jueves, julio 18, 2024
Vertiginoso corazón por Marco Martos
domingo, abril 14, 2024
Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
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Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
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Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945) por Marco Martos
Por la luz intensa que arriba a tu ventana
en el centro de la noche y te deja
ligeramente azul cuando te baña,
por tu piel que semeja a las espigas
de cebada bajo el sol del mediodía,
por tus ojos del color de la miel
de las abejas zumbando al pie de la montaña,
por tu permanente gracia de mujer
que ya tuvo aquella que alegró la vida
del primer hombre, cuando hablaban,
por la serena belleza de tu voz
que llega precipitándose hasta el mar
desde lo más alto, por tus manos que ofrecen
ríos de ternura, llueve o truene,
haya sol o nube o nada,
por tu sonrisa que hace de cada día,
con sus instantes, un lugar de palmeras y agua,
y alienta a continuar el camino de la vida,
levanto mi vaso de vino y brindo
por ti y por tus sueños,
y mientras lo amarillo helado
baja por nuestras gargantas
tocan timbres a lo lejos,
turbinas se alistan, alas,
y un pacto de fuego queda sellado
en nuestras miradas.
martes, marzo 21, 2023
Relato del libro "Defensa India del Rey" por Marco Martos

Relato del libro "Defensa India del Rey" por Marco Martos

Beso esquimal
Los demás se rieron. Y Hugo, imperturbable, fue enumerando lo que necesitábamos: cordeles, anzuelos, carnadas, una canasta, un pequeño mantel para cubrir los pescados, un par de gorras, zapatillas, para no resbalarnos en el muelle, cremas para la insolación. Nos demoramos tres horas en los preparativos y salimos de la casa, escuela, silbando. Eso de «casa, escuela» parecerá algo raro, pero es la verdad. Era un inmenso local frente al malecón, con un patio en el que jugábamos todo el santo día en tiempo de verano. En el segundo piso vivía doña Sofía, la directora del colegio, con toda su familia, sus padres y cuatro hermanos, Renée, Christian, Hugo y Liliana. El papá era hijo de un vaporino holandés que llegó al puerto de Paita y que había quedado en el puerto, atraído por la vida tranquila y los bellos atardeceres. Se llamaba Max Euwe, el mismo nombre y el mismo apellido del campeón mundial de ajedrez, un célebre matemático que había sido rector en la una universidad de Amsterdam. Don Max había aprendido pintura en la Escuela de Bellas Artes de Piura y era profesor de la materia en el colegio de la ciudad.
Me encantaban los paisajes marinos que pintaba, las olas encrespadas, los colores variados de las aguas, la luna espléndida, al borde de sus telas, hundiéndose en el mar. Había inventado una máquina, una especie de cajón con sus patas que proyectaba vistas fijas sobre la pared de su casa, mientras los niños mirábamos el espectáculo en religioso silencio.
Ahí está Marsella, donde pasé una semana, ahí el Canal de Panamá, una belleza, obra del hombre, ahí Guayaquil, ahí el Callao, con sus pedrezuelas calientes, y aquí está Paita, la ciudad de la tranquilidad.
En el primer piso del colegio vivíamos nosotros, pero solamente por los tiempos del verano, íbamos desde Piura y ocupábamos las habitaciones pequeñas que quedaban cerca de la dirección. Pero teníamos todo lo indispensable,dormitorios, cocina, baño, y hasta un pequeño patio para colgar la ropa recién lavada. Mis hermanos y yo salíamos todos los días a caminar a orillas del mar, cerca, salvo cuando venía Hugo y entonces recorríamos todas las playas desde La Punta hasta Pueblo Nuevo, recogiendo caracoles, estrellas de mar, cangrejos disecados, objetos de metal. Regresábamos
cansados, quemados por el sol, hambrientos y sedientos, con pocas ganas de hablar, pero nos reponíamos pronto, volvíamos por la tarde, cuando la tarde se volvía dorada por el sol y por las noches salíamos al malecón a escuchar historias de fantasmas y aparecidos que nos encantaban y a
veces nos erizaban la piel.
