13 de octubre de 1819.
Mi queridísima niña:
Me he puesto a pasar en limpio algunos versos, pero no me da ningún
gusto trabajar. Tengo que escribirte una o dos líneas y ver si eso me
ayuda a alejarte de mi espiritu aunque sea por
unos instantes, no puedo existir sin ti. Todo lo olvido salvo la idea de
volver a verte. Mi vida parece detenerse ahi: más allá no veo nada. Me
has absorbido. En este mismo momento tengo la sensación de estar
disolviéndome...Si no tuviera la esperanza de verte pronto me sentiría
en el colmo de la desdicha. Tendría miedo de separarme, de estar
demasiado lejos de ti. Mi dulce Fanny, no cambiará nunca tu corazón?,
Amor mío, no cambiarás? Alguna vez me asombró que los hombres pudieran
ir al martirio por su religión. Temblaba de pensarlo. Ahora ya no
tiemblo; podría ir al martirio por mi religión- El amor es mi religión-,
y podría morir por él....Me has cautivado con un poder que soy incapaz
de resistir; y sin embargo lo era hasta que te ví; y desde que te he
visto me he esforzado a menudo en razonar contra las razones de mi amor.
Ya no puedo hacerlo, el dolor sería demasiado grande. Mi amor es
egoísta. No puedo respirar sin ti....
..........................
Mi más querida muchacha,
He dado una caminata esta mañana con un libro en la mano, pero como es
habitual he estado ocupado sólo contigo: Desearía que poder decirlo de
una manera agradable. Estoy atormentado día y noche. Hablan de mi ida a
Italia. Seguro nunca me recuperaré si debo estar tanto tiempo separado
de tí: y aún con toda esta devoción hacia tí no puedo persuadirme a
ninguna confidencia....
Eres para mí un objeto intensamente deseable, el aire que respiro en un cuarto vacío de tí es malsano.
John Keats fue uno de los principales poetas británicos del
movimiento romántico. A la muerte de su hermano se fue a vivir a casa de
su amigo Brown. Allí conoció a Fanny Brawne, quién había estado
viviendo en la casa de Brown con su madre, y se enamoró de ella. La
correspondencia entre ambos escandalizó a la sociedad victoriana.