jueves, julio 18, 2024
Vertiginoso corazón por Marco Martos
domingo, abril 14, 2024
Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
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Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
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Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
Por la luz intensa que arriba a tu ventana
en el centro de la noche y te deja
ligeramente azul cuando te baña,
por tu piel que semeja a las espigas
de cebada bajo el sol del mediodía,
por tus ojos del color de la miel
de las abejas zumbando al pie de la montaña,
por tu permanente gracia de mujer
que ya tuvo aquella que alegró la vida
del primer hombre, cuando hablaban,
por la serena belleza de tu voz
que llega precipitándose hasta el mar
desde lo más alto, por tus manos que ofrecen
ríos de ternura, llueve o truene,
haya sol o nube o nada,
por tu sonrisa que hace de cada día,
con sus instantes, un lugar de palmeras y agua,
y alienta a continuar el camino de la vida,
levanto mi vaso de vino y brindo
por ti y por tus sueños,
y mientras lo amarillo helado
baja por nuestras gargantas
tocan timbres a lo lejos,
turbinas se alistan, alas,
y un pacto de fuego queda sellado
en nuestras miradas.
martes, marzo 21, 2023
Relato del libro "Defensa India del Rey" por Marco Martos

Relato del libro "Defensa India del Rey" por Marco Martos

Beso esquimal
Los demás se rieron. Y Hugo, imperturbable, fue enumerando lo que necesitábamos: cordeles, anzuelos, carnadas, una canasta, un pequeño mantel para cubrir los pescados, un par de gorras, zapatillas, para no resbalarnos en el muelle, cremas para la insolación. Nos demoramos tres horas en los preparativos y salimos de la casa, escuela, silbando. Eso de «casa, escuela» parecerá algo raro, pero es la verdad. Era un inmenso local frente al malecón, con un patio en el que jugábamos todo el santo día en tiempo de verano. En el segundo piso vivía doña Sofía, la directora del colegio, con toda su familia, sus padres y cuatro hermanos, Renée, Christian, Hugo y Liliana. El papá era hijo de un vaporino holandés que llegó al puerto de Paita y que había quedado en el puerto, atraído por la vida tranquila y los bellos atardeceres. Se llamaba Max Euwe, el mismo nombre y el mismo apellido del campeón mundial de ajedrez, un célebre matemático que había sido rector en la una universidad de Amsterdam. Don Max había aprendido pintura en la Escuela de Bellas Artes de Piura y era profesor de la materia en el colegio de la ciudad.
Me encantaban los paisajes marinos que pintaba, las olas encrespadas, los colores variados de las aguas, la luna espléndida, al borde de sus telas, hundiéndose en el mar. Había inventado una máquina, una especie de cajón con sus patas que proyectaba vistas fijas sobre la pared de su casa, mientras los niños mirábamos el espectáculo en religioso silencio.
Ahí está Marsella, donde pasé una semana, ahí el Canal de Panamá, una belleza, obra del hombre, ahí Guayaquil, ahí el Callao, con sus pedrezuelas calientes, y aquí está Paita, la ciudad de la tranquilidad.
En el primer piso del colegio vivíamos nosotros, pero solamente por los tiempos del verano, íbamos desde Piura y ocupábamos las habitaciones pequeñas que quedaban cerca de la dirección. Pero teníamos todo lo indispensable,dormitorios, cocina, baño, y hasta un pequeño patio para colgar la ropa recién lavada. Mis hermanos y yo salíamos todos los días a caminar a orillas del mar, cerca, salvo cuando venía Hugo y entonces recorríamos todas las playas desde La Punta hasta Pueblo Nuevo, recogiendo caracoles, estrellas de mar, cangrejos disecados, objetos de metal. Regresábamos
cansados, quemados por el sol, hambrientos y sedientos, con pocas ganas de hablar, pero nos reponíamos pronto, volvíamos por la tarde, cuando la tarde se volvía dorada por el sol y por las noches salíamos al malecón a escuchar historias de fantasmas y aparecidos que nos encantaban y a
veces nos erizaban la piel.
El día que salimos a pescar Hugo y yo, con gran rapidez llegamos al muelle de madera que conduce a la glorieta, y vimos que los muchachos abajo, en la parte de la playa que ya entra al mar, molestaban a las muchachas que como nosotros querían disfrutar de la brisa del mar o mirar a los
aficionados a la pesca o pescar ellas mismas con sus finos aparejos. Sentíamos que subían unos gritos, «rojo», «blanco», y las chicas se ponían rojas, disimuladamente corrían y llegaban a la glorieta y ahí recuperaban la calma y se reían satisfechas, serenas, felices.
—No hay que hablar mucho —dijo Hugo—. Mientras se pesca no hay que hablar, los buenos pescadores son silenciosos.