El día que salimos a pescar Hugo y yo, con gran rapidez llegamos al muelle de madera que conduce a la glorieta, y vimos que los muchachos abajo, en la parte de la playa que ya entra al mar, molestaban a las muchachas que como nosotros querían disfrutar de la brisa del mar o mirar a los
aficionados a la pesca o pescar ellas mismas con sus finos aparejos. Sentíamos que subían unos gritos, «rojo», «blanco», y las chicas se ponían rojas, disimuladamente corrían y llegaban a la glorieta y ahí recuperaban la calma y se reían satisfechas, serenas, felices.
—No hay que hablar mucho —dijo Hugo—. Mientras se pesca no hay que hablar, los buenos pescadores son silenciosos.
Nos callamos mientras el sol subía a la mitad del cielo, mirando las gaviotas, los piqueros a lo lejos, las olas del mar.
Y súbito ocurrió lo que esperábamos, sentí un tirón, jalé el cordel como me había enseñado Hugo, y saqué, orgulloso al pez. Era un pequeño tollo que se quedó aleteando en la canasta, cada vez menos rápido. Y Hugo exclamó:
—Nada hacemos con un pescado tan chico, no sirve para hacer cebiche, devolvámoslo al mar.
El rostro se me iluminó, tal vez sentí piedad por el tollo.
—Sí —respondí—. Arrojémoslo al mar.
Y el tollo desapareció en la profundidad de las aguas. Todavía pasamos dos horas intentando en vano pescar. Regresamos con las manos vacías y contamos nuestra aventura. Mi mamá me miraba en silencio y mis hermanos, Martha y Manuel, estaban calladitos, no quería perderse una palabra. Y de pronto Liliana dijo:
—¿Quién les va a creer? Son ustedes unos mentirosos. Hugo se rio. Pero yo me puse triste y compungido y traté de aparentar normalidad. Al día siguiente nos fuimos de paseo a Pueblo Nuevo. La caminata era larga e íbamos distraídos, tratando de divertir a mis hermanos pequeños. Dejamos
atrás el muelle que llaman El Toril, porque allí embarcan las reses, por ese camino donde apilan en sacos el guano seco que mezcla sus olores fuertes con la brisa del mar, pasamos delante de las casas de los pescadores que tenían en sus corrales cerdos y gallinas, y perros en sus puertas que arrufaban sus dientes o movían la cola, o ladraban por cumplir. Llegar a la playa fue una felicidad. Mis hermanos se fueron a jugar a la orilla, ya con sus ropas de baño, mientras Hugo y yo, nos quedamos con el pantalón de baño y la camisa. Liliana, sonriente, no sabía si irse al mar o quedarse a escuchar lo que hablábamos. Hugo comentó:
—Mi papá es pariente de Max Euwe, pero no sabe jugar ajedrez. Y a mí me encanta.
Y sacó de su morral un tablero y me invitó a jugar. A mí no me gustó la situación porque estaba seguro de ganarle. Pero jugar fue lo único que me quedó. Me incomodaba que Liliana viera como le ganaba a su hermano y traté de demorar lo más que pude la partida, ahí bajo el sol. Cuando Hugo
se quedaba pensando, yo miraba furtivamente a Liliana, admiraba la perfección de sus formas, su expresión delicada, sus ojos de miel. En un momento vi que ella también me observaba y traté de disimular. De pronto escuchamos un grito. Mi hermano Manuel se estaba ahogando. Hugo salió disparado, con camisa y todo, entró resuelto en el mar y salió cargando al pequeño asustado, que había tragado agua y se había quedado con los ojos azorados. Nos olvidamos del ajedrez, recogimos nuestros bártulos y regresamos a casa, algo asustados y sin saber bien qué contar. Pero lo dijimos
todo, atropellándonos. Y mi madre dijo:
—No volverán a ir solos a esa playa peligrosa, con tantas corrientes. Por la tarde salí al patio. Apareció Liliana, me tomó de la mano, me llevó detrás de una sábana tendida y frotó mi nariz con su nariz.
