
si sola no me salvo estoy perdida! 

Estos versos son un magnífico remate del poema. Se vuelve a remarcar la soledad de los individuos que no pueden esperar anda de los otros. En la última línea aparece el lema que ha guiado a la poeta toda la vida: basarse en los propios esfuerzos para sobrevivir en un mundo hostil. 

El análisis de este poema emblemático puede servir de clave para interpretar todo el conjunto de la poesía de Elvira Ordóñez que ahora en cierto modo se pone en manos de nuevos lectores que garantizarán con sus análisis y comentarios, artículos, libros o tesis, la permanencia de la poeta en el canon de la poesía peruana más exigente. Agradezco a José Carlos Alvariño Ordóñez, hijo de la poeta, quien me ha permitido participar de forma muy activa en la preparación de este libro y a la editorial Peisa que dirige Germán Coronado, por editar y difundir esta poesía excepcional. 

Lima, 22 de junio de 2022
Marco Martos Carrera
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lunes, mayo 16, 2022

Marco Martos Llegar a Praga

 
Marco Martos  Llegar a Praga

Marco Martos Llegar a Praga

Mi padre soñaba con Europa y África
en su mente prodigiosa. Hablaba
con precisión que parecía fotográfica
de Jerjes, furioso después del combate
de Salamina, de los desbordes del río Nilo
que ayudaron a fijar el calendario egipcio,
de Julio César en las Galias, aclamado por su tropa,
de Napoleón combatiendo en las pirámides,
de Marx y Engels bajo las neblinas de Londres,
de Churchill, Roosevelt y Stalin en la conferencia de Yalta.
Prefería a Homero, a Platón, Aristóteles, a los trágicos.
Viajó por todo el Perú, por Colombia.
No fue más lejos. Me tocó cumplir alguno de sus sueños:
París, Madrid, Berlín, Moscú, la muy hermosa.
Pero Nausícaa ha ido más lejos, lagos escondidos
en el centro de la Europa, Budapest, Praga, la ciudad diamante.
Hoy ocho de junio, están en Praga, buscando
los pasos de Kafka, Alejandro y Lucía, y los abrazo.

 

lunes, marzo 14, 2022

Un Sueño por Hermann Hesse (1877 - 1962) Alemania

Un Sueño por Hermann Hesse (1877 - 1962) Alemania

Un Sueño por Hermann Hesse 

(1877 - 1962) Alemania

Salones que cruzamos con timidez,
un centenar de rostros que desconocemos...
Con lentitud, una tras otra,
las luces palidecen.

Allí cuando su brillo se hace gris
cuando se ciega con el atardecer,
un rostro me parece familiar,
la memoria del amor encuentra
conocidos los rostros
que antes fueron extraños.

Oigo nombres de padres,
hermanos, camaradas,
así como de héroes, de mujeres, poetas
que yo reverencié cuando muchacho.
Pero ninguno de ellos
me concede siquiera una mirada.

Como las llamas de una vela
se desvanecen en la nada
dejan en el entristecido corazón
sonidos de poemas olvidados,
oscuridad, lamentos
en torno de los días ya encauzados
en leyenda y en sueño
de una luz disfrutada alguna vez.   

sábado, abril 17, 2021

Las ruinas circulares Jorge Luis Borges

 

Las ruinas circulares Jorge Luis Borges


Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

miércoles, julio 15, 2020

SUEÑO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 
SUEÑO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

SUEÑO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Cuando hacia mí volviste la cabeza,
creí que me elevaban de este suelo.
acogido a tu pecho transparente,
¡cuán claras a mí toman mis prisiones!
¡Cómo mi corazón hecho pedazos
agradece el dolor, al beso ardiente
con que tú, sonriendo, lo compones!

 

jueves, enero 09, 2020

POR SIEMPRE POR MARIO BENEDETTI

POR SIEMPRE POR MARIO BENEDETTI


POR SIEMPRE POR MARIO BENEDETTI

Si la esmeralda se opacara,
si el oro perdiera su color,
entonces, se acabaría
nuestro amor.  
Si el sol no calentara, 
si la luna no existiera, entonces, 
no tendría sentido vivir en esta tierra  
como tampoco tendría sentido vivir sin mi vida,  
la mujer de mis sueños, la que me da la alegría...  
Si el mundo no girara o el tiempo no existiese, 
entonces, jamás moriría 
Jamás morirías tampoco nuestro amor...  
pero el tiempo no es necesario nuestro amor es eterno  
no necesitamos del sol de la luna 
o los astros para seguir amándonos...  
Si la vida fuera otra y la muerte llegase entonces, 
te amaría hoy, mañana... por siempre... todavía.


jueves, junio 21, 2018

MIGUEL DE UNAMUNO (Bilbao, 1864/ Salamanca, 1936)

MIGUEL DE UNAMUNO (Bilbao, 1864/ Salamanca, 1936)


MIGUEL DE UNAMUNO (Bilbao, 1864/ Salamanca, 1936)

MORIR SOÑANDO


Último poema de Unamuno, muerto el 31-XII-1936

Au fait, se disait-il a lui-même, il parait que
mon destin est de mourir en rêvant.
(Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX)
«La tranquillité»)


Morir soñando, sí, mas si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar; nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?

28 -día de Inocentes- de diciembre, 1936.

miércoles, noviembre 23, 2016

GARBO, LA DIVINA POR MARCO MARTOS



GARBO, LA DIVINA POR MARCO MARTOS

GARBO, LA DIVINA POR MARCO MARTOS

Tú vienes , Greta Garbo, de las montañas de hielo de Suecia, 
de los ríos congelados del invierno en las calles de Estocolmo, 
del sol fúlgido del verano en el extremo del mundo. 
Traes la serena belleza de tus ojos, líquidos como el lenguaje de los sueños, 
quietos, como las noches cálidas de luna llena, 
intensos como la aurora boreal con dos fuegos, 
deslumbrantes como la voluntad de la deidad 
cuando creó la tierra como un paraíso. 
Portas el misterio, la lejanía de los bosques de hayas y abedules, 
de pinos y arrayanes, la hermosura esencial del rostro humano.

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Matsuo Bashō (1644 - 1694) Japón

Matsuo Bashō (1644 - 1694) Japón- HAIKU       Ramas de lirio aferradas a mis pies. ¡Cordones para sandalias!     Matsuo Bashō  (1644 - ...

FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG

FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG
"La realidad vive ajena / no hay espacio , ni tiempo. / El tiempo, el espacio / los instantes / pequeños universos. / Por las noches son aires, son negras velas / que aquí se alimentan "

CONFUCIO

Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
mariposa gris / anclada en la tierra / mueres de amor

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FANNY JEM WONG MIÑÁN

"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG

"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG
"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro... Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro." Octavio Paz.

XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG

XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA  POR FANNY JEM WONG
XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG
EL TAÑER DE LAS CAMPANAS POR FANNY JEM WONG

Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️

Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.

MUCHACHA DE COLOR AZUL

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REVISTA ORIENTAL

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IMPARABLES ACTIVIDADES DEL CCPCH

WONG WU YONG MI GUERRERO VALIENTE

WONG WU YONG MI GUERRERO VALIENTE

INQUEBRANTABLES

INQUEBRANTABLES
"Uno pertenece a dónde se le quiere, se le ama, se le desea, se le siente.... y en repetidas ocasiones se le extraña, pero sobretodo dónde se le demuestra"