Nos callamos mientras el sol subía a la mitad del cielo, mirando las gaviotas, los piqueros a lo lejos, las olas del mar.
Y súbito ocurrió lo que esperábamos, sentí un tirón, jalé el cordel como me había enseñado Hugo, y saqué, orgulloso al pez. Era un pequeño tollo que se quedó aleteando en la canasta, cada vez menos rápido. Y Hugo exclamó:
—Nada hacemos con un pescado tan chico, no sirve para hacer cebiche, devolvámoslo al mar.
El rostro se me iluminó, tal vez sentí piedad por el tollo.
—Sí —respondí—. Arrojémoslo al mar.
Y el tollo desapareció en la profundidad de las aguas. Todavía pasamos dos horas intentando en vano pescar. Regresamos con las manos vacías y contamos nuestra aventura. Mi mamá me miraba en silencio y mis hermanos, Martha y Manuel, estaban calladitos, no quería perderse una palabra. Y de pronto Liliana dijo:
—¿Quién les va a creer? Son ustedes unos mentirosos. Hugo se rio. Pero yo me puse triste y compungido y traté de aparentar normalidad. Al día siguiente nos fuimos de paseo a Pueblo Nuevo. La caminata era larga e íbamos distraídos, tratando de divertir a mis hermanos pequeños. Dejamos
atrás el muelle que llaman El Toril, porque allí embarcan las reses, por ese camino donde apilan en sacos el guano seco que mezcla sus olores fuertes con la brisa del mar, pasamos delante de las casas de los pescadores que tenían en sus corrales cerdos y gallinas, y perros en sus puertas que arrufaban sus dientes o movían la cola, o ladraban por cumplir. Llegar a la playa fue una felicidad. Mis hermanos se fueron a jugar a la orilla, ya con sus ropas de baño, mientras Hugo y yo, nos quedamos con el pantalón de baño y la camisa. Liliana, sonriente, no sabía si irse al mar o quedarse a escuchar lo que hablábamos. Hugo comentó:
—Mi papá es pariente de Max Euwe, pero no sabe jugar ajedrez. Y a mí me encanta.
Y sacó de su morral un tablero y me invitó a jugar. A mí no me gustó la situación porque estaba seguro de ganarle. Pero jugar fue lo único que me quedó. Me incomodaba que Liliana viera como le ganaba a su hermano y traté de demorar lo más que pude la partida, ahí bajo el sol. Cuando Hugo
se quedaba pensando, yo miraba furtivamente a Liliana, admiraba la perfección de sus formas, su expresión delicada, sus ojos de miel. En un momento vi que ella también me observaba y traté de disimular. De pronto escuchamos un grito. Mi hermano Manuel se estaba ahogando. Hugo salió disparado, con camisa y todo, entró resuelto en el mar y salió cargando al pequeño asustado, que había tragado agua y se había quedado con los ojos azorados. Nos olvidamos del ajedrez, recogimos nuestros bártulos y regresamos a casa, algo asustados y sin saber bien qué contar. Pero lo dijimos
todo, atropellándonos. Y mi madre dijo:
—No volverán a ir solos a esa playa peligrosa, con tantas corrientes. Por la tarde salí al patio. Apareció Liliana, me tomó de la mano, me llevó detrás de una sábana tendida y frotó mi nariz con su nariz.
— ¿Qué es esto? —dije.
—Un beso esquimal.
No supe qué hacer.
Relato del libro "Defensa India del Rey", que está en librerías.
sábado, marzo 11, 2023
Buga , del libro Defensa india del rey Lima, 2022 de Marco Martos Carrera
Día a día, Armando preparaba su impecable uniforme blanco, camisa, pantalón, zapatos, medias, todo del mismo color, caminaba unas cuantas cuadras y, respetando cuidadosamente las albas líneas en las esquinas, junto a semáforos, cruzaba calles y plazas y sin tomar el metro o algún bus, llegaba sin agitarse a su centro laboral. Los días sábados en una enorme bolsa acomodaba sus prendas de vestir usadas en el trajín semanal, bajaba por el ascensor de su pequeño edificio, saludaba a la vecina, su propia hermana, y se dirigía a la lavandería cercana que era regentada por un ciudadano chino, natural de Cantón, que llevaba treinta años viviendo en los Estados Unidos, viudo, con hijos desparramados en todo el continente americano.