— ¿Qué es esto? —dije.
—Un beso esquimal.
No supe qué hacer.
Relato del libro "Defensa India del Rey", que está en librerías.
sábado, marzo 11, 2023
Buga , del libro Defensa india del rey Lima, 2022 de Marco Martos Carrera
Día a día, Armando preparaba su impecable uniforme blanco, camisa, pantalón, zapatos, medias, todo del mismo color, caminaba unas cuantas cuadras y, respetando cuidadosamente las albas líneas en las esquinas, junto a semáforos, cruzaba calles y plazas y sin tomar el metro o algún bus, llegaba sin agitarse a su centro laboral. Los días sábados en una enorme bolsa acomodaba sus prendas de vestir usadas en el trajín semanal, bajaba por el ascensor de su pequeño edificio, saludaba a la vecina, su propia hermana, y se dirigía a la lavandería cercana que era regentada por un ciudadano chino, natural de Cantón, que llevaba treinta años viviendo en los Estados Unidos, viudo, con hijos desparramados en todo el continente americano.
Mientras Armando entregaba sus ropas y recogía otras prendas, conversaba con el chino sobre el tiempo o la política o sobre la belleza de las muchachas que, raudas, entraban o salían del establecimiento. Un día el barrio se alteró por una noticia tremebunda, no hubo persona que no se enterase de lo ocurrido. En el mismo edificio donde vivía Armando, una familia latinoamericana, padre, madre, tres hijos pequeños, había sido asesinada. Los adultos desaparecidos, los dos esposos, llevaban una vida apacible, tenían trabajos normales y, aparentemente no había razones para tal crimen, ni las más socorridas, drogas, contrabando, ni las más escondidas, los asuntos llamados pasionales.
Pasada una semana, siguiendo el ritual sabatino, Armando apareció cargado de sus uniformes en la lavandería en momentos en que una mujer argentina, en un inglés chapurreado, trataba de hacerse entender por el ciudadano cantonés, sin lograrlo plenamente. De la forma más cortés, en su español impecable, Armando se enteró de lo que quería la dama, un lavado en seco de una estola, y se lo trasmitió al chino que, perplejo, hizo un movimiento de cabeza entendiendo por fin aquello tan obvio.
Apenas se fue la dama el dueño de lavandería quiso saber por qué Harold sabía tan bien el español. " I am from Colombia" dijo el enfermero y de inmediato el chino se desmayó. Acudieron varios clientes y empleados diligentes, y alguien tuvo la ocurrencia de llamar a una ambulancia. Los paramédicos sacaron al enfermo y se llevaron rápidamente a la clínica. A lo único que atinó Armando fue a ir donde su hermana a contarle el episodio.
-Nunca digas que eres de Colombia.
-Pero si soy colombiano, ¿qué puedo decir?
- I am from Buga. Y no estarás mintiendo. Repite conmigo: I am from Buga, I am from Buga.
Por la noche, el enfermero fue a su lugar de trabajo y se volvió a encontrar con el chino que se reponía en la sala de cuidados intensivos y hasta sonreía débilmente a quienes lo rodeaban. El oriental lo reconoció de inmediato, puso los ojos en blanco y antes de morir de un ataque al corazón, como consta en el certificado médico, le dijo a Armando: -You are from Colombia.
De mi libro Defensa india del rey Lima, 2022
lunes, febrero 06, 2023
Eureka por Marco Martos
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Eureka por Marco Martos
Eureka por Marco Martos
viernes, enero 27, 2023
Rosa Carrera por Marco Martos
jueves, enero 19, 2023
En el puente de las vacilaciones al borde de una mañana eterna : Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
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Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
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En el puente de las vacilaciones al borde de una mañana eterna
Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu. (1923) por Marco Martos
A lo lejos, es conmovedor el puente de madera,
suspendido sobre la curva del río.
Parece un adorno inextricable
entre las dos riberas. Algo amarillo hecho
como un lazo entre lo verde de los árboles.
Sólo llegando a pisar sus tablones
se percibe el deterioro como marca de guerra
y oscuro sello del tiempo:
diminutas incisiones, quemaduras,
picaduras de viruela de un cuerpo desesperado
o heridas a tajo hechas por un rápido cuchillo.
¿Está viva o muerta la madera o acaso está
agonizando por encima del agua? Nadie lo sabe.
A nadie le importa mientras sirva.
La llaman, según dicen,
el puente de las vacilaciones.
Avanzan los hombres hasta la mitad del río
y dudan entre irse al barrio del placer
o regresar a cumplir con sus deberes conyugales.
Eso ocurre cuando la noche toma su nombre.
Me gusta venir a la hora del ocaso,
cuando el sol tiñe de rosa
las copas de los árboles. Cada vez
me sorprende esta belleza natural
que el hombre no ha dañado con el puente
de madera. Pero hoy vi a una muchacha
en un momento diferente:
con la cara lavada bajo el sol de la mañana,
radiante, como si el tiempo no existiera
o fuera un presente eterno, cruzando
el puente de las vacilaciones,
tan resplandeciente como la madera del primer día,
como un árbol caminando y ofreciendo sombra
a todos los hombres.
Me quedé confuso, contemplé el agua largo rato,
horas de horas, y me hice extrañas preguntas
sobre el objeto de la vida
hasta que llegaron los viandantes
con sus perplejidades, tal fantasmas bailarines
a la luz de la luna llena.
Me pareció entonces eterno el puente,
y sin heridas. Un Dios otorgando serenidad
a los alucinados de este remoto lugar del mundo.
miércoles, noviembre 09, 2022
La libertad según Rosa de Luxemburgo por Marco Martos

La libertad según Rosa de Luxemburgo por Marco Martos

La libertad según Rosa de Luxemburgo por Marco Martos
martes, agosto 16, 2022
¿Por quién doblan las campanas? dedicado a la gran actriz Katina Paxinú por Marco Martos
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| ¿Por quién doblan las campanas? dedicado a la gran actriz Katina Paxinú por Marco Martos |
Grecia en el corazón
¿Por quién doblan las campanas? dedicado a la gran actriz Katina Paxinú por Marco Martos
viernes, junio 24, 2022
La poesía de Elvira Ordóñez en la tradición literaria del Perú por Marco Martos
Sabido es que, a lo largo de la historia, la escritura de poesía ha sido cuestión de varones. Las mujeres destacadas, desde Safo hasta Olga Orozco, son siempre una importante minoría. Esta situación empieza a cambiar, sobre a partir siglo XX, y hay una legión de mujeres dedicadas a la lírica.
En el caso peruano, la poesía escrita por mujeres aparece tempranamente. Baste recordar el Discurso en loor a la poesía de Clorinda o la Epístola de Amariils a Belardo, primera expresión hispanoamericana de la poesía escrita por mujeres. La mujer habla de su propia condición. La poeta deja de ser la dama que recibe los elogios del varón y se transforma en un ser humano dialogante en su propia escritura. En ese sentido, la anónima Amarilis merece un lugar destacado en la literatura castellana, hermanada por el lenguaje y por la actitud ante la vida con Juana Inés de la Cruz y Teresa de Ávila.
Durante el siglo XIX, prácticamente no existen poetas peruanas de calidad. Las pocas que destacan en literatura están dedicadas a la narrativa o al ensayo. Ciertamente no es casual que Peregrinaciones de una paria, libro publicado inicialmente en francés por Flora Tristán en 1838, describa y censure abiertamente la exacción de los hombres hacia las mujeres.