Mientras Armando entregaba sus ropas y recogía otras prendas, conversaba con el chino sobre el tiempo o la política o sobre la belleza de las muchachas que, raudas, entraban o salían del establecimiento. Un día el barrio se alteró por una noticia tremebunda, no hubo persona que no se enterase de lo ocurrido. En el mismo edificio donde vivía Armando, una familia latinoamericana, padre, madre, tres hijos pequeños, había sido asesinada. Los adultos desaparecidos, los dos esposos, llevaban una vida apacible, tenían trabajos normales y, aparentemente no había razones para tal crimen, ni las más socorridas, drogas, contrabando, ni las más escondidas, los asuntos llamados pasionales.
Pasada una semana, siguiendo el ritual sabatino, Armando apareció cargado de sus uniformes en la lavandería en momentos en que una mujer argentina, en un inglés chapurreado, trataba de hacerse entender por el ciudadano cantonés, sin lograrlo plenamente. De la forma más cortés, en su español impecable, Armando se enteró de lo que quería la dama, un lavado en seco de una estola, y se lo trasmitió al chino que, perplejo, hizo un movimiento de cabeza entendiendo por fin aquello tan obvio.
Apenas se fue la dama el dueño de lavandería quiso saber por qué Harold sabía tan bien el español. " I am from Colombia" dijo el enfermero y de inmediato el chino se desmayó. Acudieron varios clientes y empleados diligentes, y alguien tuvo la ocurrencia de llamar a una ambulancia. Los paramédicos sacaron al enfermo y se llevaron rápidamente a la clínica. A lo único que atinó Armando fue a ir donde su hermana a contarle el episodio.
-Nunca digas que eres de Colombia.
-Pero si soy colombiano, ¿qué puedo decir?
- I am from Buga. Y no estarás mintiendo. Repite conmigo: I am from Buga, I am from Buga.
Por la noche, el enfermero fue a su lugar de trabajo y se volvió a encontrar con el chino que se reponía en la sala de cuidados intensivos y hasta sonreía débilmente a quienes lo rodeaban. El oriental lo reconoció de inmediato, puso los ojos en blanco y antes de morir de un ataque al corazón, como consta en el certificado médico, le dijo a Armando: -You are from Colombia.
De mi libro Defensa india del rey Lima, 2022
lunes, febrero 06, 2023
Eureka por Marco Martos
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Eureka por Marco Martos
Eureka por Marco Martos
jueves, enero 19, 2023
En el puente de las vacilaciones al borde de una mañana eterna : Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
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Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
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En el puente de las vacilaciones al borde de una mañana eterna
Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
A lo lejos, es conmovedor el puente de madera,
suspendido sobre la curva del río.
Parece un adorno inextricable
entre las dos riberas. Algo amarillo hecho
como un lazo entre lo verde de los árboles.
Sólo llegando a pisar sus tablones
se percibe el deterioro como marca de guerra
y oscuro sello del tiempo:
diminutas incisiones, quemaduras,
picaduras de viruela de un cuerpo desesperado
o heridas a tajo hechas por un rápido cuchillo.
¿Está viva o muerta la madera o acaso está
agonizando por encima del agua? Nadie lo sabe.
A nadie le importa mientras sirva.
La llaman, según dicen,
el puente de las vacilaciones.
Avanzan los hombres hasta la mitad del río
y dudan entre irse al barrio del placer
o regresar a cumplir con sus deberes conyugales.
Eso ocurre cuando la noche toma su nombre.
Me gusta venir a la hora del ocaso,
cuando el sol tiñe de rosa
las copas de los árboles. Cada vez
me sorprende esta belleza natural
que el hombre no ha dañado con el puente
de madera. Pero hoy vi a una muchacha
en un momento diferente:
con la cara lavada bajo el sol de la mañana,
radiante, como si el tiempo no existiera
o fuera un presente eterno, cruzando
el puente de las vacilaciones,
tan resplandeciente como la madera del primer día,
como un árbol caminando y ofreciendo sombra
a todos los hombres.
Me quedé confuso, contemplé el agua largo rato,
horas de horas, y me hice extrañas preguntas
sobre el objeto de la vida
hasta que llegaron los viandantes
con sus perplejidades, tal fantasmas bailarines
a la luz de la luna llena.
Me pareció entonces eterno el puente,
y sin heridas. Un Dios otorgando serenidad
a los alucinados de este remoto lugar del mundo.
miércoles, noviembre 09, 2022
La libertad según Rosa de Luxemburgo por Marco Martos

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martes, mayo 10, 2022
Sobre la poesía por Marco Martos
sábado, noviembre 10, 2007
Poemas a la rosa Martín Adán

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FRAGMENTO DEL POEMA "LA MÉDULA NOCTURNA" POR FANNY JEM WONG
CONFUCIO
"Si quieres respuestas sinceras, no olvides que algunas resultarán peligrosas" F JEM WONG
"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro... Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro." Octavio Paz.
XXIII TRAS EL AULLIDO DE LA LOBA POR FANNY JEM WONG
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.