En el Perú del siglo XX, Magda Portal es una adelantada, un símbolo de la lucha de las mujeres en el terreno político, en el desarrollo de sus capacidades intelectuales y afectivas, en el reclamo permanente, más allá de toda moda o capilla de la igualdad entre la mujer y el hombre. Dejando de lado la prosa política y los textos de ficción, la extensa e intensa obra de creación poética de Magda Portal es un reconcentrado testimonio de dignidad humana y de aspiración a la justicia social. Como su antecesora Amarilis, pero con una intensidad y una fuerza nueva, propia de los tiempos que corren. Magda Portal vuelve a la mujer un polo activo de la relación amorosa. Hay otros aspectos de su producción que conviene destacar. En primer lugar, la camaradería, el compañerismo con todo aquel que sufre persecución e injusticia. En el terreno literario y en el de las ideas puede decirse que hay una actitud que viene de Vallejo o de una ética de raíz cristiana y marxista. Su poesía está recostada sobre el sufrimiento y sobre la historia y está escrita en su mayor proporción en un lenguaje asequible y popular, que elude sin embargo los riesgos de lo argótico empobrecedor.
Sin duda alguna, Blanca Varela es una de las mejores exponentes en la poesía latinoamericana de que las mujeres pueden alcanzar las mismas altas cotas que los mejores varones. Su poesía se ha incorporado ya al canon de la poesía latinoamericana. Nacida en 1926, publicó su primer libro “Ese puerto existe”; en 1972 con “Valses y otras falsas confesiones” se instaló definitivamente entre los mejores cultores de la poesía en el Perú. Dueña de una formación literaria excepcional, muestra en lo que escribe un gran conocimiento de la tradición literaria del siglo XIX y XX. Distingue muy bien los sentimientos del individuo que escribe de lo que aparece pergeñado en el poema. Tiene un cierto distanciamiento de lo narra en el poema. Un poema suyo, es como lo dice el título escogido en 1972, una falsa confesión, una construcción literaria de un sujeto inventado que dice, sin embargo, a través de ejemplos particulares, verdades universales.
La dilatada obra poética de Cecilia Bustamante ha merecido, aquí y allá atención de los críticos y palabras elogiosas de la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou. Se pueden distinguir por lo menos dos líneas en su escritura. Una de ellas, la más antigua marcada por el asombro frente al mundo natural y por un escepticismo resuelto a veces con amargura frente a los actos humanos La otra forma de poetizar, estilísticamente más bronca y enfática, expresa con profunda ironía la situación de la mujer en América Latina sin que se trate necesariamente de una literatura combativa o panfletaria.
La poesía de Elvira Ordóñez (1934), límpida y profunda, se ha ido convirtiendo, en una lectura de culto, como ocurre con la prosa de Luis Loayza y de Antonio Gálvez Ronceros. Conocida por los amantes de la lírica, no ha llegado a esa inmensa minoría selecta de la que hablaba Juan Ramón Jiménez. Sin embargo, hasta los intonsos lectores que se deleitan con los versos, si toman un contacto súbito con esta magnífica poesía, quedan sorprendidos porque la poeta con una suave dicción, ese musitar las palabras lejos de toda estridencia que estuvo un poco de moda en la década del cincuenta del pasado siglo XX, va diciendo verdades de a puño que conciernen a toda la especie humana. Nos habla de la soledad del individuo, de la necesidad de luchar que tiene la mujer, en una sociedad donde predomina el patriarcado. Nos expone su punto de vista sobre los afectos, la amistad, la intensidad de los sentimientos solidarios.
Si las poetas mencionadas supra, Portal, Varela, Bustamante, se caracterizan porque paralelamente a su quehacer literario tuvieron alguna práctica política, e intervinieron de un modo u otro en la vida ciudadana, Ordóñez, a su lado, luce soledosa, una mujer que cuenta con la escritura que es su único hilo de vínculo con la sociedad. Lo sorprendente y no habitual, salvo en contados casos en la literatura universal, es que la poesía de Ordóñez, desde sus primeros libros, nace madura, como ocurre con el poeta español Jorge Guillén. Sin duda alguna, ella, como todos los que escriben, tuvo una fase de aprendizaje, pero lo que muestra, desde sus primeros versos, es una poesía trabajada con la dedicación de un orfebre, sin caídas en el ritmo, con palabra límpidas, con un vocabulario escogido pero no rebuscado, que va envolviendo al lector, ganándolo para su bandería, convenciéndolo de la solvencia de sus puntos de vista.
Cuando un escritor tiene calidad, podemos empezar leyendo cualquier página. De todas maneras, el embrujo de las formas precisas, lo bien dicho de los mensajes, lo ajustado del discurso, muestran no un reflejo de la realidad, como podrían decir aquellos que solo leen a Aristóteles, sino la construcción de una nueva realidad maravillosa nacida de las palabras del estro del poeta. Y en los poemas de los primeros tiempos de estos escritores excepcionales, está ya el universo total que desarrollaran en sus detalles. Veamos un texto que podemos verlo como una poética, un punto de vista sobre la escritura, y también sobre la vida.
I
¿A quién recurrir? Ni a los ángeles ni a los hombres.
Rainer Maria Rilke
Si no detengo el precipitado cielo con mis brazos
si no me bebo el mar antes de que me ahogue
si no atemorizo al frío con mi desnudez
y no me acerco al sol como si fuésemos iguales:
estoy perdida.
La realidad del ser es su unidad de isla
su contorno sin mezcla.
Solo está el hombre con su sombra muda
golpeando con sus puños la noche indomable
masticando sus dientes con pobreza
transfigurando en astros su sangre alucinada
más allá del instinto conservando
el legítimo horror de su materia.
¡Solo está el hombre,
si sola no me salvo estoy perdida!
De “La palabra y su fuego”.
Empezaremos por la cita de Rainer María Rilke, el gran poeta checo que escribió en alemán y que está considerado un heredero de la poesía simbolista, un practicante de la poesía llamada pura, lo que ahora tiene menos sentido, pues no existe poeta que viva en la torre de marfil, ni siquiera el propio Rilke, pues toda poesía se mezcla con todo lo humano. Rilke, sí, es un poeta fino, dueño de una escritura ejemplar, que medita sobre los hechos humanos buscando siempre la trascendencia. Escoger una cita de él, como lo hace Elvira Ordóñez, de un modo simbólico, significa asociarse a eso que dice el poeta checo. ¿Y qué es lo que dice? Esa pregunta ¿a quién recurrir? en si misma muestra una situación anterior que no está dicha en el texto pero que se puede conjeturar o directamente adivinar. Decimos eso, a quién recurrir, en una situación de apuro o de extrema necesidad. Si leemos todo el poema y volvemos a la cita de Rilke, puede decirse que el clave de todo el poema: la soledad del individuo, hombre o mujer. Una de los obras que garantiza la vigencia de Rilke en los lectores de hogaño es el conjunto de cartas que dirigió a un poeta que se iniciaba. Conocido como “Cartas a un joven poeta” ese libro tiene vigencia hoy día para muchos que se inician en el arte de la escritura. Rilke considera el status de los géneros y les dice a los principiantes que si tienen algo que decir y lo pueden expresar en una carta, o en un artículo, o en un cuento, que lo hagan en ese medio expresivo, y que si no encuentran el vehículo adecuado, entonces pueden decirlo en poesía. Dicho de otro modo, la poesía es el modo de expresión de lo íntimo, de lo más personal.
En el poema de Elvira Ordóñez que analizamos la primera estrofa plantea situaciones extremas, imposibles de realizar en la vida cotidiana: beberse toda el agua del mar, atemorizar al frío con su desnudez, acercarse al sol, como si fuesen iguales. Conclusión: solo planteándose situaciones inimaginables, una mujer de estos tiempos, puede salir adelante. Sin entrar al terreno directamente político, Ordóñez es en el Perú una adelantada de los reclamos de la mujer para terminar con el mundo patriarcal que empieza a tambalearse desde los años setenta del pasado siglo, con la difusión de las ideas de Simone de Beauvoir en su libro “El segundo sexo” y, sobre todo, por la creciente participación femenina en la vida diaria: universidades, oficinas, negocios, ministerios. Es una larga marcha, con muchos avances y algunos retrocesos. Cincuenta años más tarde, las mujeres puedes exhibir resultados. Y en el campo literario Elvira Ordóñez, desde la poesía, aparece como una clarividente.
El primer dístico del poema:
La realidad del ser es su unidad de isla
su contorno sin mezcla
es de una extremada originalidad y aparte a la poeta de los decires de otras escritoras y de la propia práctica feminista de hogaño: los seres humanos nacemos solos y permanecemos como islas a lo largo de toda nuestra vida. Es lo que dice Ordóñez y nos pone frente a un asunto capital de la humanidad. Los individuos tenemos necesidad de los otros desde que nacemos. La vida, apartada de los demás, es casi inimaginable: desde que nacemos queremos volver al seno materno. Nacer es ser expulsado de un paraíso y nuestra madre es el símbolo de lo perdido y deseado. Pero es señal de maduración apartarse de la madre, mezclarse con el mundo. Son raras las personas que pueden vivir totalmente apartados de los demás: anacoretas, monjes budistas o cristianos, solitarios en las grandes ciudades. Necesitamos de los demás, anhelamos su aprobación, al mismo tiempo conocemos de las rivalidades y las envidias en los ambientes que frecuentamos. Entonces surge el movimiento contrario: estar como islas entre los demás, que es lo que propugna la poeta en sus versos rotundos.
En la estrofa siguiente:
Solo está el hombre con su sombra muda
golpeando con sus puños la noche indomable
masticando sus dientes con pobreza
transfigurando en astros su sangre alucinada
más allá del instinto conservando
el legítimo horror de su materia
la poeta profundiza en el tema de la soledad del individuo que tiene una sombra muda, que lucha contra la noche indomable, que conoce la pobreza y que a pesar de la pobreza, se relaciona con los astros, es decir tiene apetencias metafísicas y conoce al mismo tiempo su finitud, su pequeñez, pues tiene el legítimo horror de su materia.
En el último dístico la poeta escribe:
¡Solo está el hombre
si sola no me salvo estoy perdida!
Estos versos son un magnífico remate del poema. Se vuelve a remarcar la soledad de los individuos que no pueden esperar anda de los otros. En la última línea aparece el lema que ha guiado a la poeta toda la vida: basarse en los propios esfuerzos para sobrevivir en un mundo hostil.
El análisis de este poema emblemático puede servir de clave para interpretar todo el conjunto de la poesía de Elvira Ordóñez que ahora en cierto modo se pone en manos de nuevos lectores que garantizarán con sus análisis y comentarios, artículos, libros o tesis, la permanencia de la poeta en el canon de la poesía peruana más exigente. Agradezco a José Carlos Alvariño Ordóñez, hijo de la poeta, quien me ha permitido participar de forma muy activa en la preparación de este libro y a la editorial Peisa que dirige Germán Coronado, por editar y difundir esta poesía excepcional.
Lima, 22 de junio de 2022
Marco Martos Carrera
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lunes, mayo 16, 2022
Marco Martos Llegar a Praga
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"La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro... Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro." Octavio Paz.
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Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎🀄⛩️
Con tinta tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china : Forma parte de la exhibición digital Con tinta c̵h̵i̵n̵a̵ tusán: 26 escritores peruanos de ascendencia china, que se realizó en el marco del proyecto "Visibilización de la comunidad peruano china a través de la difusión de la producción literaria de autores tusanes" Proyecto beneficiario de los Estímulos Económicos para la Cultura 2022. Concurso Nacional de Proyectos para la Promoción de Libros y Autores Peruanos en Medios Digitales del Ministerio de Cultura del Perú, cuyo lanzamiento oficial fue un evento coorganizado por el Centro Cultural Digital Tusanaje-秘从中来, la biblioteca digital IdenTusanes y el Programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima.





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